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El Papa visita a Irak para solidarizarse con la minoría cristiana perseguida por el terrorismo islámico

Los cristianos son apenas 200 a 300 mil cuando en 2003 eran 1,5 millones. Decenas de iglesias y monasterios fueron destruidos por los terroristas del ISIS

Viernes 05 de Marzo de 2021

El Papa Francisco arribó este jueves a Irak, donde permanecerá hasta el lunes en lo que significa la primera visita de un Sumo Pontífice de la Iglesia Católica al país árabe. Es evidente que la clave de la visita papal es dar apoyo y visibilizar la brutal persecución que sufre en Irak y en casi todo Medio Oriente la minoría cristiana. No por casualidad, este mismo jueves el Papa Francisco visitó la catedral de Nuestra Señora de la Salvación, que en octubre de 2010 sufrió un terrible ataque terrorista en el que murieron 53 personas. El atentado lo cometió el grupo terrorista Estado Islámico o Isis. En Irak, los cristianos son hoy apenas 300 mil personas, menos del 1% de la población, por efecto del terrorismo sistemático que sufre esta minoría, tanto a manos de islámicos sunitas como el IsIs, como, de manera menos brutal y menos criminal, por fanáticos shiítas, que son la mayoría religiosa de Irak. El terrorismo causó la destrucción de decenas de iglesias y monasterios y a la fuga de cientos de miles de cristianos. Antes del inicio de la ola de ataques, los cristianos iraquíes superaban el millón y medio de personas hasta 2003, año de la fatídica invasión de Estados Unidos. Esta desestabilizó el país y el caos fortaleció a las milicias islámicas, tanto sunitas como shiítas.

Ante un grupo reducido de fieles en la catedral de Bagdad, debido a las restricciones impuestas por razones de seguridad y por la pandemia del coronavirus, el pontífice recordó a los “hermanos y hermanas que murieron en el atentado terrorista en esta catedral hace diez años y cuya beatificación está en proceso”. La catedral fue atacada por terroristas islámicos sunitas en 2011. Por otro lado, el Papa agradeció al clero iraquí por su “presencia” y “cercanía” con los cristianos de Irak, que son unos 200 a 300 mil en un país de 40 millones de personas.

Poco antes, Francisco fue recibido en el aeropuerto de Bagdad por el primer ministro iraquí, Mustafa Al-Kadhimi. Se trata de un político laico aunque de familia musulmán shiíta. Fue un perseguido político bajo Saddam Hussein y debió exiliarse. Al bajar del avión, el Papa fue recibido con la Oda a la Alegría, de Beethoven, en lugar del himno nacional iraquí. Allí mismo mantuvieron ambos un breve encuentro, tras el cual el Papa se desplazó al palacio presidencial de Bagdad, donde se reunió con el presidente del país, Barham Salih. Finalizado el encuentro privado, el Sumo Pontífice brindó su primer discurso en Irak, nación a la que calificó como “cuna de la civilización”. “Basta de extremismos, facciones e intolerancias”, exclamó. Un pedido que parece de imposible cumplimiento, no solo en Irak sino en todo Medio Oriente.

Francisco abogó ante las autoridades iraquíes porque “nadie sea considerado como un ciudadano de segunda clase” en un país musulmán, donde los cristianos no ocupan cargos de poder ni tienen representantes. “Es indispensable asegurar la participación de todos los grupos políticos, sociales y religiosos, y garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos”, reclamó el Papa. Se refería a la precaria situación de los cristianos, que son perseguidos o discriminados por las mayorías musulmanas, aún cuando la persecución genocida del Isis haya terminado. Es un fenómeno que, en muy diverso grado de violencia, se da en muchos otros países musulmanes con minorías cristianas, las que son implacablemente perseguidas, como ocurre por ejemplo en Egipto con los coptos, o en Pakistán, donde prácticamente han desaparecido. Desde que en los años 90 se inició el auge del integrismo islámico, las comunidades cristianas se han visto crecientemente amenazadas en todo Medio Oriente.

“La coexistencia fraterna entre las religiones necesita del diálogo paciente y sincero. No es una tarea fácil, requiere esfuerzo y compromiso de todos para superar rivalidades y contraposiciones. (...) Debemos crear oportunidades concretas en el ámbito económico y de la educación. Después de una crisis no basta con reconstruir, hay que hacerlo bien. De una crisis no se sale igual que antes, se sale mejores o peores”, enfatizó el Papa argentino.

Por último, sostuvo: “Espero que las naciones no retiren la mano a Irak y sigan trabajando con responsabilidad sin interponer intereses políticos ni religiosos”. El Papa parecía referirse tácitamente a los países que están en conflicto en la región del Golfo. De un lado, Irán, la potencia shiíta, con enorme influencia política y militar directa en Irak y Siria, donde arma y dirige milicias; del otro a las naciones árabes sunitas de la ribera occidental del Golfo, y su socio mayor, Estados Unidos.

Pero sobre todo la visita del Papa a Irak apunta a poner a la vista del mundo la brutal persecución que sufren en este país los cristianos. La minoría de la población que practica el cristianismo ha sido atacada en los últimos años por grupos fundamentalistas islámicos, en especial por el Estado Islámico (EI o Isis). Solo los ataques perpetrados por el Estado Islamico han destruido totalmente 34 iglesias, mientras otras 197 fueron parcialmente destruidas. Además, también fueron dañadas 363 propiedades de la Iglesia, entre las que están salones, jardines, salas de catequesis.

Una de las iglesias más emblemáticas que fue destruida, es Al-Tahira en Qaraqosh, que está dedicada a la Inmaculada Concepción. La iglesia construida en 1932, y ha sido severamente dañada, incendiada, además de que se han saqueado objetos de valor y muebles. La torre de reloj de la iglesia fue dinamitada, y numerosas pinturas y objetos religiosos quedaron gravemente dañados. Con apoyo de varias instituciones, la iglesia ha sido restaurada y será uno de los lugares que visitará el Papa Francisco. En otro caso, en 2015, terroristas del Estado Islámico dinamitaron el monasterio católico de los Mártires San Behnam y su hermana Sara, ubicado cerca de la ciudad de Bakhdida, al norte de Irak. Dicho monasterio fue construido en el siglo IV por el rey asirio Senchareb y fue tomado por los terroristas del Estado Islámico durante su expansión al norte de Irak en julio del 2014.

Otro templo que fue dañado por los extremistas islámicos fue la iglesia de San Jorge, ubicada en la aldea de Teleskuf, y que se convirtió en 2017 en el primer templo católico de la llanura de Nínive reconstruido tras la expulsión del Estado Islámico. Monasterios y conventos también fueron atacados, como el convento de Nuestra Señora del Rosario en Teleskuf y el Monasterio de los Mártires Mar Behnam y Marth Sarah en Qaraqosh.

La comunidad cristiana en Irak se ha disminuido drásticamente, pues en 2003 eran aproximadamente, un millón y medio de feligreses, mientras que actualmente hay apenas unos 205 mil personas creyentes de esta religión.

Más del 50% de la población cristiana en Irak escapó del país cuando comenzaron a ser atacados por el Estado Islámico, e incluso tuvieron que vivir en campos de refugiados. Aunque, luego de la derrota de este grupo extremista, en 2017, hay un grupo de personas que han podido regresar al país por la ayuda que han recibido para la reconstrucción, hay todavía mucho miedo, y no solo al Isis. En Irak es muy fuerte el islam shiíta patrocinado por Irán. La visita del Papa Francisco intenta traer un signo de esperanza a estos cristianos perseguidos.

El programa del viaje del Papa incluye encuentros con las autoridades civiles, con los obispos, momentos de oración y homenaje a las víctimas de persecución y asesinatos a manos del Estado Islámico, además de un encuentro interreligioso. Los viajes del Papa Francisco se han distinguido de sus antecesores por que no han sido principalmente a grandes centros católicos en Europa, Sudamérica y regiones de África, aunque sí los ha hecho, sino que ha destacado por viajar adonde el cristianismo es minoría. El viaje a Irak es el primero en 15 meses de Francisco, por el freno que impuso la pandemia de coronavirus. La visita durará tres días, y ha sido clasificada de alto riesgo, de modo que la la seguridad del sumo pontífice está a cargo de alrededor de 10 mil personas.

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