Leí con mucha tristeza otra muerte de un adolescente de muy poquitos años; vi y leí con mucho dolor como sus abuelos abrazaban (decía la nota) y tocaban la cara de su nieto en un cajón muy pobre. Pero lo que más me llamó la atención es que este pobre niño (pobre por la falta de atención y cuidado por parte del Estado) había sido enviado al Irar para su rehabilitación como si hubiera sido un premio en su vida y una solución. ¡Cómo se nota que desconocen realmente que ese lugar no es para rehabilitación sino para ir acumulando resentimientos, iras, odios que luego se desquitan con nuestros nietos, matando o robando! Por lo tanto está lejos la institución de cumplir con el objetivo de rehabilitarlos. Hace mucho tiempo que se presentó un proyecto al Concejo donde nos ofrecíamos los Abuelos Sustitutos a concurrir para contener, escuchar y acompañar a estos niños en ese lugar. Ese proyecto (cajoneado) decía que se buscaría un trabajo a estos niños cuando salieran del encierro e iba a ser controlados sus comportamientos y vigiladas sus actitudes, no como vigilantes sino sólo como abuelos. Era el objetivo de este proyecto demostrar a estos niños que no estaban solos y menos olvidados, sino que la figura contenedora de los abuelos ayudarían a la rehabilitación de los mismos. Un solo motivo era lo que me impulsó a presentar este proyecto y fue el de querer darles amor y que sintieran que no eran rechazados en este sistema. Otro niño que se va, un sistema perverso que no cambia y sólo nos queda esperar leer en las noticias quién será el próximo.





























