Pasaron apenas 15 horas desde que Hermes Binner firmó el decreto de
desdoblamiento de las elecciones en la provincia de Santa Fe para 2009, que tendrá tres elecciones
generales y obligatorias, entre junio y octubre próximos, hasta que Reutemann volvió a hacer mucho
ruido mediático con un escueto comunicado de seis líneas, el de su renuncia al bloque. Y resulta
imposible desvincular un hecho con el otro.
La decisión de Binner era previsible, aunque no deja de ser noticia: nunca antes
en toda la historia de la provincia se habían desdoblado elecciones de medio mandato, como ocurrirá
este año. Esa decisión, al parecer, terminó por convencer a Lole de que su rol como candidato a
senador no podía ser otro que para defender el rumbo del gobierno nacional.
Pero si hay algo que Lole detesta es meterse en una pelea que no siente, y que
además, por ahora, viene adversa para el oficialismo.
Con el puñado de palabras de enero, Reutemann agigantó esperanzas, fantasías y
llenó hojas y hojas los diarios, con más especulaciones que certezas. Sin embargo, no logró
convencer al jefe nacional del justicialismo, Néstor Kirchner, de que deje a Santa Fe enteramente
en sus manos de cara a las elecciones nacionales.
Lole necesitaba hegemonizar un discurso de campaña encapsulado en la provincia,
favorable a la causa del campo, y el veto a Agustín Rossi, como símbolo de lo contrario. Eran sus
condiciones mínimas para seguir en carrera. Pero hasta ayer Kirchner no le había concedido ese
beneficio y tampoco parece tan sencillo que se lo conceda un congreso del PJ de Santa Fe, donde las
aguas están divididas.
La decisión de Lole, de todos modos, interpela y muy fuerte la estrategia de
seducción que vino jugando Néstor Kirchner para con el santafesino. Si Reutemann le falló a
Kirchner en su batalla principal, en el Senado, en 2008, ¿por qué habría de "resolverle" al
gobierno nacional una pelea electoral muy compleja, en Santa Fe, en 2009?
R.M