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Brasilia cumplió medio siglo opacada por los escándalos de corrupción

La ciudad de Brasilia celebró ayer su 50º aniversario con una austera ceremonia a la que no concurrió el presidente Luiz Lula Da Silva, ante el escándalo de corrupción que incluso llevó a prisión a su gobernador. "El pueblo de Brasilia tiene motivos para conmemorar. El significado de Brasilia como capital no puede ser confundido con los administradores que cometieron actos absurdos", sostuvo Lula, quien, sin embargo, prefirió no asistir a la celebración.

Jueves 22 de Abril de 2010

Brasilia. — La ciudad de Brasilia celebró ayer su 50º aniversario con una austera ceremonia a la que no concurrió el presidente Luiz Lula Da Silva, ante el escándalo de corrupción que incluso llevó a prisión a su gobernador. "El pueblo de Brasilia tiene motivos para conmemorar. El significado de Brasilia como capital no puede ser confundido con los administradores que cometieron actos absurdos", sostuvo Lula, quien, sin embargo, prefirió no asistir a la celebración.

La fastuosidad de la fiesta del 50º aniversario de la futurista capital brasileña que el año pasado prometió el destituido gobernador Roberto Arruda, con remodelación de edificios emblemáticos y la actuación de la reina del pop Madonna y el ex Beatle Paul McCarney, debió reducirse a una austera celebración en el Eje Monumental, principal arteria capitalina, costeada por empresarios, ya que los gastos del gobierno están siendo auditados.

La chispa. Sin embargo, los planes de una fiesta grandiosa como fue la construcción de la urbe desde su primera piedra comenzaron a derrumbarse a fines de noviembre pasado, cuando fueron divulgados unos videos grabados con cámaras ocultas que revelaron una serie de corruptelas en el gobierno regional. Los capitalinos se sorprendieron con las filmaciones que mostraban a su gobernador Arruda y a sus aliados recibiendo manojos de billetes supuestamente procedente de sobornos de empresas que obtenían contratos con el gobierno local.

El escándalo, sumado a los intentos de los allegados de Arruda de impedir la investigación del escándalo, llevó a la fiscalía a pedir una intervención del gobierno federal.

Arruda resistió algunas semanas, pero en febrero fue detenido por la policía federal, fue destituido y recuperó la libertad hace diez días, aunque está procesado y no puede abandonar la ciudad por orden judicial. Tras su caída, su cargo fue ocupado por su entonces vicegobernador, Paulo Octavio Alves, quien renunció dos semanas después de asumir y fue sustituido en forma interina por el que era presidente de la Cámara Legislativa, Wilson Lima. La propia cámara eligió este lunes al diputado Rogelio Rosso para completar el mandato que concluirá el próximo 1º de enero, pero lo hizo en medio de protestas de grupos políticos que lo acusan de estar implicado en los escándalos.

Obras paralizadas. Las investigaciones obligaron a paralizar decenas de proyectos viales y reformas que estaban en marcha en Brasilia, que en algunas zonas parece hoy un enorme cantero de obras que era hace poco más de medio siglo. El gobierno federal había prometido concluir la refacción del Planalto para el 21 de abril, pero esa promesa no pudo ser cumplida, así como tampoco fueron finalizadas las tareas en la Catedral de Brasilia.

Pero aún con los escándalos, la fiesta debe continuar. Las conmemoraciones comenzaron el fin de semana con una serie de conciertos en la Esplanada de los Ministerios, el área central de la ciudad que congrega los edificios faraónicos que simbolizan a la capital planificada, inaugurada el 21 de abril de 1960. Un repique de campanas en los templos católicos de la ciudad marcó el inicio de los festejos a primera hora de ayer, seguido por competencias deportivas y desfiles, incluyendo a los personajes de Disney, por las calles principales de Brasilia. En horas de la tarde se presentaron los cantantes brasileños Daniela Mercury y Milton Nascimento, entre otros. También hubo quienes decidieron dejar de lado los festejos y protestar por la corrupción. "Soy de Brasilia, pero juro que soy inocente", afirmó la consigna de un manifestante exhibida en su remera.

El propio presidente brasileño, que no asistió a los festejos, aseguró ayer que Brasilia, al cumplir su 50º aniversario, debe estar de "luto" por la corrupción del gobierno local, pero al mismo tiempo dijo que la población debe conmemorar con "orgullo" el crecimiento ocurrido en la capital del país.

Otro ilustre ausente fue el arquitecto Oscar Niemeyer, de 102 años, proyectista de los palacios más representativos de la ciudad, como el de Itamaraty, sede de la Cancillería; el Palacio del Planalto, sede de la Presidencia, y el del Congreso. "Si uno mira los 50 años transcurridos, hay mucho para celebrar. Infelizmente estamos enmarañados en la corrupción", lamentó David Fleischer, académico de la universidad de Brasilia de origen estadounidense.

Otros casos. El escándalo que derrumbó al Ejecutivo de Brasilia ha sido el más grave en la administración local, pero la ciudad ya ha visto cosas peores. El momento más traumático fue en diciembre de 1992, cuando el entonces presidente brasileño, Fernando Collor de Mello, el primero elegido por el voto directo de los ciudadanos tras la dictadura militar, renunció al cargo acorralado por una incontenible catarata de denuncias. También en 2005 la capital brasileña pasó meses sumergida en un clima de alboroto generado por acusaciones de corrupción y compra de votos en el Congreso que llegaron a hacer tambalear al gobierno de Lula, quien no sólo pudo superar el escándalo, sino que fue reelegido en 2006.

Brasilia, patrimonio arquitectónico de la humanidad, fue inaugurada el 21 de abril de 1960 por el entonces presidente Juscelino Kubitschek, y diseñada por el arquitecto y urbanista Lucio Costa.

Abismo social

El afamado arquitecto Oscar Niemeyer, a cuyo ingenio se deben los principales edificios de Brasilia, afirmó que la desigualdad social es hoy el principal problema de la capital de Brasil. "Después de que se inauguró Brasilia, llegaron los hombres del dinero, del capital, y todo cambió. Llegaron la individualidad y la vanidad más detestables y los hábitos cambiaron gradualmente, para adquirir aquellos de la burguesía que reprobamos", afirmó Niemeyer, quien no asistió a los actos y permaneció en Río.

 

 

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