Son numerosos los testimonios de religiosos y dirigentes de comunidades cristianas, cuya historia se remonta a los orígenes mismos del cristianismo, vienen desapareciendo bajo la presión del fundamentalismo islámico.

Son numerosos los testimonios de religiosos y dirigentes de comunidades cristianas, cuya historia se remonta a los orígenes mismos del cristianismo, vienen desapareciendo bajo la presión del fundamentalismo islámico.
Tales actores sociales coinciden que en la siguiente década habrá muy pocos cristianos viviendo en Belén, lugar donde nació Jesús. Lo mismo en Nazaret, donde Jesús creció, y hasta en Jerusalén, donde cerca de 600 iglesias históricas existen todavía.
Los cristianos en el territorio palestino han caído del 15 por ciento de la población árabe en 1950 a sólo 2 por ciento. Belén y Nazaret, que han sido pueblos abrumadoramente cristianos, tienen ahora una fuerte mayoría musulmana.
En los últimos 20 años han huido de la región unos dos millones de cristianos y la mitad de todos los cristianos iraquíes emigraron clandestinamente en los últimos diez años a causa de "la gran presión de los radicales musulmanes", según se ha denunciado en numerosas oportunidades.
Con todo, un grupo de familias cristianas se rehusa a abandonar la tierra de sus ancestros y sigue dando testimonio de su fe, precisamente lo que los radicales islámicos tratan de evitar.
Por otra parte, en Egipto, muchas leyes o costumbres favorecen a los musulmanes y su constitución proclama al Islam como la religión del estado. Es casi imposible construir o restaurar iglesias católicas y las leyes prohiben las conversiones de musulmanes al cristianismo.
En Arabia Saudita, todos los ciudadanos deben ser musulmanes, es ilegal importar, fabricar o poseer objetos cristianos o no musulmanes, y los cristianos son encarcelados y deportados por esa causa.
Sudán ha seguido los códigos islámicos desde 1983 y se declaró como país islámico en 1991.
Una brutal guerra civil emprendida por los musulmanes de Arabia del norte contra los cristianos y los africanos negros animistas del sur ha matado más de dos millones de personas.
En Afganistán la aplicación rigurosa de las leyes islámicas ha sembrado tal odio hacia los cristianos que ellos no pudieron mantener abiertas sus iglesias.
Por otra parte, en Irán la pequeña población cristiana (un 0,4 por ciento) es tratada como una "segunda clase". La literatura cristiana es ilegal, los conversos del Islam a otra religión son perseguidos y la mayoría de la iglesias evangélicas son consideradas clandestinas.
En Tierra Santa
En sintonía con el resto del mundo árabe los cristianos de Gaza son perseguidos, hostigados y expulsados. Aproximadamente 230.000 cristianos han abandonado Tierra Santa desde 1948. A partir de 1967, engrosaron las filas de la emigración a países centroamericanos, a Chile, a Europa o a ciudades como Detroit (EE UU), donde residen más cristianos palestinos originarios de Ramala que en la propia capital de Cisjordania.




