Educación

La "escuelita" que levanta Comunidad Rebelde desde los escombros de un búnker

En las vías de Villa Banana los vecinos tiraron abajo un kiosco donde se vendían drogas y de la mano de estudiantes de distintas facultades construyen allí un centro comunitario.

Viernes 21 de Marzo de 2014

Son las cinco de la tarde y los pibes de Villa Banana quieren jugar y disfrutar de estar juntos sin temor a que el cruel sonido de un disparo los envuelva en miedo y les ahogue la inocencia. Mari, Carina y Sole toman mate al costado de la vía, mientras sus hijos desparraman carcajadas. Hoy la tarde está tranquila. Es día de "escuelita" en el barrio Triángulo.

Pero el sueño nació en pesadilla. Porque allí, sobre la vía que corre paralelo a Felipe Moré entre Virasoro y Rueda, hasta hace poco más de un año había un búnker de drogas. Uno de los tantos que hay desperdigados en la ciudad y cuya presencia la sufren mayormente los propios vecinos del lugar. Precisamente fueron ellos los que en diciembre de 2012, y cansados de tener que convivir con la violencia y la muerte rozándoles sus narices, decidieron tirarlo abajo. Con mazas y martillos, redujeron a escombros la gruesa estructura del "kiosquito", para resignificarlo y comenzar a levantar allí un centro comunitario, donde además de ayudar a los pibes en las tareas de la escuela, proyectan enseñar artes y oficios. Y sobre todo para que sea un lugar de encuentro y resistencia.

Abrazos. Comunidad Rebelde es el nombre que lleva este espacio en gestación, conformado por los vecinos de Villa Banana, la Juventud Revolucionaria Che, la Cuba-MTR y los militantes de la Agrupación Estudiantil Tupac. El sol barre las callecitas de la humilde barriada del sudoeste rosarino y la llegada de los jóvenes universitarios es recibida con el siempre cálido abrazo de los chicos del barrio. Joni, Elías, Alma, Franco, Abraham, Meli son algunos de "Los pibes de la vía". Sus nombres están estampados en un paredón ubicado a pocos metros del viejo búnker, donde hoy junto a sus papás construyen otro futuro.

Estiman que para mayo ya debería estar funcionando a pleno el centro comunitario. Las obras están bastante avanzadas, aunque faltan algunos materiales para terminar el techo y las paredes de adobe, y que el buen tiempo acompañe esos sábados cada quince días donde chicos y grandes colaboran sin pausa para finalizar los trabajos.

Mientras tanto, y desde fines del año pasado, se las arreglan con el patiecito de la casa de Sole, que generosamente presta para que funcione "la escuelita", tal como llaman los chicos a esa instancia que martes y jueves, en turnos de mañana y tarde, coordinan los jóvenes de Comunidad Rebelde.

Experiencia.  "A mí me encanta esto", dice Sole. La joven mamá vive con su marido Walter y con los hijos de la pareja: Abigail de 6 y Santino de 3. Habla de sus criaturas con ternura y no puede dejar de pensar en la importancia de que los pibes, los suyos y los de las otras familias, tengan un espacio de contención que los aleje al menos un poco de la furia que se respira de forma cotidiana en la zona. Por eso confiesa: "Antes no ibas nunca a ver juntos a todos los chicos del barrio, porque estaban encerrados en sus casas o a lo sumo contra el tejido nada más. Y acá además de la ayuda que tienen con las cosas de la escuela ellos pueden jugar".

En total son poco más de 30 los nenes de entre 4 y 13 años que participan de la experiencia colectiva de Comunidad Rebelde. Apenas entran entre risas y empujones al patio de Sole "los profes" les reparten cuadernos de tapas celestes y lápices de colores para empezar la jornada.

Los "profes" son jóvenes que cursan en distintas carreras de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), de las Facultades de Humanidades, Ciencia Política, Ingeniería y Psicología. En esta última la experiencia de Comunidad Rebelde fue declarada el año pasado de interés cultural.

Poner en palabras. "Este espacio de apoyo escolar surgió desde una necesidad del barrio", cuenta Guido, estudiante avanzado de Psicología. Al igual que Guido, Elina también asiste a la facultad ubicada en La Siberia. Con una sonrisa responde siempre a las demandas e inquietudes de los nenes de Villa Banana. Y destaca que en "la escuelita los chicos pueden hablar y hacer emerger las problemáticas que tiene el barrio. Liberarse y poner en palabras cosas que ellos viven todos los días". Como el año pasado, cuando mediante láminas llegaron a reflexionar hasta sobre temáticas de género.

La "escuelita" funciona durante dos horas: en la primera realizan juegos para desarrollar la memoria y actividades que, desde el dibujo, el arte o la palabra, ayuden a reflexionar sobre problemáticas del barrio. En la segunda dan una mano a los nenes en las tareas más cotidianas de la escuela, como en lengua y matemática. Pero cuando el centro comunitario ya esté en funcionamiento en el viejo búnker reciclado, proponen sumar además talleres de murga, folclore y hasta enseñanza de oficios.

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Estefi y Titi, súper concentrados con una actividad de la "escuelita rebelde".
Estefi y Titi, súper concentrados con una actividad de la "escuelita rebelde".
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Chicos de distintas edades dibujan y aprenden en un espacio que además los contiene.
Chicos de distintas edades dibujan y aprenden en un espacio que además los contiene.

Contagioso. El entusiasmo que ponen los nenes contagia esperanza. Sobre todo porque se trata de chicos que han aprendido a convivir con los sonidos de la violencia repiqueteándoles en los oídos. "El barrio está jodido. La semana pasada no podías ni salir afuera porque estaban a los tiros entre bandas. Y con armas de todos colores", describe sin eufemismos Soledad.

María es otra de las vecinas y vive desde chiquita en la zona. Tiene seis hijos y su casa está bien enfrente de la estructura donde funcionaba el "kiosco" de drogas. "Así como estaba hoy, sentada en la vereda de mi casa, antes no podía estar. Ni los chicos salir afuera. Porque pasaba gente con revólver; tiraban y no les importaba nada".

El drama es cotidiano y por momentos desalienta. Sobre todo al comprobar que tras la destrucción del búnker, un par de meses después se levantó otro muy cerca de allí. La lucha por el futuro de los pibes del barrio parece desigual. También al escuchar la orfandad que sienten los vecinos al ver el desfile de motos, autos de alta gama y hasta patrulleros policiales paseando por la zona del nuevo búnker, sin que nada cambie. Una postal que se repite y refleja con la misma bronca e impotencia en otras barriadas de la ciudad.

"Los chicos escuchan un tiro y están asustados. Se van a la pieza para esconderse. El otro día esto parecía una guerra. A las dos de la tarde, eran tiros por todos lados. Y al mediodía pasaba lo mismo y también a la noche lo mismo", cuenta en seco María.

Por eso tal vez cobra mayor relevancia este esfuerzo colectivo de chicos y grandes por sacar adelante a los nenes con una propuesta que los contenga y motive. "Hay pibes que también estaban como soldaditos y ahora están trabajando con nosotros. De a poquito se va saliendo", agrega Sole con orgullo. Tal vez sean pulseadas ganadas.

Bajo la atenta mirada de las madres y los jóvenes universitarios, los nenes se divierten y aprenden. Elías, un chiquito de dulces ojos verdes, pone manos a la obra en una de las mesas de la "escuelita". Algunos retratan a sus personajes favoritos de Dragon Ball Z o pintan el barrio en sus pequeños cuadernos de tapas celestes. Cerquita de allí, Mili se entretiene con Dylan, Joni y Abigail a los gritos con el tutti-frutti, un juego que coordina Lautaro y que evidentemente los atrapa. En un rincón, Estefi ayuda con dedicación a Titi con un ejercicio.

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Mediante juegos de mesa y de memoria, los nenes disfrutan de estar entre amigos.
Mediante juegos de mesa y de memoria, los nenes disfrutan de estar entre amigos.
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El centro comunitario se levanta sobre las vías que corren paralelas a Felipe Moré, entre Virasoro y Rueda. Quieren que los pibes crezcan en el barrio sin violencia.
El centro comunitario se levanta sobre las vías que corren paralelas a Felipe Moré, entre Virasoro y Rueda. Quieren que los pibes crezcan en el barrio sin violencia.

Herramientas. Tanto Andrés como Guido, dos de los universitarios de la UNR que integran Comunidad Rebelde, se encargan de resaltar que la propuesta no quiere ser "un parche de la escuela tradicional", sino que se trata de una experiencia que, por el contrario, apunta a brindarles a los chicos las herramientas necesarias, desde el juego, el arte, el estudio o un oficio, para que puedan pensarse y pensar al barrio "de forma diferente". Guido agrega que además de la importancia que tiene para los vecinos, a ellos mismos los posiciona "en la discusión para el día de mañana acerca de qué tipo de profesionales" quieren ser.

"Hay pibes que estaban como soldaditos y ahora trabajan con nosotros. De a poco van saliendo. Son pulseadas ganadas"

Sueño colectivo. Cuando cae la tarde y se termina la "escuelita" es hora de volver a casa. Los nenes se alborotan e improvisan carreras en medio de las vías del tren. Pasan por el frente del viejo búnker, donde hoy se cimenta un sueño colectivo.

"Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros". La frase del Che está impresa en la espalda de las remeras rojas con la que los jóvenes de Comunidad Rebelde van al barrio. Toda una declaración de principios y una síntesis del laburo cotidiano que sostienen cuerpo a cuerpo con los vecinos de Villa Banana. Allí donde desde los escombros de un búnker están construyendo una escuelita. Materializando un sueño. Edificando alegría.

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Los pibes ahora levantan un lugar para compartir sus juegos.
Los pibes ahora levantan un lugar para compartir sus juegos.

>> "Mataban, tiraban tiros, y los chicos tenían miedo"

La experiencia de Comunidad Rebelde tomó mayor difusión en los medios a raíz de dos iniciativas organizadas el año pasado. La primera fue en octubre, cuando en la previa del clásico del fútbol rosarino entre Central y Newell's jugadores y ex jugadores de ambos equipos participaron de un picadito en el potrero del barrio. La actividad, de la que formaron parte entre otros Nahuel Guzmán, Diego Mateo, Kurt Lutman, Sebastián Abreu, Matías Ballini y Federico Arias, fue para dar un claro mensaje de convivencia sin violencia.

La segunda, el festival "La vía en rock", una movida solidaria realizada a beneficio del centro cultural de Villa Banana, y en la que dieron el presente bandas como Cielo Razzo, Vudú, Carmina Burana, Degradé y Gonzalo Aloras.

En ese recital en el Anfiteatro Humberto de Nito, los jóvenes repartieron durante el show unos folletos donde contaban no sólo el proyecto de Comunidad Rebelde, sino que además estaba impresa la palabra de los nenes del barrio sobre los cambios que ellos observaban en la vía desde que el búnker había sido derribado.

"Un día los vecinos se cansaron y tiraron el kiosco. Lo convirtieron en un Centro Comunitario para todos"

En boca de los chicos, las palabras impactan por su dureza. "El primer día que se inauguró el búnker, al día siguiente empezaron a vender droga. Empezó a venir gente de todos lados, de todas las villas, venían en moto, auto, bici. Un martes 21 de octubre se cagaron a tiros los transas con los clientes, por suerte nadie salió herido", escribió Brian (14 años).

Clara (9 años), contó que cuando funcionaba ese kiosco de droga "no se podía salir a jugar, se robaban motos y bicicletas, mataban y tiraban tiros y los chicos tenían miedo". Pero que "un día los vecinos se cansaron y lo tiraron y convirtieron en un Centro Comunitario para hacer actividades y juegos para todos los niños". Nicolás puso que el nuevo espacio "se está construyendo con las personas que están ayudando para cambiar el mundo". Aarón (12) sueña con una escuela de fútbol y Daniel (9) con "comer pizza y jugar en comunidad".

Milagros (11) recuerda cuando no podía salir a jugar con sus amigos porque "los que iban a comprar drogas pasaban con las motos volando". Jeremías (11) resumió: "Un día había un búnker y vendían droga y venían muchos a comprar. Después los vecinos se cansaron y fueron a romper el búnker, ahora se construyó una escuela. Más para los vecinos y más para mí".

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El espacio destinado al centro comunitario.
El espacio destinado al centro comunitario.

>> Manos a la obra por el centro comunitario

Los martes y jueves, Comunidad Rebelde pone manos a la obra y dedican todo su esfuerzo para lograr que en mayo el centro comunitario ya esté listo. A eso se agrega que un sábado cada quince días, jóvenes de distintas facultades realizan una movida cultural en el barrio y suman sus brazos y ganas para levantar este espacio. Chicos y grandes colaboran con esta tarea, todos aportan.

Dos arquitectos —Mare y Lucho— pusieron a disposición del proyecto sus conocimientos y experiencia, y enseñaron a los vecinos a construir este espacio con materiales alternativos. Las paredes están hechas de palets (tarimas de madera) selladas con adobe. Con este último material hicieron la pileta del baño y proyectan cerrar definitivamente el techo. Tanto en las paredes como en el contrapiso colocaron botellas de plástico rellenas de tierra apisonada para darle resistencia a la estructura.

Para terminar de construir el lugar necesitan tierra, palets y redes plásticas. Para la "escuelita" piden juegos de mesa para entretener e incentivar a los nenes. Los que deseen colaborar pueden contactarse a través del Facebook de Comunidad Rebelde Centro Comunitario. Allí se puede apreciar una galería de fotos donde se muestra el paso a paso de las obras, así como conocer a fondo el proyecto que se desarrolla en Villa Banana.

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