Un ingeniero eléctrico austríaco de 73 años confesó ayer que encerró a su hija en un sótano sin ventanas durante 24 años y que tuvo con ella siete hijos, informó la policía.

Un ingeniero eléctrico austríaco de 73 años confesó ayer que encerró a su hija en un sótano sin ventanas durante 24 años y que tuvo con ella siete hijos, informó la policía.
El caso, ocurrido en un edificio de dos pisos en la pequeña ciudad industrial de Amstetten, recuerda al de la austríaca Natascha Kampusch, quien pasó ocho años encerrada en una celda sin ventanas antes de escapar en agosto de 2006.
Algunas partes del calabozo de 60 metros cuadrados donde estaba cautiva la familia no medían más de 1,70 metro de alto, y funcionarios de Amstetten dijeron que el laberinto del sótano incluso contenía una celda acolchonada.
Un crimen horroroso. "Este es un crimen horroroso. No conozco un caso comparable en Austria", dijo Franz Prucher, jefe de seguridad de la provincia de Austria Baja, en una conferencia de prensa.
Elisabeth Fritzl, de 42 años, reveló que su padre, el ingeniero Josef Fritzl, la confinó en el sótano del edificio en 1984, y la drogó y ató antes de encerrarla. Tres de los hijos, de 19, 18 y 5 años, vivieron encerrados en el sótano con ella desde que nacieron y nunca vieron la luz ni recibieron educación, dijo la policía, por lo cual se teme por su estado físico y mental. Los dos más chicos son varones, y la mayor es una niña.
Las víctimas están recibiendo tratamiento médico, dijo la policía.
Otros tres hijos —dos mujeres y un varón— fueron criados por Josef y su esposa.
Quemó un cuerpo. Además de confesar que encerró a su hija durante 24 años y que es el padre de sus siete hijos, Fritzl admitió que quemó en el sistema de calefacción el cuerpo del séptimo hijo, quien murió poco después de nacer, dijo Franz Polzer, jefe de la unidad de investigaciones criminales de la provincia de Austria Baja.
Los investigadores pasaron el día analizando las celdas donde estuvieron cautivas las víctimas. Expertos forenses en uniformes y guantes blancos se llevaron cajas con evidencias de la casa, que está ubicada en una calle céntrica con negocios.
Un autoritario. Fritzl, a quien la policía describió como "dinámico, mandón y autoritario", había escondido la entrada de la celda con estantes y sólo él conocía el código secreto para abrir la puerta de hormigón, dijeron funcionarios.
Algunas fotos mostraron el estrecho pasadizo que conducía a las habitaciones, que tenían un área para cocinar con una pared llena de dibujos de niños, un área para dormir y un pequeño baño con ducha.
Para las víctimas, las únicas fuentes de información del mundo exterior eran un televisor y una radio.
Amstetten, ubicada unos 130 kilómetros al oeste de Viena, es una pequeña ciudad industrial de unos 22 mil habitantes.
El caso se destapó cuando la joven de 19 años enfermó gravemente y tuvo que ser hospitalizada, por lo cual los médicos solicitaron la presencia de la madre, que se creía que estaba desaparecida, para que aportara más detalles sobre el historial médico.
Fritzl sacó entonces a Elisabeth y a sus otros dos hijos del sótano y le dijo a su mujer que su hija "desaparecida" había decidido volver a casa, dijo la policía.
Elisabeth accedió a hacer una "declaración general" dando detalles de su experiencia a la policía tras asegurársele que no tendría más contacto con su padre, que dijo abusó de ella desde los 11 años.
Mientras, decenas de personas y numerosos periodistas se acercaron ayer a la casa gris de la calle Ypps, en cuyo sótano Elisabeth sufrió durante 24 años los abusos sexuales de su padre. "Deberían castrarlo y ahorcarlo en la plaza mayor", dijo indignado uno de los transeúntes. l (Reuters, DPA y Télam)
Josef Fritzl confesó ayer que confinó en un sótano a Elisabeth, a quien drogó, ató y abusó

