"Si no obedecés, te mando a una escuela pública, con los chicos de la villa". Esa fue la frase que oí. Y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Como persona formada en instituciones públicas desde primer grado hasta la Universidad, pregunto: ¿cómo es posible que pertenecer a la escuela estatal se piense como castigo? Hablan de individualismo, pobreza, corrupción, desigualdad social, crisis de valores, y reprenden a sus hijos con lo más valioso y primordial que debe tener un Estado. He tenido que escuchar que otros padres digan: "¡Sí, yo también amenazo a mi hijo con eso!". Con estos novedosos castigos y perdiendo nuestra capacidad de asombro, fomentamos ni más ni menos que la desintegración social ya desde temprana edad. La discriminación y la ceguera generalizada de lo que le ocurre al otro traspasan generaciones. Y lentamente van entrando en esas cabecitas llenas de fantasías, cuentos, amor y juegos la conclusión de que están en las ciudades "los negros de la villa, y que no hay que relacionarse con ellos de ninguna manera". Ay papá y mamá, ¿qué es lo que me están haciendo escuchar?































