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Simpático y polémico, el Pato Donald cumple hoy 75 años

El Pato Donald, ese  particular personaje creado por Walt Disney, cumple hoy 75  años de existencia, en los que marcó las infancias de varias  generaciones.

Martes 09 de Junio de 2009

El Pato Donald, ese  particular personaje creado por Walt Disney, cumple hoy 75  años de existencia, en los que marcó las infancias de varias  generaciones.

“The Wise Little Hen” (“La pequeña gallinita sabia”, como se  conoció en la Argentina) era un corto sonoro de ocho minutos que  se estrenó en los Estados Unidos el 9 de junio de 1934, ya con  Clarence Nash (1904-85) dándole voz al Pato, como sucedió durante  medio siglo.

Estrella de una simpatía inigualable dentro de la galería de  bichos antropomorfizados del creador de “Fantasía”, por esas  cuestiones de penetración cultural, Donald cautivó el alma de  infinidad de chicos argentinos y de otros parajes.

Tanto fue el amor que el odio no se hizo esperar: Ariel  Dorfman y Armand Mattelart editaron en los tempranos 70 “Para leer  al Pato Donald”, un ensayo acerca de cómo el personaje había  empapado de estulticia y mala intención al mundo, hincando sus  garras en lo más tenebroso del Imperio.

Es cierto, papá Disney había sido siempre un empresario cruel  con sus propios colaboradores, anticomunista visceral y paranoico  famoso, pero para los niños era el inocente Tío Walt con bigotes  muy años 50, como aparecía en un retrato del cine Los Angeles.

Siempre malhumorado en su lucha contra los elementos, el Pato  Donald parece la personificación dibujada del norteamericano  medio, bondadoso en el fondo pero increíblemente iracundo, rústico  y de mala suerte a toda prueba.

Con la blanca cola al aire, suele ataviarse con una chaqueta  marinera azul con el correspondiente gorrito, mientras anda  descalzo con su patas anaranjadas. Quien usa zapatos es su eterna  novia Daisy.

El personaje apareció en numerosas películas como  protagonista, tuvo sus apariciones estelares en castellano en  revistas de la editorial mexicana SEA, a veces con sus enigmáticos  tres sobrinos -¿hijos de quién?- y popularizó el fatídico 313 como  matrícula de su automóvil.

En “La pequeña gallinita sabia”, Donald tenía un papel  secundario, pero su fama en todo el mundo fue imparable. Pasó de  ser secundario del Ratón Mickey y gracias al dibujante Carl Barks  -a quien Disney intentaba dejar en la sombra- adquirió su fama  global.

A su alrededor funcionaba un mundo propio: además de su novia  y sus sobrinos, hubo un personaje esencial, Rico McPato en la  versión castellana, un proto Sr.Burns, lujuriosamente revolcado en  una pila de monedas de oro y seguro referente de lo que a Donald  le hubiera gustado ser.

Durante la II Guerra Mundial Donald tuvo un período de  esplendor como elemento propagandístico ideal para alentar a las  tropas en el frente y a sus lejanos familiares.

En 1943, protagoniza una especie de filme-pesadilla, “The  Fuehrer's Face” (La cara del Führer), en el que al levantarse  saluda brazo en alto a los retratos de Hitler y Mussolini y luego  debe armar granadas durante dos días seguidos para la mayor  grandeza de la Alemania nazi.

Antes de volverse loco hace un saludo con las plumas de la  cola, pero de inmediato despierta emocionado en su lecho del  “mundo libre”. También Charles Chaplin hizo propaganda con “El  gran dictador” (1940).

Aquella actuación le valió un Oscar y, varios años después,  una estrella en el Paseo de la Fama hollywoodense.

Después de la guerra tornó a ser un estadounidense normal, en  el que debe volver a soportar a sus sobrinos Huguito, Paquito y  Luisito y a ser molestado por las ardillas Chip y Dale, al tiempo  que se transforma en un conductor demoníaco cuando está al  volante.

Con los años sus películas han dejado de aparecer en las  pantallas de cine y TV, acorraladas por otras animaciones de  carácter más actual como “Los Simpson” y “South Park”, pero su  imagen -ligada a muchas infancias- debe seguir latiendo en muchos  corazones. (Télam)
 

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