En nuestra sociedad estamos acostumbrados a escuchar despectivamente la palabra “geriátrico”, dado que siempre me pareció que es lugar donde se depositan personas de la tercera edad que ya no tienen forma de vivir con su familia ni al cuidado de ellos. Claro que esto se torna despectivo o como una mala palabra cuando estos abuelos son depositados y sin miras de que sean bien atendidos, ni por quienes atienden ni por sus familiares, que lo único que quieren es poner a un costado a esas personas que se han convertido en algo descartable. Sin embargo, existen otras opciones, otros lugares. Y quiero tomar como ejemplo el lugar donde desde hace más de tres años estuvo Ilda, mi madre. Sol Naciente es una institución donde mamá logró estar estos últimos años de su vida en una situación de contención, acompañamiento y atención; yo como hijo no se lo hubiese podido dar en nuestra casa, ya que allí con un grupo de asistentes fue cuidada de una forma que resalta por su excelencia, donde además del cuidado físico siempre existió el acompañamiento emocional, celebrando cumpleaños, fiestas de Navidad y Año Nuevo, el Día de la Madre, el Día del Amigo y algún otro que ni me acuerdo. Pero todo esto no hubiera sido posible sin la coordinación de Horacio, su titular, sus hijos Bebo, Carolina y Juan Manuel, quienes demostraron en todo momento una relación de nietos postizos para con los abuelos del lugar. Qué puedo decir de las asistentes, las voy a nombrar tratando de no olvidar a nadie: Roxana, Liliana, Griselda, Graciela, Evangelina, María del Carmen, Etelvina y Cristina, incluyendo a quienes daban actividades de acompañamiento y siempre lograban el compromiso para la participación de todas las abuelas. Destacar todo esto hasta parece ridículo en la expresión, pero en la vida cotidiana a la que nos hemos acostumbrado a vivir, parece que lo obvio ha dejado de ser normal. Quiero asentar en estas líneas mi total y profundo agradecimiento por todo lo vivido junto a Ilda en esta institución, quien el viernes pasado se fue de viaje para encontrase con mi padre en ese lugar que para nosotros todavía nos resulta desconocido. Seguro que mi madre desde el cielo los estará viendo y con una sonrisa les dirá “hasta siempre, gracias”.


























