El sacerdote argentino Antonio Mancuello, quien misionaba en Haití desde hace dos años y del que se desconocía el paradero tras el sismo que devastó ese país el 12 de enero último, se comunicó ayer con sus familiares.

El sacerdote argentino Antonio Mancuello, quien misionaba en Haití desde hace dos años y del que se desconocía el paradero tras el sismo que devastó ese país el 12 de enero último, se comunicó ayer con sus familiares.
Mancuello habló en las últimas horas con sus familiares luego que éstos hicieron público que no tenían noticias suyas desde una semana antes del terremoto, informaron fuentes diplomáticas.
La madre y el hermano del religioso, de 57 años, habían agotado todos los medios para saber el paradero de Mancuello hasta que éste pudo contactarse con ellos por sus propios medios.
El religioso pertenece a la orden de los franciscanos y vivía en una casa que se derrumbó por el terremoto, situada a 22 kilómetros de Puerto Príncipe.
Cadenas de oraciones se armaron desde el momento en que la familia no recibía comunicación alguna del cura argentino, quien no sólo realizaba tareas religiosas en Haití sino que estuvo en Chile, Paraguay y diversos países europeos con el mismo fin.
Repatriación. En tanto, el cuerpo del gendarme argentino muerto a causa del terremoto que azotó a Haití llegó ayer al país, donde fue recibido con una rendición de honores y muestras de dolor de familiares y amigos, para ser trasladado luego a la ciudad misionera de Misiones, donde se realizará la inhumación.
El cadáver del cabo primero Gustavo Gómez, arribó al aeroparque metropolitano Jorge Newbery a las 10.45 en un avión militar Hércules C-130, procedente de República Dominicana, que había viajado a Haití para llevar ayuda humanitaria argentina para los damnificados por el sismo.
El féretro con los restos de Gómez, de 33 años, cubierto por una bandera nacional, fue bajado de la aeronave por varios gendarmes que lo colocaron sobre dos soportes, tras lo cual se ofició una misa.
Poco después, efectuó un emotivo discurso el primer alférez Dante Ramírez, quien compartió con Gómez la primera de las dos Misiones de Paz de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que la víctima realizó en Haití.
“Tengo sentimientos encontrados: orgullo, dado mi condición de veterano de Misiones de Paz al despedir a un excelente colega, y dolor al despedir a un amigo”, resaltó Ramírez, mientras la esposa de Gómez, Patricia Borjas, escuchaba las palabras entre sollozos, con anteojos y vestido negros.
A su turno, el ministro de Justicia y Seguridad, Julio Alak, pronunció un discurso en el que destacó la trayectoria de Gómez, quien había ingresado en 1996 a la fuerza, en la que cumplió tareas en la Policía Científica y en la división Antidrogas, para especializarse luego en Misiones de Paz.
El funcionario, en ese sentido, destacó la “vocación de servicio” de la víctima y definió luego a Haití como un “polvorín centroamericano signado por antiguas dictaduras”.
“Gustavo tenía un sueño y había elegido ser un patriota del mundo costase lo que costase, porque no es nada menos la vida lo que ponen en juego los cabos que se ponen el uniforme de la Gendarmería Nacional” para integrar una Misión de Paz de la ONU, concluyó Alak. (Télam y DyN)



