Bruselas.— El bombardeo de la Otán contra Serbia se prolongó durante 79
días. Más tarde, al ser preguntado sobre cuántos objetivos habían sido destruidos, el comandante en
jefe de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, el general estadounidense Wesley Clark,
contestó lacónicamente: "suficientes".
Ni siquiera diez años después de la campaña aérea contra
las fuerzas armadas serbias, que comenzó el 24 de marzo de 1999, la Otán ha facilitado cifras sobre
los objetivos destruidos. Y tampoco hay, según la Otán, cifras exactas de las víctimas civiles. Lo
único que importa es, en opinión de la alianza atlántica, que se alcanzó el objetivo político de
impedir que se llevara a cabo la "limpieza étnica" de Kosovo, es decir, el aniquilamiento de la
población albanesa de la provincia serbia, que había ordenado el jefe de gobierno serbio, Slobodan
Milosevic.
"Una acción justa y necesaria": en estos términos calificó
el entonces secretario general de la Otán, Lord Robertson, la primera gran operación bélica de esta
organización, en la que participaron prácticamente todos los socios de la alianza —19 países
miembro en ese entonces— y que se llevó a cabo bajo la responsabilidad del antecesor del
secretario general británico y actual jefe de la diplomacia de la Unión Europea, el español Javier
Solana.
Catástrofe humanitaria. Según la Otán, ya a finales de 1998 estaban huyendo de las
tropas serbias 300.000 kosovares. La operación militar de la Otán impidió, de acuerdo a la propia
alianza, una catástrofe humanitaria: "Detuvimos y dimos marcha atrás a la peor limpieza étnica que
vimos en Europa en medio siglo".
En el cuartel general de la Otán en Bruselas, la campaña
aérea contra Serbia, durante la cual se realizaron en total 38.000 vuelos —entre ellos 10.484
misiones de combate llevadas a cabo por aviones dotados con bombas de precisión— es valorada
como un importante éxito: la población de Kosovo fue protegida y Milosevic, acusado casi en el
mismo momento de crímenes de guerra, fue forzado a capitular.
Al mismo tiempo, según destaca la Otán, la alianza
atlántica no se derrumbó tal como había esperado y vaticinado Milosevic. El frente común contra
Serbia se mantuvo firme, y la Otán demostró, sobre todo ante Rusia, entonces gobernada por el
presidente Boris Yeltsin, que es una organización que hay que tomar en serio también
militarmente.
Hacerlo mejor. "¿Se podrían haber hecho mejor las cosas?", reza el título de un
artículo en la página web de la Otán. También la Otán es consciente de que hay una serie de
cuestiones muy controvertidas, como, por ejemplo, la interrogante de si los ataques aéreos, que se
llevaron a cabo sin mandato de Naciones Unidas, fueron admisibles. Y los juristas discuten sobre si
realmente hubo un genocidio que pudo justificar una intervención militar.
Los líderes de la Otán no ponen en duda la legitimitad de
la operación. También recuerdan que durante toda la campaña aérea ningún soldado de la Otán cayó en
combate.
Víctimas civiles. Sin embargo, quienes critican la acción de la alianza alegan que
esto sólo fue posible porque la Otán no dispuso la intervención de tropas de tierra, sino que se
limitó a realizar bombardeos desde gran altura, aceptando así que hubiera víctimas civiles.
La alianza, por su parte, cita una estimación de la
organización Human Rights Watch, según la cual hubo 90 "incidentes con víctimas civiles", o sea,
menos del 1% de todas las misiones aéreas. Además, alega que el hecho de que la Otán no tuviera
prejuicios antiserbios lo demuestra la protección que después de la guerra ofreció a los serbios
ante una venganza de los albano-kosovares.
Hasta el día de hoy los analistas discuten sobre cuáles
fueron los motivos que forzaron a Milosevic a capitular. Para la Otán, la retirada de las tropas de
Kosovo se debió al creciente número de destrucciones en Serbia, al continuo reforzamiento de los
ataques aéreos y a la amenaza de un despliegue de tropas de tierra, así como a un cambio político
por parte de Yeltsin, que en Serbia fue interpretado como una "traición" de los rusos.
En opinión de Zbigniew Brzezinski —ex asesor de
seguridad de Jimmy Carter— Yeltsin y Milosevic cometieron un error de cálculo: en realidad,
Moscú quería asegurar para Serbia al menos algunas regiones de Kosovo, pero la Otán se lo
impidió.