Empezaron en Alberdi y se replicaron en Belgrano, Fisherton, Echesortu o Barrio Hipotecario. En medio de cacerolazos y reclamos de "¡Que se vayan todos!", las asambleas barriales se extendieron por toda la ciudad desde los últimos días de diciembre de 2001. "Fue una época de mucha producción de imaginarios, dice Maximiliano Toni, antropólogo, docente de las facultades de Ciencia Política y de Humanidades de la Universidad Nacional de Rosario y director de Desarrollo Territorial, una oficina dependiente del área de Extensión Universitaria.
En diciembre de 2001, Toni militaba en Franja Morada, integraba la mesa de conducción nacional de la organización estudiantil radical y vivía en Buenos Aires. Pero ya sobre fin de año, había decidido dejar la militancia, volver a Rosario y terminar la carrera de antropología. El tema de su tesis estuvo muy vinculado a todo eso: fue un trabajo etnográfico sobre el proceso de construcción de identidades a partir de experiencias participativas en una asamblea barrial.
Las asambleas barriales fueron un fenómeno urbano que se constituyó como continuidad organizativa de los cacerolazos de 2001, que determinaron la renuncia del presidente Fernando de la Rúa. Llegando a febrero de 2002, en la ciudad existían 24 asambleas barriales que confluían en una reunión semanal en la plaza Sarmiento. Allí se aprobaban mociones tan variadas como tomar la delegación del Pami, realizar un escrache frente a Aguas Provinciales, participar de un cacerolazo nacional o descolgar los teléfonos entre las 12 y las 13. Todo eso en la misma semana de febrero de 2002, según lo registra una nota de La Capital.
A tono con el "Que se vayan todos", los reclamos se metían de lleno con la representación, con la legitimidad y con la forma de organizar la política. Pero también con una serie de propuestas autogestivas que aún tienen vigencia: como la organización de ferias y mercados o la recuperación de espacios públicos.
"Si uno solamente describe a esas asambleas como una forma organizativa que se proponía como sustituto de la democracia representativa, la única conclusión posible es que de esos espacios no queda nada, se terminaron. Pero cuando ve la cantidad de puestos que tienen las ferias de economía social, es claro que hay una continuidad con los primeros mercados que surgieron en las plazas, organizados por las asambleas", describe Toni.
_¿Cómo surge tu interés en las asambleas barriales?
_Para quienes veníamos de la militancia, las asambleas barriales eran un fenómeno que nos sorprendía. Yo empecé a hacer un trabajo etnográfico cuando ya estaban instaladas, tuve que reconstruir un poco la etapa de mayor movilización, pero durante dos años participé de las plenarias de las reuniones de comisión y entrevisté a muchos de los referentes de estos espacios.
_¿Describís dos momentos de las asambleas una de mayor movilización y segundo período más orientado a actividades comunitarias?
Fue todo un proceso. En las etapas de mayor movilización, de las asambleas llegaban a participar más de 100 personas, más adelante empezó un reflujo movilizador, un período diferente. Al principio existía en las discusiones un imaginario muy fuerte de la oposición entre lo nuevo y lo viejo y una apuesta fuerte a la nueva política a una idea de horizontalidad, frente al verticalismo de los partidos, y de lo abierto frente a las lógicas corporativas o cerradas atribuidas a la política.
_¿Frente a eso emergería esta nueva forma de organización ciudadana?
_Había una idea de estar en un momento de bisagra histórica. Recuerdo un momento de las discusiones donde alguien dijo que no quería que de la asamblea participen personas que tenían "la semilla de lo anterior". El concepto de los vecinos no tenía que ver con la recreación de un lazo asociativo, una idea de vecindad. El término vecino termina siendo un concepto con mucha eficacia simbólica para representar la distancia con el otro, entendido como la clase política. Vivir en el barrio no era garantía de ser vecino, hubo una concejala a quien se le hizo un escrache porque no se la quería como vecina. El vecino se define en oposición a ese otro que era la clase política.
_¿También podría pensarse que fue un fenómeno de la clase media?
_Sí, el fenómeno de las asambleas estuvo fuertemente vinculado a los sectores medios, las clases bajas estuvieron más representadas por el movimiento piquetero. Recuerdo el testimonio de uno de sus participantes hablando de las primeras asambleas. La primera persona en tomar la palabra se había presentado como arquitecto, el segundo también dijo que era arquitecto y el también tenía la misma profesión. Los tres eran arquitectos y estaban desocupados. Otra característica común que tenían los participantes de la asamblea era la pertenencia a un mismo grupo etario. La mayoría eran mayores de 30 o 40 años, no había jóvenes en las asambleas, como después sí sucedió con el kirchnerismo. Pero, insisto, lo que daba identidad a los participantes de la asamblea era la oposición con esos otros que formaban la clase política.
_Entonces, cuando el "¡Que se vayan todos!", ¿empieza a perder fuerza, comienza a mermar la participación asamblearia?
_Creo que hubo dos momentos. El primero donde se expresaba fuertemente la oposición a la clase política y otro cuando en el país se empieza a recomponer la distancia con la clase política, ya no se puede sostener tan fuertemente esa distancia y esa lejanía que se expresaba en cacerolazos y escraches. Y cuando ese lugar de otredad de la clase política se diluye, aparecen cuestiones más autogestivas. En ese momento toma fuerza una visión que pone menos la atención en pensar la retirada estatal de la clase política, y se orienta hacia prácticas comunitarias y autogestivas que tienen al barrio como contexto. Y aparece toda una discusión sobre la participación o no en los espacios del presupuesto participativo, que se empezaba a poner en marcha, o la organización de ferias en los espacios públicos.
_En este sentido, se pueden pensar algunas continuidades de esas asambleas...
_Fue una época de mucha producción de imaginiarios. Muchas de esas discusiones las retoma después el kirchnerismo cuando a nivel discursivo se habla de la nueva política versus la vieja. Si uno solamente ve a aquellas asambleas como una forma organizativa como sustituto de la democracia representativa, la única conclusión posible de hacer es que se terminaron, pero si las considera un elemento subjetivador de muchas personas se puede decir que sirvieron como disparador de otras experiencias. Siempre que paso por los mercados de la economía social, pienso que son la continuidad de ese primer mercado de la plaza organizado por la asamblea. En este sentido, me parece que las asambleas sirvieron para pensar experiencias participativas que no impliquen la intervención de los gobiernos.