El Mundo

El futuro líder de Zimbabue augura una nueva democracia

Emmerson Mnangagwa, que mañana jurará como presidente provisional, consumó un regreso triunfal a su país y prometió trabajo y paz

Jueves 23 de Noviembre de 2017

El ex vicepresidente Emmerson Mnangagwa, que ayer jurará como presidente provisional de Zimbabue en reemplazo del dimitido Robert Mugabe, consumó ayer un regreso triunfal a su país y prometió a sus seguidores que serán testigos del nacimiento "de una nueva democracia" tras 37 años de gobierno del derrocado líder. El próximo líder de esta nación de Africa meridional regresó ayer tras haberse exiliado en Sudáfrica después de su destitución como vicepresidente el pasado 6 de noviembre, forzada por la facción afín a las ambiciones de la ex primera dama, Grace Mugabe, de convertirse en la sucesora de su marido en el poder.

En su primer discurso horas después de volver a pisar suelo zimbabuense, el histórico dirigente que durante décadas fue brazo ejecutor de Mugabe prometió crear puestos de trabajo y resucitar la economía de un país donde el desempleo ronda el 90 por ciento y las tres cuartas partes de sus 16 millones de habitantes vive con unos cinco dólares estadounidenses al día. "Apelo a toda la gente genuina de Zimbabue a unirse. Todos somos zimbabuenses. Necesitamos crecimiento económico, necesitamos paz y empleos, empleos y empleos", dijo Mnangagwa ante cientos de seguidores en la sede de la gobernante Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF) en Harare, la capital. El dirigente, de 71 años, dijo que su exilio en el país vecino se debió a que, tan solo dos horas después de ser cesado, fue informado de que existían planes para matarlo. La vuelta a Zimbabue de Mnangagwa se produjo tan solo horas después de haber sido nominado para ocupar provisionalmente la presidencia de la ZANU-PF, que lo confirmará en su congreso de diciembre como candidato para las presidenciales de 2018.

En un comunicado, el partido dijo que Mnangagwa asumirá mañana como presidente provisional del país para completar lo que quedaba del mandato de Mugabe, hasta las próximas elecciones, que están previstas para septiembre de 2018. En su discurso, Mnangagwa adelantó que hoy tomará posesión de su nuevo cargo de líder del ZANU-PF.

Aunque la dimisión el martes de Mugabe haya dejado al país en un interregno de facto, su sucesor debería ser el único vicepresidente que queda en funciones, Phelekezela Mphoko. Sin embargo, Mphoko, se encuentra en Japón y ayer fue echado del ZANU-PF, y estaría buscando refugio en países como Mozambique o Zambia ante el temor a ser procesado, ahora que ya no cuenta con la protección del caído Mugabe, su principal valedor. Por tanto, el camino parece allanado para que Mnangagwa cumpla por fin sus deseos de convertirse en presidente: su nombre ya había estado vinculado a planes y conspiraciones para sustituir a Mugabe desde hace casi 15 años.

Oscuro pasado

En su discurso ante sus seguidores, el próximo líder de Zimbabwe dijo que el país estaba presenciando el nacimiento de una "nueva democracia" y agradeció a la población "la disciplina y el pacifismo" demostrados durante los días siguientes al alzamiento militar contra Mugabe de la semana pasada. Aunque ahora es visto como el salvador de la democracia, Mnangagwa, conocido con el apodo de "Cocodrilo", tiene un pasado oscuro: como ministro de Seguridad tras la independencia en 1980 jugó un papel clave en la matanza de más de 20.000 miembros de la etnia ndebele. La llamada operación Gukurahundi, que muchos califican de genocidio, fue una purga étnica contra simpatizantes de la Unión del Pueblo Africano de Zimbabue, que se saldó con la fusión de esa formación con la ZANU-PF y le valió a Mugabe su ascenso definitivo a la presidencia, ya que hasta entonces gobernaba como primer ministro.

Mientras que el ya ex presidente, de 93 años, mantuvo malas relaciones con los principales potencias mundiales —excepto con China— quienes lo tachaban de "dictador", Mnangagwa dijo apostar por cooperar con socios regionales, de Africa y de todo el mundo para reconducir la economía. Esta es, sin duda, una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, ya que el país ha visto cómo empeora en los últimos meses una crisis que arrancó con la hiperinflación de 2008 y que se ha llevado por delante hasta la propia moneda de Zimbabwe, tristemente popular por haberse llegado a emitir billetes de cien billones.

Un día después de su dimisión, no se sabe nada de Mugabe ni de su paradero, y su futuro parece un misterio: unos apuntan a que se exiliará en Singapur, donde posee activos y adonde viaja a menudo para recibir tratamiento médico, mientras que otros afirman que ha llegado a un pacto de impunidad con el Ejército. Sin embargo, pocos parecen preocupados por esto en el país. Su nuevo líder ha llegado y les promete todo aquello que les fue negado durante los últimos años: democracia, trabajos, crecimiento económico y paz.

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