Educación

Malvinas, a través de la historia de un ex combatiente en blanco y negro

Una muestra rescata la vida del ex combatiente Sergio Gasco. Su autor, Diego Paruelo, recuerda cuando llevó la obra a las escuelas.

Sábado 10 de Marzo de 2018

Hay dos imágenes que de chico a Diego Paruelo se le venían a la mente como fogonazos cuando tenía que pensar en la Guerra de Malvinas: la primera, su madre llorando después de escuchar en las noticias que las tropas inglesas habían ocupado las islas. La segunda, ya de adolescente, la angustia que le provocaba ver a los ex combatientes subir a los colectivos y tener que vender biromes y reglas para pucherearla.

Diego Paruelo es reportero gráfico y transcurrió su infancia en Rosario. La guerra lo sorprendió cuando estaba a punto de cumplir seis años y durante largo tiempo sintió que tenía que hacer algo con esa historia que lo había atravesado como una flecha. Investigó, conoció a ex combatientes de Lanús, charló con ellos, escuchó sus historias. Hasta que en el 2000 conoció a Sergio Gasco, un hombre que con 20 años combatió al pie del Monte Longdon. A lo largo de tres años se propuso ir a su casa al menos una vez por semana. Fruto de esa relación que se transformó en amistad nació "2 de Abril", un ensayo fotográfico sobre la vida y la muerte de Gasco. La muestra se presenta el próximo jueves 15 de marzo a las 19.30 en Plataforma Lavardén (Mendoza y Sarmiento) y se podrá visitar hasta el 7 de abril. El viernes 16, a la misma hora, el reportero mantendrá una charla libre y gratuita con el público.

El material fotográfico se presentó por primera vez hace más de diez años, se exhibió en el Museo de la Memoria, fue visitado por escuelas e incluso sirvió de introducción para charlas con alumnos y docentes sobre Malvinas. ¿Qué comían los soldados en las islas? ¿Tenían sueños sobre la guerra?, fueron algunas de las preguntas que el fotógrafo Diego Paruelo recuerda de uno de sus encuentros con chicos de una escuela de Sunchales. Una experiencia que le trae gratos recuerdos y que le gustaría repetir. Sus fotos fueron incluidas en cuadernillos que se repartieron en instituciones educativas sobre la historia reciente del país.

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La sangre de Tyson

Las fotos de la muestra son todas en blanco y negro y en una de ellas aparece Sergio en las islas, de pie, con un arma en la mano y posando junto a su amigo Miguel Ángel Falcón que murió en la guerra. En otra foto, su mujer Fabiana y su hijo Walter sostienen el uniforme de soldado que usó a los pies del Monte Longdon. Otra imagen, quizás una de las más potentes, es un primer plano de los guantes, aún con restos de sangre, que Sergio utilizó en Malvinas. Esos guantes es de las poquitas cosas que pudo traerse del sur.

Durante los primeros años del siglo, Sergio Gasco se encontraba sin trabajo y sufriendo graves secuelas que le habían dejado la guerra, desde pérdida auditiva hasta estrés postraumático. Sergio enfermó en 2002 y un año después murió a causa de un cáncer. "Después del shock de su muerte guardé las fotos que habíamos hecho por dos o tres años, me costó mucho volver a mirarlas"; recuerda Paruelo.

—¿Cómo recordás tu vínculo con Sergio?

—Estuve tres años laburando con él y con el paso del tiempo eso se transformó en amistad. Iba una vez por semana o a veces dos. Y en varias ocasiones no hacía fotos porque quizás se sentía bajoneado, entonces guardaba la cámara y me quedaba charlando con él. O lo grababa. El llegó a ver una parte de la muestra y estaba súper contento y orgulloso. Me contaba siempre lo que fue la vuelta de Malvinas, que los trajeron a escondidas a todos y que les pidieron que no hablen de nada, que en su barrio estaba todo bien porque lo conocían, pero en otros lados los puteaban por haber perdido la guerra. Una locura que han vivido casi todos los ex combatientes.

—¿Dónde le tocó combatir a Sergio?

—El estuvo al pie del Monte Longdon, bien adelante. Me contó que como se había escapado de la colimba y era medio rebelde siempre estaba en el calabozo. Y cuando fue a Malvinas a los rebeldes los mandaron cien metros más adelante de la primera línea, como un castigo. De su batallón quedaron cuatro, fue prisionero de guerra y estuvo en el buque Canberra (buque-hospital) donde le salvaron la vida, porque había recibido un esquirlazo en el oído y como tenía un tipo de sangre medio raro siempre contaba que le hicieron una transfusión de sangre de un negro que parecía Tyson.

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—Te acercaste a la temática por ese recuerdo de chico con tu mamá y de adolescente en los colectivos. ¿Y en tu escuela?

—Yo hice la primaria en Rosario, en la Escuela 1.240 de Mitre y Pellegrini, en una época medio difícil. Soy de la generación de los chicos de la dictadura y había algunas cosas de las que no se hablaba. Y ahora tengo un nene de cuatro años que habla cosas que yo, ni antes ni de más grande, las hablaba. Había ciertos tabúes, que digan "de eso no se pregunta" y sabíamos de la temática por lo que nosotros habíamos vivido. Me acuerdo de haber llevado chocolate al Monumento a la Bandera y que mi vieja había tejido una bufanda para esa campaña de juntar cosas. Pero no mucho más. Sí saber que habían vuelto y la sociedad les había dado la espalda.

—¿Qué recordás de esos encuentros con docentes y alumnos que visitaban la muestra?

—Me acuerdo de una charla en Sunchales donde los chicos eran increíbles, más que nada porque te descolocan. Me preguntaban si yo sabía qué comió él (por Sergio Gasco) en Malvinas, porque habían escuchado que los soldados la habían pasado mal. Y él me contó que de hecho una vez que mataron una oveja terminaron estaqueados sobre la nieve. Otro chico preguntó si él tenía sueños de eso; y era verdad, tuvo estrés postraumático y un sueño recurrente: sobrevolaba medio al ras del suelo el Monte Longdon, como lo que hoy sería un drone. Esa es una imagen súper fuerte. Eso también empezó a cambiar: empezar a hablar hasta en las escuelas de lo que había pasado en Malvinas y lo que habían hecho los superiores con los soldados.

Malvinas / 2 de abril
Diego Paruelo.


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