Llega la hora de dar el presente y el profe pide que todas las cámaras estén prendidas: el mundo privado del hogar y sus rutinas se cuela en la clase. La virtualidad, para quienes cuentan con este recurso, transformó el cotidiano de las infancias y las adolescencias. No solo por la pérdida de contacto físico en la comunicación con los otros, sino también por la imposición de ciertas prácticas que implican tensiones e incomodidades. Una de ellas es la obligatoriedad de la cámara encendida en cada clase y la situación de verse reflejado en la pantalla con toda la intimidad a cuestas.
En una charla con La Capital, el psicoanalista Marcelo Rocha se manifiesta sobre estas tensiones y malestares que implican la exposición de la privacidad. Sostiene la necesidad de repensar permanentemente las prácticas y reflexiona sobre el imperativo de flexibilizarse contemplando excepciones, frente a la excepcionalidad de los tiempos que corren.
—La obligatoriedad de la cámara prendida es una práctica que a veces genera tensiones ante la invasión de la privacidad. ¿Qué opinión te merece este tema?
—Es una buena pregunta que hay que hacerse, porque el pensar cómo se está entrando a los hogares de los niños es una temática compleja. Entiendo que por reglamento optan por esa medida para constatar que los chicos estén efectivamente en la clase y para garantizar la continuidad del proceso educativo, porque no siempre el padre o la madre pueden estar allí. Estas situaciones de la virtualidad impuesta por la pandemia nos pone en un jaque continuo y ameritan ser pensadas en sus múltiples dimensiones. Ante situaciones de emergencia no hay cantidad de posibilidades. Podemos permitir desde la institución que los niños dejen sus cámaras apagadas pero también sabemos que el proceso de enseñanza aprendizaje tendrá mas dificultades para ser evaluado. Mi respuesta es ambigua, porque hay que reconocer que en muchas situaciones hay una invasión de la intimidad de los niños, pero también hemos oído de casos en los que gracias a la cámara encendida se han descubierto abusos, maltratos o situaciones irregulares, por eso hay que decir que este tema tiene muchos matices. Tiene tantos matices como intervenciones con un niño en sí, porque cada niño tiene su historia y su grupo de convivencia y con todas estas cuestiones deben lidiar las instituciones educativas.
Marcelo Rocha, psicoanalista.
—¿Qué sucede cuando esto implica malestares en los chicos, por ejemplo cuando no se sienten cómodos en el lugar desde donde se tienen que conectar?
—Claramente genera tensiones e incomodidades, porque no deja de ser una situación invasiva, también desde el lado del docente que está altamente expuesto en esa situación. Creo que deben abrirse espacios de escucha desde las instituciones para poder hacer excepciones. Hay niños que se sienten muy intimidados, que les cuesta horrores verse en la pantalla y no pueden sostener esta situación. Por eso es importante que los padres puedan transmitir esto a las instituciones educativas y que los docentes lo puedan contemplar. Hay chicos con problemáticas que no pueden estar mas de dos o tres minutos conectados y cuyos padres viven un sufrimiento inmenso por esta situación. Vemos que hay muchas situaciones a contemplar, tenemos que ser totalmente permeables y comprensivos de la realidad del otro. En estos momentos tiene que haber flexibilidad de parte de los docentes y de las familias, nunca tiene que dejar de existir esa comunión entre ellos.
—Hay una categoría a la hora de tomar asistencia que es: “Presente con la cámara apagada”. ¿Qué opinión te merece?
—La realidad es que nada puede suplantar lo presencial. Es complejo utilizar ese tipo de categoría, un niño tiene que poder dar su presente también con su voz. La voz y un mensaje escrito marcan una presencia, entonces la escuela tiene que contemplar también esa situación. Además, en el caso de niños pequeños hay que pensar que tal vez sus padres estén ocupados y estén solos expuestos a una situación que quizá no sepan manejar.
"Hay niños que se sienten muy intimidados, que les cuesta horrores verse en la pantalla y no pueden sostener esta situación” "Hay niños que se sienten muy intimidados, que les cuesta horrores verse en la pantalla y no pueden sostener esta situación”
—¿Cómo trascender estas tensiones y reforzar los vínculos? Se han visto docentes que toman asistencia con sus mascotas, esto en un gran enganche cuando los chicos pueden mostrar las suyas. ¿Qué te parece este recurso?
—Esos son recursos magistrales y está bueno que se lo tome como un método cuando es necesario. Aquellos docentes que tienen plasticidad, sensibilidad, van a estar pensando en la situación. Pueden preguntarle a los chicos que es lo que les gusta hacer e invitarlos con cautela a que muestren lo que les gusta. Permitir que los niños puedan mostrar objetos que los representen sin invadir su intimidad, como por ejemplo una mascota, un instrumento musical, un elemento deportivo o cualquier objeto que el niño valore y quiera compartir con sus compañeros. Esta práctica desinhibe, genera lazos y permite esa posibilidad que no tienen los niños en la presencialidad, que es la de llevar a la escuela las cosas que les gustan.
—Este recurso también funciona muy bien con los adolescentes
—Absolutamente porque los niños y los adolescentes son permeables a mostrar y a contar sus intereses, se sienten mas convocados. Esta debe ser una herramienta que el docente tienen que tener siempre a mano. Hay docentes que se abocan solo a la enseñanza de los contenidos, pero muchas veces se enseña con una charla donde los chicos y las chicas puedan compartir qué les está pasando. Hoy con tantas problemáticas que se están viviendo en muchas familias, esas charlas son fundamentales. La esencia del ser humano es la necesidad de comunicarse con un otro, entonces ante este recurso que hoy tenemos que es la virtualidad tenemos que ser permeables, flexibles y saber contemplar excepciones tanto de un lado como del otro, para no hacernos daño entre nosotros mismos. Hay muchas cosas que deben seguir siendo observadas. Hay muchos niños con problemáticas graves que no están siendo muy pensados ni contemplados en las decisiones. A veces la maestra no sabe como llegar a ese niños porque solo puede conectarse un ratito y nada mas. Ahí sería importante la función de un par pedagógico que esté asistiendo a la maestra y monitoreando que pasa con ese niño.