Un hogar en ruinas, arrasado por la catástrofe; un refugio que se ha vuelto intemperie: una casa de viento es un oxímoron. Esa falta de contención, de límites, alude al despliegue imaginativo de la poesía de Ortiz, que asocia sin esfuerzo situaciones cotidianas o referencias autobiográficas con asteroides y galaxias, lo que les da un inusual aire de ciencia ficción a muchos de sus poemas —sin duda motivado por esa propensión exploratoria de los límites— y que comunica al sujeto poético con su dimensión cósmica: "No vi fantasmas ni espectros/ espíritus goteando luz;/ no el universo/ su cavidad intensa/ la suma de galaxias.// La flor bordó leía tu mensaje/ bordeaba la forma de una gasa/ —líquida—/ abolía el tiempo / la forma del espacio". Cósmica e irónica. Un humor sombrío tiñe con frecuencia las referencias al Ganges satelital, hologramas, cintas de Moebius, cyber redes romboidales, haces lumínicos, derivas del neón: "Bastará un click tecnológico y el pueblo/ jamás será vencido".
































