En Argentina, el metano que liberan las vacas al eructar supone cerca del 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero y constituye la mayor amenaza al cambio climático, informó ayer el diario español El País.

En Argentina, el metano que liberan las vacas al eructar supone cerca del 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero y constituye la mayor amenaza al cambio climático, informó ayer el diario español El País.
Constituida en una de las potencias ganaderas del mundo, donde hay más vacas que personas (54 millones de cabezas frente a 44 millones de ciudadanos), Argentina exporta la carne bovina a numerosos países a la vez que la consume en los hogares, donde por ahora se minimizan las alarmas encendidas por la contaminación de los rumiantes.
Sin embargo, según El País, las emisiones de los bovinos superan a la del parque automotor, el segundo contaminante, y, más aún, a las industriales, en retroceso por la crisis económica.
El peligro de la ganadería para el cambio climático saltó a los medios el pasado julio, cuando militantes veganos irrumpieron en la Sociedad Rural para exigir el fin de toda explotación animal. Sin embargo, la dura respuesta de los ganaderos, que los expulsaron a fustazos, y el respaldo gubernamental a un sector que en 2018 generó ingresos por más de 2.000 millones de dólares solo en exportaciones, muestran la dificultad para modificar uno de los pocos negocios que crecen en este contexto adverso.
"Argentina tiene la ganadería que tiene y gracias a eso puede generar empleo y mejorar la economía de nuestro país. Es nuestro sistema productivo y hay que respetarlo. Pero por otro lado hay también cien millones de hectáreas de pastizales naturales que absorben cualquier emisión de gas metano que se pueda dar. Lo primero, antes que hablar, hay que informarse", respondió a El País el ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, tras el cuestionamiento realizado el lunes por la adolescente Greta Thunberg a cinco naciones, entre ellos Argentina, en la cumbre climática de Naciones Unidas (ONU).
Los primeros pasos para reducir la huella ecológica de la ganadería se dieron desde la ciencia. En 2010, un equipo liderado por Guillermo Berra dio a conocer unas mochilas que capturaban los gases en el interior del aparato digestivo bovino para utilizarlos como fuente energética. Nueve años después, descartado ese proyecto por inviable, los científicos concentran sus esfuerzos en modificaciones de la dieta y gestión de los residuos.
Laura Guzmán, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), trabajó con Berra en el extinto proyecto de las vacas mochileras. Ahora, desde la provincia de San Luis ha adaptado equipos portátiles industriales que controlan las pérdidas de metano para colocarlos en el rumen de los bovinos (uno de los compartimentos de su aparato digestivo) y calcular los gases que generan. "Medimos al animal durante un mes, después se saca y se le cierra la herida", graficó Guzmán.
Para poder digerir los alimentos, las vacas los descomponen gracias al trabajo de numerosos microorganismos en el rumen. Este proceso, conocido como fermentación entérica, produce el metano que las vacas después eliminan a través de eructos y flatulencias. Su peligrosidad recae en que un kilogramo de metano liberado a la atmósfera tiene, aproximadamente, el mismo potencial de calentamiento que 25 kilogramos de CO2, por lo que los 200 gramos expulsados al día equivalen a unos cinco kilogramos en unidades de dióxido de carbono.
Según los resultados preliminares de la investigación de Guzmán, "varía de 7 por ciento a 25 por ciento" la cantidad de metano emitido. "Las dietas más concentradas, con grano, son más eficientes en la conversión que las forrajeras, que producen una mayor cantidad de metano", señala esta investigadora. Es decir, los animales criados en los establecimientos de engorde a corral (conocidos como feedlots) "emiten menos metano por cantidad de kilo de carne producida que los de ganadería extensiva".
Banira Lombardi, investigadora de la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires, pasó de trabajar con Berra a estudiar los residuos ganaderos. Coincidió en que las vacas encerradas en feedlots son más eficientes en emisiones que las que pastan por las vastas llanuras de Argentina y Uruguay, pero pidió tener en cuenta otros factores que hacen de contrapeso en la balanza. Por un lado, la retención de carbón en los suelos de los pastizales. Por el otro, los residuos. "El sistema intensivo requiere un manejo de excretas para que no se produzca contaminación de las aguas, mal olor, concentración de moscas y más contaminación atmosférica", subrayó.
Lombardi consideró que los residuos podrían aprovecharse para la generación de energía mediante biodigestores. "Casi no se hace porque la inversión es muy cara y cuesta recuperarla. Sin una regulación, los productores piensan que para qué esforzarse", concluyó.
El poder de la industria agropecuaria en Argentina, el motor económico del país, hace pensar que los cambios serán lentos y sólo se acelerarán a medida que se acerque el horizonte de 2050 y crezca la presión de la sociedad civil. "Ganaderos, basta de desmontes", "Destruir bosques es un crimen" podía leerse en las pancartas desplegadas a control remoto por Greenpeace en la inauguración de Rural. Hacían referencia al avance de la frontera agropecuaria en el norte del país, cuyas tierras deforestadas se destinan a extender la cabaña ganadera.
Interrogantes sobre la lista que dio la activista
El discurso de la sueca Greta Thunberg en la Cumbre de Acción Climática sacudió a la Argentina. La activista de 16 años denunció al país junto a Francia, Alemania, Turquía y Brasil por la violación de los derechos de los niños debido a la falta de acción en materia medioambiental.
El canciller Jorge Faurie salió inmediatamente al cruce y señaló que el país contamina muy poco en relación con las demás naciones.
¿Por qué Greta no incluyó a Estados Unidos o a China en su discurso?
Máximo Mazzocco, fundador de la ONG Eco House, dijo que “hoy en día nuestras emisiones de dióxido de carbono son muy pocas en relación” a EE.UU y China. Pero que sin embargo, el reclamo de Greta evoca a las deforestaciones de nuestros bosques así como a las inversiones proyectadas en Vaca Muerta”.
Bruno Rodríguez, quien habló y se sentó al lado de Greta en la ONU, también apoyó la iniciativa de ella. “Es una falla de todos los gobiernos en la Argentina el no tener en cuenta al medio ambiente como una cuestión de derechos humanos”, analizó. Sin embargo, dijo que Argentina tiene menos del 0,7 de impacto en el calentamiento global. Rodríguez coincidió en que Vaca Muerta es uno de los debates en la Argentina más relegados pero sí resaltó un avance, en estos últimos años, en cuanto a las energías renovables, pero no así en políticas públicas que contengan las consecuencias del cambio climático.




