La Autoridad de Antigüedades de Israel y Google iniciaron juntos uno de los proyectos más ambiciosos de digitalización de textos antiguos: preparar unos 30.000 fragmentos de los famosos manuscritos del Mar Muerto para su difusión en internet. De esta manera, algunos textos, que llevan el nombre de Rollos de Qumrán por el lugar en que fueron hallados, estarán al alcance de todos. Afirman que las copias serán mejores que los originales que tienen 2.000 años de antigüedad.
“Son los textos bíblicos manuscritos más antiguos. Es nuestra obligación preservar estos valiosos rollos para las próximas generaciones”, dijo Pnina Schnor, directora del proyecto en el Museo Israelí en Jerusalén. Son un gigantesco rompecabezas para los lingüistas y expertos en religión, así como para arqueólogos aficionados, quienes tal vez puedan hallar nuevas interpretaciones.
Muy frágiles. Esto suena más fácil de lo que realmente es. Es que los textos escritos sobre pergamino, papiro o cuero curtido son tan sensibles que deben ser conservados en vitrinas especiales o cámaras oscuras con un estricto control de la luz, la temperatura y la humedad ambiental.
“Los rollos sólo fueron fotografiados sólo una vez hasta ahora. Fue en la década de 1950. Cada fotografía causa daño, aún cuando éste no es visible de inmediato”, explicó Schnor.
Y así nació la idea de realizar una auténtica fotocopia, para que en el futuro ya no sea necesario tocar los originales.
Para abarcar lo más posible con una única imagen, la Autoridad de Antigüedades apela a una cámara digital especial de alta resolución de la empresa estadounidense MegaVision.
“Con una fotografía captamos cada rollo en 11 longitudes de onda diferentes, por ejemplo en rojo, verde y azul. Al final en infrarrojo, que nos muestra lo que el ojo no puede ver. Esto nos ayudará en el desciframiento. Vamos a ver muchas cosas que no pudimos ver antes. Los rollos tienen 2.000 años de antigüedad. En muchos lugares son muy oscuros, en otro hay un deterioro de la tinta”, dijo Schnor.
“Es nuestra herencia. Por eso nos preguntamos, ¿por qué no la compartimos con todo el mundo? En este punto entra en juego Google”, dijo la directora del proyecto. No sólo se pondrán a disposición en Internet las 30.000 fotografías, con ayuda de Google, sino que también se subirán transcripciones, traducciones y todas las referencias literarias.
Hasta ahora, el uso científico de los fragmentos estaba limitado. Desde el otoño entrante (para el hemisferio sur), se podrá recorrer el banco de datos del museo, escoger algunos fragmentos o darles un nuevo orden como si fuera un rompecabezas.
Schnor no pudo estimar el tiempo que demorará llevar a cabo todo el proyecto, cuyo costo es de unos 3,5 millones de dólares.
Entre 1947 y 1956 se hallaron en 11 cuevas 30.000 fragmentos de 900 rollos. El más antiguo es del siglo III antes de Cristo, según Schnor, y el más nuevo de fines del siglo I después de Cristo. Lo más importante de este hallazgo es su antigüedad, que permite estudiar importantes fuentes teológicas y organizativas del judaísmo y del cristianismo. La mayoría de los manuscritos datan de entre los años 250 a. C. y 66 d. C., estando entre ellos los textos más antiguos de que se dispone en lengua hebrea del Tanaj o Antiguo Testamento bíblico.
Se cree que fueron ocultados por los esenios (una secta judía, cuyo origen se remonta al hijo adoptivo de Moisés, llamado Esén debido a las revueltas judías contra los romanos en esos años.