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Y llegamos a los 25 años

Cuando el 23 de septiembre de 1989 inauguré la Sala Cultural en mi propia residencia de barrio Parque Field, lo hice con el propósito de brindar apoyo intelectual a los alumnos que finalizaban la escuela secundaria y orientarlos a elegir la línea de la terciaria.

Sábado 20 de Septiembre de 2014

Cuando el 23 de septiembre de 1989 inauguré la Sala Cultural en mi propia residencia de barrio Parque Field, lo hice con el propósito de brindar apoyo intelectual a los alumnos que finalizaban la escuela secundaria y orientarlos a elegir la línea de la terciaria. En reuniones sabatinas comenzó a asistir un buen número de interesados en esta actividad sin fines de lucro. Pero a muy corto plazo, estos jóvenes fueron invitando a sus familiares, éstos, a su vez, convocaron a personas amigas y cuando decidí hacer un balance me sorprendió la gran convocatoria obtenida por mi propuesta. Pocos años después tuve que ampliar el espacio geográfico y fue así como la semilla plantada, gracias al riego personal de todos los participantes, dio su maravilloso fruto. A la parte literaria se sumaron otras actividades que plasmaron las expectativas en la región, donde todo fue superando en calidad selectiva. Por este recinto pasaron destacadas personalidades de Rosario y localidades circundantes acumulando el afán de los protagonistas en acompañar a esta noble tarea. Ellos dejaron huellas imborrables en el espacio en que se vive cada semana. Oradores, disertantes, escritores, poetas, profesionales de la medicina, psicólogos, abogados, docentes, directores de centros culturales y otros referentes de tantas temáticas muy largas de enumerar. Sumaron su aporte artistas plásticos, artesanos, músicos, cantores, locutores de radio, coros, niños ofreciendo recitales de guitarra, grupos de teatro, intérpretes de instrumentos formando conjuntos de distintos géneros, y hasta humoristas que pusieron la nota feliz en los intervalos. Las colectividades de distintos países también se hicieron presentes y durante muchos años los que participaban concurrieron a la Feria Internacional del Libro, en Buenos Aires. Entre estos hacedores de la cultura hubo sugerencias importantes como lo fue la creación de la “Semana de la Ecología en Rosario”, la que se realizó durante cinco años en beneficio a la atención del medio ambiente. Hoy todo sigue funcionando sobre el ejemplo de los que ya no están y renovando las propuestas de acuerdo con los tiempos que corren. Cuando la voluntad domina a la adversidad; cuando la vocación supera a la ambición; cuando la humildad debilita a la soberbia y cuando el ego se deja a un costado para alentar a los que no tienen fe en sí mismos, se logra cumplir 25 años de labor constante forjada en la armonía, en el equilibrio y en la amistad -grandes atributos de la condición humana-. Mi reconocimiento infinito a quienes han trabajado y a los que siguen apoyando esta propuesta cultural para la difusión de los valores artísticos y la preservación del medio ambiente porque, gracias a ello, hoy podemos decir con orgullo ¡Feliz aniversario, Ediciones Plateadas!

Elda Caprini
LC 5.552.214

Elecciones en Rosario Central

El próximo domingo 5 de octubre se votará en Rosario Central. Se elegirán las autoridades para los próximos cuatro años. Entre titulares y suplentes, las boletas deberán estar conformadas por 29 miembros. Nuevamente nuestra querida institución tendrá la oportunidad de ser conducida por gente que, además de centralistas, sean moralmente intachables, posean vocación de servicio, no claudiquen ante los aprietes de los que hasta ahora vivieron de Central, informen periódicamente a hinchas y socios sobre la situación institucional, modernicen los circuitos dinerarios mediante la bancarización de los mismos, pongan la máxima atención en las divisiones inferiores, fuente inagotable de futuros grandes futbolistas, no como hasta ahora que el aporte a las divisiones superiores es absolutamente escaso. Será un sueño, pero el 5 de octubre puede ser el nacimiento de un nuevo Central, con futuro, alejándose de la mediocridad tremenda en la que lo sumieron las últimas conducciones. Puedo decir que además de ser mal conducido por años, Central fue saqueado, esquilmado, ofendido, denigrado, por quienes, sin tener la mínima preparación y vocación, se hicieron cargo de una de las más grandes instituciones del interior del país. Desde aquel equipo del Patón que llegó a instancias finales de la Libertadores, Central navegó en la pobreza futbolística más grande de su historia. Hoy hemos perdido el “estilo canaya” para jugar. Hoy hace 28 años que no somos campeones de primera división. Hoy tenemos los cuerpos técnicos más caros de la Argentina y seguimos navegando en mitad de tabla. Pero lo peor es que el futuro no pinta para ser mejor. La inmensa deuda que tiene Central con prestamistas supera largamente el total de un presupuesto anual. En estas condiciones tendremos que conformarnos con sacar alguna promesa de Tiro Federal (!). Socios centralistas les pido que el próximo 5 de octubre, antes de poner el voto, piensen en Central. Estamos mal pero tenemos la potencialidad y las ganas de volver a las épocas de los grandes logros.

Daniel Aguilera
DNI 6.061.501

Colectivos
sucios

El domingo 12 de septiembre compré en la estación Retiro dos pasajes hacia Rosario, en una ventanilla donde se anunciaba que el próximo ómnibus salía a las 10. Sin preguntar quién nos trasladaría (grave error), pedí los boletos. Cuando los tuve en mano leí: “Empresa Argentina”, lo que me hizo exclamar: “¡Para colmo llueve!”. Mis dos experiencias anteriores con esta empresa fueron en días de lluvia, durante los cuales no sólo llovía fuera del coche. También me dije: “No te anticipes, pudieron ser casualidades”. Al subir al ómnibus me invadió un olor a sucio y a polvillo muy desagradable, pero lo peor fue ver el deprimente estado general del interior. Nunca supuse que un ómnibus pudiese presentarse al público en ese estado. Por decir algo; no me animé a correr la cortina de la ventanilla, pues tenía grandes manchas de no se sabe qué época y uno de los asientos no podía reclinarse. También tengo que decir ¿lo bueno?: llovió afuera pero no adentro; al menos, no en la zona donde estábamos nosotros. Mi marido se animó a ir al baño; no había jabón, ni papel para secarse las manos. Tomé el número de la unidad: 2528R; quizás innecesariamente, pues por lo que he percibido las unidades son similares. En mi viaje anterior una indignada pasajera tomó fotos del interior y supongo que las presentó y que se quejó. ¿Quién controla estas unidades? ¿Cómo se permite que trasladen pasajeros en estas condiciones? El pasaje cuesta 225 pesos, no sé si es caro, si es barato, si le rinde a la empresa o no; lo que sé es que no deberíamos viajar en estas condiciones de deterioro y suciedad.

María Inés González
DNI 6.288.212

Los malabaristas de los semáforos

Hay semáforos que detienen la marcha casi siempre. Son largos. Muchos juegan por guiños, generando un paisaje conocido donde el rojo enciende otros peligros. El amarillo es un sol que brilla más de noche y el verde una esperanza que algunas veces no la representa. Allí, en esa encrucijada de luces encendidas, de automóviles diversos que esperan un niño de apenas 8 ó 9 años, que podría pasar por un chico de clase media, aunque la realidad lo desmienta. La pobreza ya no distingue. En el silencio de la noche contorsionándose, poniéndose cabeza abajo, casi como su realidad, trataba de esforzarse, quería convencer a esos automovilistas de que su necesidad estaba en la búsqueda de alguna moneda. Silencio, algunos motores a lo lejos, y la paciencia de un semáforo que daba tres pasos de cruce generaban ese clima de calma insensibilidad. En esos casos me apresuro a levantar un billete de dos pesos y mostrarlo a ese niño, y también para que lo vean los demás, como deseando que se contagien, espero siempre que aliente a los dueños de autos más caros y nuevos. No es fácil. Pero suele ser posible. Muchas otras veces, levantó un billete de cinco, y muy otras pocas veces de diez. La motivación, siempre la misma: el contagio. Hay quienes pasan rápido por la vida, sin ver la dura realidad que aqueja a tanta gente desesperada que transita en el subsuelo de la vida cotidiana. No tienen nada y para doblegar tanta nada, las horas y los días no alcanzan una comida, o algunas veces dos, se complementa casi siempre revolviendo la basura.Hay poca instrucción. Hay padres ausentes, hay padres o madres abandonadas, y unidas por otros desesperados. El vacío, la mugre, la basura, el agua estancada, algunas chapas, la intemperie, el hambre, el desprecio, el maltrato el abuso y la infame paga de la changa, los convierte casi en animales abandonados a su suerte, se les saca todo el esfuerzo y se les deja todo el cansancio. Ellos, cada vez son más. Quizás no son los que roban, pero conviven con ellos y hasta algunas veces los acompañan, son sus vecinos. Ellos prefieren trabajar, pero la oportunidad es esquiva y nadie quiere probar. Pero aún en la espera del semáforo verde, levanto mi billete bien alto. Y alcanzo a ver que al acercarse a buscarlo, se dibuja una sonrisa en esos rostros callosos de orfandad, y suelen decir “gracias, que Dios lo ayude” como si ellos no merecieran nada. Ojalá que Dios haga que ese niño pueda encontrar un camino en la vida que lo lleve a algún puerto donde pueda sentirse humano. Ojalá recuerden que algunos desertaron del bando de los insensibles y que les dieron algo, aunque sea una esperanza y el de saber que cuando la vida si lo lleva a lugares oscuros, cuando tengan un arma en la mano recuerden, esas manos, al menos que sin solucionar nada, dijeron, soy diferente. Creo que debería hacerse otra cosa, pero no existe la posibilidad de construirla solo. Cuánto me gustaría que más gente de clase media supiese que la seguridad la debemos construir luchando contra la desigualdad, contra la pobreza extrema, que debemos encontrar en el trabajo, la educación, y un proyecto estable, recuperar a tantos prójimos heridos, aniquilados, a tantos niños que sepultados en el barro y el abandono, podrían ser iguales a nuestros hijos, si nos lo propusiéramos. Ya se encendió el verde, los motores se aceleran. Es el momento de partir.

Miguel Amado Tomé

¿Qué está pasando en Santa Fe?

Esa fue la pregunta que me hacían en diferentes lugares de Corrientes en un viaje que realicé hace pocos días. No supe qué contestar, un poco por vergüenza, otro poco por no saber yo tampoco. Más desconcertado estaba cuando a través de la ruta nacional 12 fueron no menos de seis controles policiales y camineros que me detuvieron, y muy educados me pidieron los papeles del vehículo, como también me preguntaron si necesitaba algo y cómo estaba viajando. Sin palabras. Segundo desconcierto, rutas en perfecto estado, y lo que está roto lo están reparando. Sin peajes, con la tranquilidad de que no te van arrojar un ladrillazo para robarte. No es Suiza, es una provincia hermana que quizás tenga las mismas necesidades que nosotros y me repregunto: ¿por qué acá no? Al regreso la lluvia me sorprendió en mi querida Santa Fe, más precisamente en la autopista Rosario-Santa Fe, donde previo pago de 14 pesos tuve acceso a esta maravilla moderna llena de baches, donde varios autos despistaron, gracias a Dios sin consecuencias graves. Debería agradecerle a nuestro querido gobernador su despreocupación constante hacia los ciudadanos que en materia de seguridad vial y personal todavía seguimos esperando. Pero creo que hay una esperanza, vamos hacia un año electoral.

Hugo Opezzo
DNI 16.830.084

 

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