Educación

El desafío de enseñar economía feminista en la universidad

La mayoría de las docentes que dictan la materia no tienen cargo y su tarea no es remunerada.

Sábado 09 de Noviembre de 2019

Como un eco del encuentro de mujeres que sigue reverberando en muchos ámbitos de la vida pública, docentes de distintas casas de altos estudios se reunieron para debatir y compartir experiencias sobre la enseñanza de la economía feminista en la universidad. Organizada por la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la UNR (FCEyE) —en el marco de su centenario— la jornada reunió a profesoras de Rosario, Buenos Aires y Uruguay, que relataron cómo nacieron las cátedras que existen sobre economía y género. Tarea académica que, en la mayoría de los casos, no es remunerada y que por eso, se mantiene viva por el compromiso militante del grupo docente que la sostiene.

La economía feminista, que ganó visibilidad en los últimos años, estudia las raíces de las desigualdades sociales desde una perspectiva de género. Investiga la manera en que las sociedades resuelven la reproducción cotidiana de las personas y el rol que esto juega en el funcionamiento económico. Analiza, en muchos casos, cómo la vida doméstica en el hogar reproduce la desigualdad que hay afuera, en el mercado.

Cuando en la mayoría de las carreras de economía el porcentaje de docentes varones es mayor al de mujeres, cuando el grueso de la bibliografía que se estudia y se enseña es escrita por hombres: ¿Es necesario que existan cátedras específicas sobre género o hay luchar para que todas las currículas se construyan con perspectiva feminista? ¿Hay que conformarse sólo con un nicho? Los interrogantes que guiaron la reflexión abrieron paso a nuevas preguntas ¿Están formados los docentes en cuestiones de género? ¿Hay apoyo institucional para que todo eso suceda? El debate continúa abierto y mientras tanto, se tejen alianzas y se socializan las prácticas que contagian nuevas iniciativas. Como la de la FCEyE que, tras la jornada, definió impulsar la creación de una nueva materia electiva para construir, de a poco, una universidad feminista.

Autodidactas

Durante las jornadas que llevó adelante el Grupo de Estudios de Economía y Género de la FCEyE, las docentes que narraron su experiencia coincidieron en dos puntos: las pocas cátedras que existen son optativas y las responsables de su dictado tienen una formación autodidacta. Desde Uruguay, Alma Espino, quien dirige desde 2010 el curso de economía y género en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República (Udelar), recuerda que, hasta hace unos años, no existían espacios académicos y específicos para especializarse en el tema. "¿Dónde íbamos a estudiar economía feminista? No había manuales", expresa y opina que uno de los grandes obstáculos en economía es que los enfoques teóricos predominantes siempre fueron impermeables a las cuestiones de género. La mayoría de las profesoras hicieron cursos, maestrías, posgrados en estudios de género y cruzaron ese saber con una relectura crítica de las teorías económicas fundamentales que se dan en la facultad.

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Espino relata que, en su caso, confluyeron muchos factores para que se abriera el curso que actualmente dicta. Fue en el marco de un proceso de cambios en los planes de estudios y tras la asunción de un decano "muy progresista" a quien que le propuso la idea. La investigadora recuerda que, para que se pusiera en marcha la materia, fue clave la buena predisposición de las autoridades y, sobretodo, la alianza estratégica con el centro de estudiantes, que garantizó el cupo necesario de alumnas y alumnos para que es espacio siguiera funcionando.

El origen de la cátedra que funciona en Económicas de la UBA fue distinto. En ese caso la asignatura nació como respuesta a una denuncia por violencia de género que tuvo lugar en la facultad en 2010. La acusación involucró a un profesor misógino que menospreciaba a sus alumnas e incluso llegó a violentar físicamente de una de ellas. "Este tipo de denuncias "eran algo excepcional en el ámbito universitario", recuerda Patricia Laterra, licenciada en economía y docente desde 2016 de la cátedra de género que se dicta en la UBA. Por ese entonces, "como parche" o como respuesta a lo sucedido, Laterra cuenta que el consejo directivo de la facultad resolvió incorporar una materia optativa al plan de estudios. El objetivo era abordar la violencia de género y las desigualdades sociales, pero sobre todo incorporar el análisis de género en la economía. Desde esa perspectiva "nos permitimos cuestionar algunos supuestos generalizados en textos académicos, como la neutralidad de género, que supone que el estudio de comportamientos económicos o los efectos de las políticas económicas, pueden evaluarse sin prestar atención a las relaciones de género que operan en las estructuras socio-culturales", expresan desde la cátedra de la UBA, que fue la primera materia de este tipo en la Argentina a partir de 2013. "Los estudiantes quedan maravillados porque encuentran una forma de estudiar las desigualdades. Cada vez notamos más que éste es un espacio donde pueden canalizar lo que traen, opinar, plantear sus inquietudes sin miedos", dice Laterra y cuenta que, a partir de esas motivaciones, las docentes van incorporando nuevos módulos al programa de estudios, como el abordaje de la economía popular y el ecofeminismo, entre otros.

Efecto contagio

Tras la jornada, el Grupo de Estudios de Economía y Género de la FCEyE, anunció que presentará la propuesta de una materia electiva de economía feminista dentro de la licenciatura en economía. Así lo confirmó el docente Guillermo Peinado, que integra ese espacio académico junto a Lucía Andreozzi, Javier Ganem, Miriam Geli y Patricia Giustiniani. Desde 2007 este equipo interdisciplinario genera investigaciones y datos estadísticos con perspectiva de género y difunde esos conocimientos en un seminario electivo, en donde las y los estudiantes tienen una participación muy activa. "Hasta hace algunos años hablar de economía feminista parecía una utopía. Y hoy, en el marco de la marea, causa curiosidad, aceptación, así que creemos que éste es el momento para difundir más lo que hacemos. Entendemos que esta coyuntura puede ayudar a incorporarlo a los planes de estudio de ciencias económicas", dice Giustiniani.

Uno de los principales desafíos que se plantean estas cátedras es generar bibliografía actualizada, nuevas técnicas de estudio, como talleres en el aula, por ejemplo, e innovaciones en las formas de evaluación. Desde Uruguay, Espino considera que todavía existe la dificultad de que la mayor parte de las lecturas que se manejan siguen siendo en inglés. "Es una complicación eso", admite, porque no todo el estudiantado maneja el idioma o porque no siempre existen los recursos materiales para realizar traducciones de los papers. Es por eso que desde la Universidad de la República trabajaron en un manual de economía feminista, que está pronto a publicarse en Uruguay y que, después de estas jornadas, tendrá seguro circulación por las universidades argentinas. En esa misma línea, y para ampliar el horizonte de análisis, se presentaron durante la jornada los libros Deconstrucción del tiempo —realizado por el grupo local de la UNR— y El futuro del trabajo y la perspectiva de género, escrito por Espino; aportes de la colección Apuntes feministas que lanzó recientemente la UNR Editora.

"En estos cuatro años fuimos tomando confianza e innovando sobre el programa y los alumnos lo agradecen", dice Laterra desde la UBA y refleja así el compromiso y la militancia docente y feminista. Un trabajo académico valioso que, en la mayoría de los casos, no es remunerado porque no se asignan cargos docentes para la tarea. "No tenemos tanto apoyo institucional", reconoce la licenciada en economía y marca así uno de los desafíos principales que dejó la jornada.

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Cambios paulatinos

Otro de los debates que marcó la actividad, fue si la economía feminista debía estar acotada a una cátedra o si, en todo caso, esa perspectiva debería atravesar la totalidad de las currículas. Teniendo en cuenta el estado actual de cosas y los avances paulatinos de la última década, Laterra opina que no hay que polarizar las miradas. "Hay que trabajar por etapas y sobre esa tensión", dice, pero sobre todo, considera que hay lograr que quienes hablen del tema sean personas formadas y señala, en ese sentido, la importancia de la aplicación de Ley Micaela, que establece la capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres, para quienes que se desempeñan en la función pública. La observación general es que en la actualidad eso no sucede.

Para quienes asistieron a la jornada, muchos de los docentes no están capacitados sobre género en la actualidad y por eso se impone seguir generando estos encuentros, para coordinar acciones y compartir experiencias. "Hay que bajar los niveles de ansiedad. Los cambios llevan tiempo y son paulatinos", dice Laterra.

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