Comienza el receso escolar y algunos docentes afilan el lápiz para diseñar la clásica “tarea de vacaciones” que chicos y chicas deberán entregar en su regreso a clases. Hay quienes encargan trabajos variados, pero también quienes proponen a sus estudiantes la tarea de disfrutar. Así lo hicieron las maestras de la escuela primaria del Complejo Gurruchaga, que entendiendo que las vacaciones son sinónimo de descanso, ofrecieron a sus alumnos un listado con propuestas para pasarla bien.
Algunas de las consignas, que pueden verse como posteos en las redes sociales de la institución, están destinadas a los estudiantes de 1º a 7º grado e invitan a dormir hasta tarde, comer sin apuro, hacer cosas que te gusten, invitar a un amigo a jugar a casa, mirar una peli en familia, visitar y conocer lugares en la ciudad.
En diálogo con La Capital, Mariana Sánchez —directora de la escuela— confirma que estas propuestas responden a una decisión institucional de no cargar a los chicos con tareas durante las vacaciones de invierno y respetar su derecho al descanso. “En realidad se trata de una tarea distinta. Es una tarea más relajada que invita a compartir con otros y que responde a la dinámica de nuestra escuela. Nosotros trabajamos desde un nuevo paradigma de educación donde no es tan importante la cantidad como la calidad. No trabajamos con el machaque sino con la creatividad. La propuesta institucional tuvo que ver con esto y cada docente le puso su impronta”, explica la docente y cuenta que estas consignas fueron publicadas en las redes sociales con la finalidad de anticipar a los adultos, que son quienes se muestran más resistentes a nuevas dinámicas educativas y que suelen exigir mas cantidad en consonancia con la estructura de la escuela tradicional.
Derecho al tiempo libre
La pregunta se hace inevitable: ¿para qué sirven las vacaciones? Mariana no duda en responder que son para descansar, para cargar energías, renovarse y desconectarse de la rutina escolar. Y agrega: “También sirven para sanar cuestiones familiares que tienen que ver con no pasar mucho tiempo en familia por las exigencias laborales. Las vacaciones les permiten a los chicos vincularse con otros espacios y personas, con otros lugares importantes que no sean la escuela”.
Esta voluntad de la institución de respetar el tiempo libre de los chicos y las chicas está fundamentada en los derechos de las infancias. La directora destaca que la ley de educación nacional hace hincapié en garantizar los derechos de niños y niñas. Uno de ellos es el derecho a jugar, por eso las tareas pedidas por las maestras de la Gurru tienen mucho de propuestas lúdicas.
Hay otra convicción que fundamenta esta decisión. Y es que en el disfrute del tiempo libre en el hogar y en las actividades cotidianas, también se aprende. “Queremos romper con la idea de que solo se aprende dentro de un aula con un lápiz y un cuaderno, creemos que se aprende en forma diaria y permanente. Desde el momento que los chicos comparten en su casa una receta de cocina con mamá están trabajando un montón de contenidos, desde matemáticas, lengua y contenidos procedimentales”, indica.
Si las actividades cotidianas traen consigo aprendizajes de todo tipo, salir de paseo en familia puede significar una clase especial en la que chicos y chicas descubran el propio territorio y los tesoros que este puede ofrecer en el barrio y más allá. Así como la escuela organiza paseos con el objetivo de conocer la ciudad, las salidas en familia tienen un gran potencial educativo, en la medida que, como indica Mariana, “el aprendizaje se basa en recoger experiencias”.
Para orientar a las familias, algunas maestras de la Gurru se valieron de la tecnología para aportar ideas e incorporaron a la tarea un código QR a través del cual chicos y grandes pueden bucear en todas las propuestas que ofrece la ciudad. Se trata de espacios públicos y accesibles a todos, como parques, plazas, bibliotecas públicas, el Tríptico de la Infancia y museos como el Acuario del Río Paraná y el Ángel Gallardo.
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“La familia para nosotros es un punto central. Sabemos que la escuela funciona si las familias también participan”, dice la directora.
Sebastián Suarez Meccia
Un desafío familiar
Otras de las cuestiones que pone sobre la mesa la consigna de la Gurruchaga es que la presencia y el rol de la familia es fundamental durante el receso escolar. De este modo, el tiempo compartido y de calidad se transforman en un valor inigualable, sobre todo en tiempos en los que la vorágine laboral de padres y madres traen aparejadas algunas distancias.
Estas tareas que proponen las maestras implican un compromiso familiar con ese tiempo libre de los chicos, y por eso insisten en un trabajo colectivo que involucra a madres, padres, hermanos, abuelas, tíos y todos aquellos que se quieran sumar. “La familia para nosotros es un punto central. Sabemos que la escuela funciona si las familias también participan”, dice la directora, y explica que por esa razón la familia es la principal destinataria de estas tareas de vacaciones de invierno.
Una de las docentes propone como consigna un “desafío familiar”, que no es ni más ni menos que una de las prácticas más eficaces de promoción de la lectura. El desafío consiste en elegir un libro juntos, un momento del día y un lugar de la casa, reunirse a leer un capítulo por día y charlar entre todos sobre lo leído.
La directora indica que en esta consigna lo valioso también está en el “elegir”, porque muchas veces sucede que es la docente y no los estudiantes quien designan que libro leer en vacaciones.”Aquí la propuesta es que cada uno pueda elegir el tipo de literatura que quiere leer, no importa cuál sea, pero que sea elegido por ellos. Lo que más les guste, hay chicos que les gusta leer cómics, hay otros que leen novelas. Bueno, que tengan la libertad de elegir y decidir. Y obviamente pasadas las vacaciones, las maestras retomarán todo esto”, indica.
Mariana Sánchez es consciente de que luego de la pandemia persiste en muchos adultos la idea de que la escuela debe abocarse a recuperar contenidos. Explica que durante las medidas de aislamiento la Gurru trabajó intensamente desde la virtualidad definiendo lo que el equipo docente consideró que era prioritario aprender en aquel momento, y destaca que los contenidos responden a contextos y tienen un sentido y un horizonte dónde llegar. “Creo que hay aprendizaje cuando hay sentido. Cuando eso que estamos aprendiendo sabemos a qué podemos aplicarlo y para qué nos puede servir y en qué nos va a portar. Si no hay una vinculación directa con la vida, con lo cotidiano, el aprendizaje no sirve. Es un aprendizaje vacío, que no tiene sentido”, concluye.