En la práctica, una de esas efemérides que pasan bastante desapercibidas para muchísima gente y que, a quienes nos dedicamos a esto, nos generan una mezcla incómoda de desconcierto y asombro: ¿cómo puede ser que todavía no entendamos por qué importa tanto?
Si la educación ambiental fuera un cumpleaños, probablemente tendría torta, pero pocos invitados. No por falta de ganas, sino porque todavía cuesta comprender para qué sirve, por qué es urgente y, sobre todo, qué tiene que ver con nuestra vida cotidiana. Y sin embargo, tiene que ver con todo.
¿Por qué el 26 de enero?
La fecha no es casual. El Día Mundial de la Educación Ambiental se conmemora cada 26 de enero en recuerdo de la Carta de Belgrado, un documento elaborado en 1975 durante un seminario internacional organizado por Naciones Unidas. Allí se establecieron, por primera vez, los principios, objetivos y lineamientos básicos de la educación ambiental a nivel global.
La idea era, y sigue siendo, tan simple como profundamente ambiciosa: formar personas capaces de comprender los problemas ambientales, participar activamente en su resolución y construir sociedades más justas y sostenibles. Cincuenta años después, la pregunta ya no es si la educación ambiental es importante.
La pregunta es por qué todavía tenemos que explicarlo.
Educación ambiental: más que buena voluntad
En Argentina, la educación ambiental no es solo una buena intención ni una causa simpática. Es una política pública.
Desde 2021 contamos con la Ley Nacional de Educación Ambiental Integral (Ley 27.621), que reconoce el derecho de todas las personas a recibir educación ambiental y la define como un proceso permanente, integral y transversal. La ley se apoya en la Constitución Nacional, la Ley General del Ambiente y la Ley de Educación Nacional, y establece una Estrategia Nacional de Educación Ambiental Integral para su implementación.
También existe la Ley Yolanda, que obliga a capacitar en temas ambientales a quienes se desempeñan en la función pública.
Es decir: marco normativo hay. Definiciones, también. Lo que todavía estamos aprendiendo, y bastante, es cómo lograr que todo eso se traduzca en prácticas reales, sostenidas y de calidad en escuelas, instituciones, gobiernos y territorios.
¿Y por casa cómo andamos?
Porque una cosa es que sea ley y otra muy distinta es que la educación ambiental forme parte de la experiencia cotidiana de aprender.
Hoy, gran parte de la educación ambiental que existe en Argentina sucede gracias a la convicción y el compromiso de personas concretas: docentes que empujan el tema en el aula, familias que lo reclaman, organizaciones de la sociedad civil que diseñan programas y proyectos, y funcionarios y funcionarias que deciden defenderlo incluso cuando no es fácil. Y destaco especialmente esto último, ya que es ley, es un derecho, y sin embargo docentes, familias y organizaciones sociales festejamos como si fuese el mundial cada vez que desde el Estado se impulsa una iniciativa de educación ambiental.
Algo que debería estar garantizado, muchas veces depende de voluntades individuales. No siempre hay presupuesto. No siempre hay tiempo.
No siempre hay consenso. Pero hay algo que se repite: cuando la educación ambiental sucede, deja huella.
Página 3 - Imagen para el cuerpo
¿Y por qué escribo yo sobre esto?
Porque hace diez años formo parte de Eco House Global, una organización civil sin fines de lucro dedicada a impulsar la sostenibilidad a través de programas de educación de calidad para todos los sectores de la sociedad. ¿Suena ambicioso? Sí, pero si queremos mejorar el mundo tenemos que estar todos involucrados.
Trabajamos con escuelas a través de la Red de Escuelas para el Desarrollo Sostenible, una plataforma gratuita que ofrece recursos educativos, capacitaciones, talleres presenciales y virtuales, concursos y espacios de intercambio para docentes, directivos y estudiantes de todo el país. Spoiler: este año del mundial, nuestro proyecto Copa Climática combina fútbol con educación en cambio climático.
Trabajamos con el sector público mediante la Academia Ley Yolanda, brindando módulos de capacitación a funcionarios y funcionarias.
Trabajamos con empresas, implementando planes de formación y acompañando estrategias de sostenibilidad, tanto en oficinas como en reservas naturales. Sí, educación ambiental en la naturaleza. Imbatible.
Y trabajamos con organizaciones sociales a través del Foro de Organizaciones de Educación para la Sostenibilidad, un espacio gratuito de formación e intercambio.
Lo hacemos con una convicción muy clara: la educación ambiental es una inversión a largo plazo. Probablemente, la mejor.
En estos diez años vimos de todo. Escuelas que transforman sus comunidades. Jóvenes que cambian su manera de consumir, participar e involucrarse. Empresas que entienden que la sostenibilidad no empieza en un reporte, sino en las personas. Y también frustraciones, retrocesos y contextos adversos.
Este último año, en particular, estuvo atravesado por desafíos globales y locales que pusieron a prueba a todos los sectores. Aun así, logramos sostener programas, ampliar alianzas y generar impacto concreto. Lo hicimos de la forma que mejor sabemos hacerlo: en equipo.
Educación ambiental: la raíz del problema (y de la solución)
La mayoría de los problemas ambientales que enfrentamos no son técnicos. Son culturales. Tienen que ver con cómo producimos, cómo consumimos, cómo desechamos, cómo decidimos y cómo entendemos nuestra relación con el entorno.
Por eso la educación ambiental es clave. No para dar respuestas cerradas, sino para formar pensamiento crítico. No para señalar culpables, sino para habilitar soluciones colectivas. No para hablar del futuro en abstracto, sino para transformar el presente.
Empezar una nueva década
Después de nueve años de trabajo ininterrumpido, en Eco House estamos comenzando nuestra primera década con la pasión, la convicción y la energía intactas.
Tal vez el mayor desafío de la educación ambiental no sea sumar más fechas al calendario, sino lograr que deje de ser una invitada ocasional y pase a ocupar un lugar central en cómo pensamos el desarrollo, la ciudadanía y el futuro.
Si este 26 de enero sirve para algo, ojalá sea para eso: recordar que la educación ambiental no se celebra un día. Se construye todos los días. Y que, esta vez, estemos todos invitados.
Noticias relacionadas
Milei entre el proteccionismo de Trump y el libre comercio con la Unión Europea
Argentina flexibiliza certificaciones técnicas para la importación de bienes