Roma.— El presidente italiano, Giorgio Napolitano, pidió ayer al jefe del
Senado, Franco Marini, que intente formar un gobierno interino para avanzar en una reforma de las
leyes electorales, a las que se culpa del colapso la semana pasada del gobierno de centroizquierda
de Romano Prodi. Sin embargo, Marini se enfrenta a un escenario complicado: deberá convencer al
líder de la oposición, Silvio Berlusconi, y a sus aliados de que olviden sus demandas de convocar
elecciones inmediatas.
Prodi dimitió después de que su coalición de nueve
partidos, debilitada por la deserción de una pequeña formación católica, perdiera un voto de
confianza en el Senado. Sus 20 meses en el poder se vieron constantemente afectados por las peleas
entre sus aliados.
Napolitano explicó ayer que la formación de un gobierno de
transición "no se trata de una táctica de retraso", sino que la disolución del Parlamento y la
convocatoria de nuevas elecciones, como pedía la oposición, habría sido una "decisión de mucho
peso".
"Concentraré mis esfuerzos en intentar hacer esto lo más
rápidamente posible", dijo por su parte Marini, de 74 años, quien debe intentar recopilar el apoyo
de todos los partidos para formar un gobierno provisional, con él como primer ministro, y preparar
unas nuevas elecciones.
"Tarea difícil". El presidente del Senado reconoció que se trata de una "tarea
difícil y laboriosa", pero recalcó que "entre los ciudadanos existe una fuerte esperanza de
reformar la ley electoral".
Las negociaciones comenzarán hoy por la tarde y es probable
que continúen por algunos días. El nuevo gobierno que debe formarse tendrá que ser apoyado por un
voto de confianza del Parlamento. Si no logra el apoyo mayoritario de los congresistas, el país
tendría que celebrar nuevas elecciones. Las oportunidades de supervivencia de un nuevo gobierno en
el Parlamento se consideran más bien pocas.
Actualmente Marini ostenta el segundo puesto oficial de
mayor rango en Italia por detrás de Napolitano. Su rol neutral como presidente de la Cámara alta
podría darle la opción de alcanzar el consenso, aunque proceda del centroizquierdista Partido
Democrático de Prodi.
Sin embargo, Berlusconi, quien ha recuperado su liderazgo
en los sondeos de opinión luego de que salió del poder tras perder frente a Prodi en 2006, dijo que
no quiere "perder tiempo".
"Le diremos a Marini que queremos elecciones ya mismo",
afirmó Berlusconi, quien intuye la posibilidad de conseguir una victoria rápida. La ley italiana no
contempla "un gobierno nacido exclusivamente para preparar unas elecciones", había dicho
previamente. El socio de coalición de Berlusconi, Robert Calderoli, de la Liga Norte, se sumó a las
críticas. Aseguró que Marini debía formar un gobierno "que ya nació muerto".
Lucha por los votos. Una nueva encuesta sugirió que si las actuales coaliciones
se enfrentaran, repitiendo las elecciones de 2006, Berlusconi ganaría con el 54% de los votos,
frente al 44,5% del centroizquierda.
Su rival en una elección sería Walter Veltroni, alcalde de
Roma y secretario del Partido Democrático fundado por Prodi el año pasado. Veltroni quiere primero
una reforma electoral, que podría darle a su partido una posibilidad real de lucha ante
Berlusconi.
El centroizquierda tendría una mejor chance, según el
sondeo de la agencia Ispo, si el Partido Demócrata se divide de sus aliados, que van desde
católicos hasta comunistas, y compite solo. Esto podría arrojar un panorama más cerrado, con
Berlusconi ganando por un estrecho margen de un 51% frente a un 48,5%.
Riesgos económicos. La crisis ha dejado a la tercera mayor economía de la zona
euro sin un gobierno fuerte y creíble, justo cuando la economía global está en declive y los
negocios italianos están en sus niveles más bajos desde hace al menos dos años.
Los mercados temen que otro gobierno de Berlusconi sin
restricción en los gastos pueda revertir los progresos hechos por Prodi en la reducción del déficit
presupuestario.