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China: agresivo discurso del presidente Xi Xinping en el centenario del Partido Comunista

Amenazó con "derramar la sangre" de quienes "intimiden" a su país. No asistieron representantes europeos ni de EEUU

Jueves 01 de Julio de 2021

China no permitirá que la "intimiden" y quien lo intente “se golpeará y derramará su sangre contra la Gran Muralla de acero de los 1.400 millones de chinos’’, amenazó el presidente Xi Jinping en el acto central para celebrar el centenario del gobernante Partido Comunista. El discurso usó un tono inusualmente agresivo, tal vez ante la ausencia de representantes de las principales naciones occidentales, que rechazaron la invitación de Beijing. La advertencia de Xi no los mencionó pero claramente va dirigida a EEUU y otras naciones de Occidente que señalan a China por sus violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Xi habló en el corazón de Beijing, ante la plaza Tiananmen, repleta con 70 mil niños y jóvenes.

  Vestido con un traje gris abotonado al estilo de Mao Tse Tung, Xi enfatizó el papel del partido a la hora de llevar a China a la relevancia internacional. Plaza Tiananmen remite a la masacre de estudiantes allí perpetrada en 1989, pero en China es el corazón del poder del PCCh y del Estado. En la historia oficial, aquel histórico momento es citado al pasar como "un incidente".

  Xi, que preside el partido, y se hizo conceder poderes que ninguno de sus predecesores tuvo salvo Mao, dijo que China había “restaurado el orden en Hong Kong” tras la ocupación de facto y por la fuerza, violando los acuerdos de autonomía de la ciudad, y reiteró la determinación de invadir a Taiwán.

  La mayor ovación la recibió al describir al PCCH como la fuerza que había “restaurado la dignidad de China” y la convirtió en la segunda mayor economía del mundo.

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Ciudadanos chinos pasan delante de una pantalla gigante en la que se proyecta el discurso de Xi. 

Ciudadanos chinos pasan delante de una pantalla gigante en la que se proyecta el discurso de Xi.

  El punto de partida de su intervención fue la historia reciente, desde el “siglo de humillación nacional”, cuando China fue pisoteada por las potencias colonialistas y luego por Japón, hasta la actual puja por la primacía global, una evolución que constituye la primera fuente de legitimidad para el régimen comunista.

  Xi enunció para el mundo la doctrina que en China es archiconocida: “El éxito de China depende del liderazgo del Partido. Este es el factor clave en el socialismo con características chinas (eufemismo oficial para una economía capitalista bajo el poder del Partido-Estado). Es la sangre de este país, de él depende el bienestar de todo el pueblo. Por eso hay que mantener y reforzar su posición. Nuestro éxito se debe a que el marxismo funciona”, llegó a decir Xi.

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  En un plano mucho más creíble y real, el presidente proclamó que China logró transformarse en “una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos. Hemos logrado una resolución histórica al problema de la pobreza absoluta y ahora marchamos con paso seguro hacia el objetivo, correspondiente al segundo centenario, de convertir a China en un gran país socialista moderno”, añadió Xi. O sea que prevé que el PCCh gobernará al menos por otro siglo a China.

Pero China sigue teniendo un PBI per cápita muy por debajo de sus adversarios occidentales y también regionales —Japón, la amenazada Taiwán y Corea del Sur. Si bien China es la segunda economía del planeta, su standard de vida está muy lejos del de los países desarrollados. El PBI per cápita de China era de 10.261 dólares en 2019, contra 65.297 de EEUU y 40.247 de Japón, según datos del Banco Mundial.

  Dos advertencias del líder chino despertaron aplausos enardecidos. “El pueblo chino nunca ha abusado de otros países; ni en el pasado, ni ahora, ni en el futuro. Del mismo modo, el pueblo chino nunca permitirá que fuerzas extranjeras abusen de nosotros. Quien albergue esas ilusiones se golpeará y derramará su sangre contra la Gran Muralla de acero formada por 1.400 millones de chinos”, alardeó, un mensaje al que la multitud reaccionó con vítores exaltados. Dicha proclama es representativa del tono cada vez más agresivo adoptado por China frente a la comunidad internacional desde la llegada al poder de Xi. La mayoría de los países europeos renunciaron a asistir a los actos. La segunda ovación llegó ante la promesa de “reunificar Taiwán”, o sea, de invadir la isla, que es una nación independiente. “Resolver la cuestión de Taiwán y completar la reunificación de la patria es una tarea ineludible, nadie debería minusvalorar nuestra determinación y poder a la hora de defender la soberanía nacional y la integridad territorial”, advirtió Xi.

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