Por Nicolás Maggi
“Hay casos que dan pena, como parejas de ancianos que vienen de la mano a vender las alianzas para poder comer”, cuenta Daniel Fasano, tradicional joyero rosarino.
La costumbre indica que lo último que se venden son las joyas de la abuela. Y la crisis económica está provocando que cada vez más rosarinos empeñen su oro para subsistir. Ancianos que venden alianzas para pagar deudas, jóvenes que se desprenden de alhajas heredadas para convertirlas en efectivo o personas enfermas que no pueden costear sus tratamientos, son algunas postales grises de un mercado que muchas veces le saca la soga del cuello a los habitantes de Rosario.
Daniel Fasano (68), de Fasano Joyeros (Maipú 938), admite que en los últimos tiempos se vio un incremento de las personas que se acercan a vender sus joyas, aunque ya cada vez queda menos oro en manos de las familias rosarinas, porque el mercado y la demanda interna se achicaron. "Hay casos que dan muchísima pena, como parejas de ancianos que vienen tomados de la mano a vender las alianzas para poder comer", cuenta con pesar. El caso testigo es de un matrimonio de unos 70 años de edad, que vende el par de anillos de bodas de 6 gramos de oro por 15 mil pesos. "Cuando veo estas situaciones, yo quito mi ganancia, porque me da mucha pena", confiesa.
También hay personas que venden joyas heredadas para hacer un viaje, arreglar su hogar o cambiar el auto. Pero sin dudas los más desesperantes son las situaciones de los que se deshacen de joyas para pagar tratamientos de salud que no les cubren las prepagas u obras sociales, porque el oro es un producto que se convierte rápido en efectivo. "Acá tenés que ser joyero y psicólogo", confiesa Fasano desde el mostrador. Y agrega otra anécdota desafortunada, la de un joven de 40 años que vendió sus alianzas para pagar una multa de alcoholemia positiva.
Hace 40 años que Daniel comenzó a trabajar en la joyería, que es un negocio familiar desde que se fundó en 1937. "Cuando comencé se vendía muchísimo oro, antes de las fiestas o fechas comerciales toda la familia tenía que atender el mostrador. Entraba tanta gente que le pagábamos a una persona sólo para que ordene la fila afuera", grafica.
Pero hoy, el joyero dice que la situación "es peor que en 2001". Primero por la cuestión de la seguridad: "Todos los días te jugás la vida en el local". Y porque cree que desde el menemismo a esta parte, comenzó un proceso de desprendimiento de oro que luego nunca se detuvo: "Hoy la gente vende un 30 por ciento más, pero tiene un 80 por ciento menos de oro".
Además, asegura que ya nadie compra el metal para invertir. "La mayoría vende lo que llamamos chafalonía, cosas que se funden para volver a hacer piezas. Si es algo muy trabajado, con piedras por ejemplo, se vende en Europa, donde son amantes de las cosas antiguas", relata.
"El oro se compró siempre. Es como el dólar pero más fuerte. Hay países que en contextos difíciles usan los billetes para empapelar paredes. Pero el oro es la moneda más noble. El único bien que nunca se desvaloriza", explica Fasano, aunque dice que la relación entre el precio de compra al joyero y el precio que se toma para la venta es de tres a uno: algo que compró a 15 mil pesos, se revende en 5. "El comerciante tiene que pagar impuestos y servicios, el alquiler del negocio, los empleados, y también su ganancia, claro", justifica.
El cliente, detalla, se hace cuando compra las alianzas, que hoy cotiza en unos 30 mil pesos. Luego vienen los abridores de los bebés y alguna cadenita de regalo durante el bautismo o comunión. También se usan las cadenas con dijes con forma de niño en representación de los hijos. Sin embargo, apunta que el rosarino es mucho de comprar en Capital Federal por una cuestión de status: "Pero lcobran más caro productos de igual calidad".
Daniel Leonori (64) tiene una joyería ubicada en Maipú 974 y trabaja desde los 18 años en el rubro. Dice que la gente está vendiendo sus piezas de oro, aunque "no es la locura de otras épocas, cuando la gente lo hacía plata para meterla en un plazo fijo". Apunta que hace un par de décadas, "con 2 kilos y medio de oro se compraba un departamento".
Etapas
Las generaciones pasadas, en su opinión, invertían en rubros a largo plazo, como oro y ladrillos. Las nuevas "eligen disfrutar más el momento, no piensan a futuro", agrega.
También dice que era más accesible: por los comercios y fábricas pasaba el "valijero" que exhibía las joyas y las pasaba a cobrar por mes. "Hoy no hay estabilidad para dar ese tipo de crédito. Y con la crisis, la gente lo primero que corta es lo suntuario", señala. E indica que el rubro "viene en bajada hace 10 años, con un 50 por ciento de caída" en un marco de un costo operativo alto de los comercios.
Leonori es tallerista, arregla joyas: agranda anillos, suelda cadenas que se cortaron, graba iniciales y hace compostura en general. "En la depresión económica es usual que el trabajo baje", admite. Y coincide en que hay un costado de terapeuta en el joyero: "Vienen pibes a comprar un anillo, que no saben si quieren proponer casamiento. A veces, si no lo ves seguro le decís que se lleve uno de plata con una piedra, que vale 2 mil pesos, contra 21 mil que salen dos alianzas de 18 quilates", comenta entre risas.
mesa de trabajo. La joyería, una tarea artesanal que permanece a lo largo del tiempo.
"Hay casos que dan pena, como parejas de ancianos que vienen tomadas de la mano a vender las alianzas"


