Por estos días la sociedad se vio convulsionada por los acontecimientos del reclamo policial. Ríos de tintas se publicaron, muchas horas de los medios de comunicación, teorizaciones de sociólogos y politólogos, y las opiniones vertidas de los ciudadanos nos comentan cada uno una distinta realidad, pero como dijera el general: la única verdad es la realidad, y la realidad es que no podemos aspirar a tener seguridad con los sueldos que tienen los policías, no podemos tener educación con los sueldos de los docentes y no podemos tener salud con los sueldos de los empleados de la salud. Ahora bien, si se quiere apelar a las vocaciones, al espíritu de sacrificio y otros eufemismos para justificar los malos sueldos, es otra cosa, y nos aleja de la realidad. Los “pilares de la sociedad” no pueden bastardearse, vivimos años, décadas, centurias sin el reconocimiento económico acorde con sus tareas, la sobrecarga horaria de muchos de ellos y al desprestigio a los que se los somete en estos últimos años, síntomas de una anomia social permanente. Como sociedad debemos preguntarnos: ¿cuáles son las causas que nos llevan a plantarnos la salida individual (que sólo crea confrontaciones) a la colectiva a estos problemas? La función del gobernante es priorizar el “bien común”, el asunto público más trascendental sobre el cual se debe apoyar todas sus acciones, que promuevan auténticamente la dignidad humana.


























