Educación

El archivo: los 1003 días de resistencia docente en la Carpa Blanca

La medida de fuerza de maestras y maestros que quedó grabada en la memoria de la ciudadanía argentina.

Sábado 03 de Abril de 2021

Década del 90. Momento histórico en el que el mercado se erigió como principal fuerza reguladora y el Estado se redujo a su mínima expresión como garante de derechos sociales. Aquellos que aún tienen presente las condiciones de vida que caracterizaron aquellos años, también recuerdan el impacto de las políticas públicas aplicadas sobre el sistema educativo nacional. En un escenario a todas luces desfavorable para la comunidad educativa argentina, el sector docente dio batalla. El nombre de la respuesta quedó guardada en la memoria de la ciudadanía como un símbolo de lucha y dignidad: la Carpa Blanca docente.

La medida de fuerza comenzó el 2 de abril de 1997 y marcaría una bisagra en la historia de lucha de los gremios docentes, por su carácter federal y por la altísima legitimidad social reconocida en el reclamo de los maestros y maestras.

La historia de la foto

La foto de archivo muestra a un grupo de docentes santafesinos que se integran a la carpa frente a la Plaza del Congreso para participar del plan de lucha. Se trata de una instantánea que forma parte de una serie de imágenes que ilustraron las notas que durante el mes de febrero de 1998 publicó el diario La Capital para informar sobre el conflicto docente. El 1 de febrero de 1998 la periodista Alicia Depetri cubrió el tema con una nota que tituló “La carpa se nutre de maestros”, en la que hacía referencia a la llegada de maestras y maestros santafesinos que se incorporaban al plan de lucha y en la que sumó la palabra de dos ayunantes, uno de ellos José María Tessa, quien fuera en ese entonces titular de Amsafé.

La crónica decía: “« Estamos aquí porque lo que padecemos los docentes de Santa Fe es producto de una política nacional que obedece a los dictados de los organismos internacionales. Tendríamos que hacer una carpa del Mercosur o una carpa de Latinoamérica», dijo Tessa, antes de explayarse sobre la situación educativa de la provincia y de criticar la aplicación de la ley federal de educación, tanto en sus bases ideológicas como en la metodología. «Porque pretende instalar una característica educativa conciliadora con los valores de la economía del mercado y nosotros no estamos dispuestos a educar para la desocupación»” (...). “Otra de las ayunantes Mirta Srahulek, maestra de la escuela 1279 del barrio Fonavi de Rosario desde hace doce años fue categórica: «Además de reclamar la sanción de una ley de financiamiento, estamos acá para exigir la derogación de la ley federal de educación»”.

El planteo de los educadores era claro, sabían que la reforma educativa a través de las leyes de tranferencia de 1992 y de la ley federal de educación de 1993, implicaba asumir los lineamientos del Banco Mundial y el FMI para los cuales la educación era un bien de mercado y no un derecho social. Y que en ese paquete de medidas ligadas a políticas de ajuste estructural, el sistema educativo sufriría perdidas irreparables.

Finalmente, la cobertura de Depetri no se privó de emoción e hizo referencia a una anécdota debajo de un subtítulo que dice “Aplausos para el maestro”. El relato cuenta la historia del docente Roque Barreto, quien por ese entonces integraba el grupo de apoyo que acompañaba a los ayunantes, y que además fuera el primer maestro santafesino en instalarse en la carpa blanca el 2 de abril de 1997. “Maestro de la escuela 1.209 de Cabín 9 de Pérez, cuenta que debió abandonar la medida unos días antes que sus compañeros de lucha porque «había perdido muchos kilos», y se emociona hasta las lágrimas cuando recuerda el apoyo y el cariño que recibió de la comunidad educativa de la que forma parte. «Un sábado 12 de abril estaba dentro de la carpa y escuché que coreaban mi nombre. Cuando salí me encontré con mis compañeros, alumnos y padres que habían venido a verme en tres colectivos, no lo podía creer». Pero cuando no puede contener las lágrimas es cuando recuerda que a su regreso a la escuela, después de conversar con los alumnos y contarles su experiencia «una nena de segundo grado levantó la mano para preguntarle a su maestra: ¿lo podemos aplaudir?, dijo, y ahí me puse a llorar como un loco»”.

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