Mientras el presidente Javier Milei acelera para que el Congreso apruebe cuanto antes los acuerdos de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, y con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, integrada por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza), su discurso internacional parece tensarse entre dos polos difíciles de conciliar. De un lado, la promesa de convertirse en el abanderado del libre mercado global. Del otro, una cercanía política e ideológica con Donald Trump, emblema del proteccionismo y del negacionismo climático. En esa tensión se juega algo más que una definición retórica: se juega el rumbo estratégico del país.
Milei quiere que la Argentina sea la primera en ratificar estos acuerdos, y el acuerdo ya está en el temario de las sesiones extraordinarias. No es un dato menor. Implica asumir liderazgo regional, enviar señales claras al mundo y apostar a una inserción internacional que durante años estuvo bloqueada. Pero esa ambición choca con una contradicción central: Trump y Milei no hablan el mismo idioma cuando se trata de comercio y política internacional. Trump levantó muros, cuestionó acuerdos multilaterales y alteró la política de aranceles, debilitando las reglas globales. Milei y el país, en cambio, necesitan exactamente lo opuesto: apertura, previsibilidad y confianza en un sistema de reglas compartidas. Y esto se lo dan los acuerdos comerciales con Europa y la EFTA.
La distancia se vuelve aún más evidente cuando entra en juego la agenda climática. El negacionismo ambiental, que durante años encontró refugio en ciertos discursos políticos, hoy se enfrenta a una doble derrota. Por un lado, los impactos del cambio climático son cada vez más visibles y costosos, incluso para las economías que intentan ignorarlos. Por otro, el propio libre mercado está empujando una transformación productiva verde. El comercio global ya no discute solo volúmenes y aranceles: discute cómo se produce, con qué estándares y bajo qué condiciones socioambientales.
En las últimas semanas, esa tensión se trasladó también al plano discursivo. En Davos, muchos esperaban definiciones claras sobre el posicionamiento argentino frente al vínculo con la Unión Europea, el Mercosur y la relación con Estados Unidos. Sin embargo, el Presidente optó por un discurso de tono académico, más lavado y cuidadoso de su investidura presidencial, evitó fijar una postura explícita sobre la agenda ambiental y sobre cómo se compatibiliza la apertura comercial con el mundo europeo frente a una eventual alineación con Estados Unidos. Fue un mensaje distinto a otros pronunciados en ese mismo foro en años anteriores, donde Milei había explicitado posiciones más cercanas al negacionismo climático y temas de género.
Países como Alemania han señalado que nada detendrá el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, y lamentaron que la Eurocámara haya decidido llevarlo a la justicia europea, sumando un nuevo obstáculo al proceso.
Para la Argentina, esta discusión es especialmente relevante. Los acuerdos con la Unión Europea y la EFTA incluyen compromisos ambientales concretos, no son anexos simbólicos ni concesiones menores. Además, el objetivo del presidente de ingresar a la OCDE obliga a adoptar estándares ambientales que ya forman parte del consenso entre las economías que forman parte de la organización. No se puede aspirar a pertenecer a ese club y, al mismo tiempo, relativizar una de sus reglas básicas.
El pedido del Parlamento Europeo de llevar el acuerdo a la justicia puede darle al gobierno algo de tiempo. Tiempo para seguir jugando en una doble posición.
Asimismo, al presidente, sus “amigos del barrio”, le están marcando el rumbo, como lo son el presidente Peña, con su política ambiental, Paz en Bolivia con su discurso de una “Bolivia Verde” e inclusive Kast en Chile quien mantendrá en su gestión al Ministerio de Medio Ambiente al mando de Maisa Rojas.
La definición es inevitable. No se trata de elegir entre mercado o ambiente, sino de entender que hoy van de la mano. Esa discusión, incómoda pero necesaria, seguirá profundizándose en la Semana del Clima de Rosario 2026.