Arabia Saudí.- Creando un mar de túnicas blancas, cerca de 3 millones de
musulmanes convergieron ayer sobre el Monte Arafat -también conocido como Monte de la
Misericordia- para realizar el ritual del perdón marcando el clímax de la peregrinación anual a la
Meca.
Cánticos de “a vuestro servicio, mi Dios, a vuestro servicio”
reverberaron a través del valle mientras los peregrinos se preparaban para orar por el perdón de
Dios en el momento más espiritual de todo el peregrinaje.
Pero mientras la mayoría pasaron el día rezando y leyendo el libro sagrado del
Islam, el Corán, miles de ellos, mayormente iraníes, libaneses, iraquíes y bahrainíes, realizaron
un mitin dentro de sus carpas para censurar a Estados Unidos e Israel.
Llamada “rechazo a la ceremonia de paganos”, la protesta
antiestadounidense patrocinada por los iraníes se realiza anualmente durante la peregrinación a la
Meca, trayendo un soplo de política a lo que es, por lo contrario, un acontecimiento enteramente
religioso.
Arabia Saudí advirtió antes del inicio de la peregrinación que no toleraría
ninguna manifestación antiestadounidense, pero al parecer ésta fue permitida porque permaneció en
el interior de tiendas de campaña.
“Los peregrinos no deberían elevar ninguna consigna que no sea aquella del
Islam”, dijo el jeque Abdul Aziz al-Sheikh, gran mufti saudí.
En 1987, la manifestación contra Estados Unidos ocasionó enfrentamientos con
fuerzas saudíes de seguridad y murieron 402 peregrinos, en su mayoría iraníes.
Pero el clérigo iraní Mohammad Tabadkani señaló que el mitin era la respuesta
del Islam contra la brutalidad y opresión de Estados Unidos. Muchos iraníes quieren que durante la
peregrinación a la Meca se escuche la oposición a la guerra de Estados Unuidos en Irak y a las
políticas de Israel.
“El rechazo a la ceremonia de paganos está basada en versos del Corán. La
manifestación aquí no es contra ningún país específico, sino contra políticas de gobiernos
específicos que buscan dominar a los musulmanes o amenazarlos injustamente”, señaló
Tabadkani.
Pero muchos peregrinos no están de acuerdo, prefiriendo que la peregrinación sea
una experiencia enteramente espiritual entre e creyente y Dios.