Tradicionalmente, los desastres naturales han sido concebidos como un desafío logístico abordado a través de operaciones de rescate y distribución de asistencia de agua potable, abrigo y medicamentos. El problema reside en que se le ha dado poca o nula atención al impacto devastador de estos fenómenos ante el goce de los derechos humanos en todo el mundo. Solo basta con ver en el mes de junio cómo las temperaturas se dispararon en el suroeste de Estados Unidos, mientras que en el Mediterráneo, las olas de calor de julio acabaron provocando incendios forestales y forzaron la evaluación de miles de personas en la isla Griega de Rodas. Además, las olas de calor en Europa y el norte global han producido una suba de más de dos grados Celsius. En el hemisferio sur se puede citar a las inundaciones sufridas en los últimos días en La Plata como un claro ejemplo de tal desastre.


























