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Tres procesados por matar, descuartizar y arrojar un hombre en un arroyo

La víctima, Daniel Osmar Luque, tenía 42 años y desapareció de su casa de Santa Fe en septiembre de 2012. El hallazgo de su cráneo tiempo después echó luz sobre lo ocurrido.

Domingo 01 de Diciembre de 2013

La macabra historia del asesinato de Daniel Osmar Luque, un rafaelino de 42 años residente en el barrio Candiotti de la ciudad Santa Fe, tiene todos los elementos para convertirse en una novela. Un thriller inédito para tierras santafesinas. Luque fue asesinado dentro de un auto el viernes 28 de septiembre de 2012 tras ser levantado a metros de su casa y no se supo nada de él durante ocho meses. Recién entonces los investigadores comenzaron a resolver el caso, sobre fines de junio pasado, cuando un examen de ADN confirmó que el cráneo hallado por un pescador a orillas del arroyo Leyes, en el departamento Garay, correspondía a Luque. Ese hallazgo se había producido nueve días después de la desaparición del rafaelino.

Fue un informe del Centro Regional de Investigación y Desarrollo (Ceride) dependiente del Conicet el que confirmó que el cráneo que un pescador desprevenido había enganchado en las turbias aguas del Leyes era el de Luque. Y así la carátula del expediente pasó de averiguación de paradero a homicidio. Eso ocurrió el 26 de junio y a partir de ese momento el juez de Instrucción Nicolás Falkenberg comenzó a ordenar detenciones en el marco de una profunda pesquisa.

El 23 de agosto cayó preso Adrián Alejandro Arbizu, de 38 años. Tres días más tarde fueron apresados Ana María Cuffini, ex pareja de Luque y empleada de la Delegación Santa Fe de la Afip, de 46 años, y su concubino, Marcelo Torres, de 39. Los investigadores dijeron entonces que tras la ruptura entre la mujer y Luque, el hombre continuó viviendo en la casa que habían alquilado juntos en Vélez Sársfield al 3300, en el barrio Candioti de la capital provincial.

Por contrato. En ese marco, dicen los investigadores, Cuffini contrato a Arbizu para que sacara a Luque de la casa y después tanto la mujer como Torres fueron partícipes del macabro crimen. Sin embargo, en la resolución mediante la cual el juez Falkenberg procesó a los tres detenidos, no termina de quedar claro si el homicidio se produjo como acto final de un amedrentamiento que salió mal o si en realidad fueron con la idea de asesinarlo.

Una vez que el juez clausuró la etapa de instrucción dictó el procesamiento de Arbizu y Cuffini por la doble calificación de "homicidio agravado con el concurso premeditado de dos o más personas" y "por haberse realizado por promesa remuneratoria, en carácter de coautores". Y a Torres "como coautor del delito de homicidio calificado con el concurso premeditado de dos o más personas, en razón de que la mayor gravedad de la pena prevista para dicha agravante desplaza la participación que el mismo tuviera en la calificación vinculada a la promesa remuneratoria".

En la costa. Cuando la mañana del 7 de octubre de 2012 un pescador tiró su línea al arroyo Leyes, dentro del predio del camping Los Zapallos (en el departamento Garay), jamás imaginó que traería hacia la costa un elemento vital para resolver la desaparición de una persona. Un cráneo humano quedó sobre la arena sucia, a unos 224 kilómetros al norte de Rosario. Una imagen con la que podría comenzar un capítulo de algún thriller psicológico de series como "Criminal Minds" o "The Fall".

Aquella mañana Luque llevaba nueve días desaparecido. Una máxima de la ciencia forense es que los "cuerpos hablan" y esa osamenta no fue la excepción a la regla. Una vez que el ADN expuso que la cabeza hallada era la de Luque, todos los testimonios que obraban en el expediente abierto por la desaparición del hombre terminaron jaqueando a los tres detenidos.

"Cabe aclarar que si bien parte de los detalles resultan indemostrables, en la medida que no han existido testigos presenciales dentro de la camioneta (donde ocurrió el asesinato), gran parte del relato se corrobora con otras pruebas producidas en la causa", explica el juez en su resolución.

Y dentro de esas pruebas, los testimonios de dos personas de identidad reservada fueron vitales para conocer las circunstancias en las que Luque fue "chupado", como en la jerga se refiere al secuestro de una persona a la manera en que lo hacían los grupos de tareas durante la dictadura militar y posteriormente asesinado adentro del vehículo. A Luque lo levantaron tres personas que para la pesquisa fueron Cuffini, Arbizu y Torres. Después le quebraron el cuello y finalmente se deshicieron del cuerpo al que evisceraron, descuartizaron y diseminaron en el arroyo Leyes.

Pero uno de los ahora procesados no pudo o no supo callar y lo contó todo con detalles. Tantos detalles que Arbizu quedó involucrado en otro asesinato: el de Lucas Damián Ibánez, ocurrido el 24 de octubre de 2011 en una casa quinta de Colastiné Norte. Ese expediente también está en manos del juez Falkenberg.

"La única forma de que la testigo (de identidad reservada) conozca los detalles que brindó y que reitero son concordantes con las pruebas colectadas, es por boca propia de alguno de los protagonistas", explica Falkenberg en su dictamen.

 

Triste final. Daniel Osmar Luque tenía 42 años, dos hijos gemelos de 12 años y un presente plagado de deudas. Además tenía una severa adicción a las drogas. "Mi hermano podía terminar mal", testificó uno de sus parientes en el expediente. Por su parte, Ana María Cuffini tenía un buen pasar ya que trabajaba en la delegación santafesina de la Afip y vivía en un barrio cerrado de las afueras de la ciudad conocido como La Tatenguita. Ambos se conocieron y convivieron en la casa de calle Vélez Sársfield del barrio Candioti. Pero la cosa no funcionó. Era una relación enfermiza y potenciada por las adicciones.

La lectura de la resolución del juez Falkenberg expone claramente cómo, tras la separación, uno pasó a engrosar los problemas del otro. Luque se refería a Cuffini como "la loca" o "la borracha", una mujer que lo hostigaba y ya no lo dejaba vivir. De hecho, a sus amigos les había contado que los hermanos de Cuffini lo buscaban para molerlo a palos. Ella, en tanto, exploró otras opciones. Uno de los testigos de identidad reservada escuchó como en una cena Cuffini hablaba con Arbizu sobre un problema que quería que le resolviera.

En la esquina. El viernes 28 de septiembre de 2012 a las 21 Luque fue hasta una despensa del barrio a comprar una botella de champagne frío, la bebida preferida de ella. Como no había, probó suerte en un quiosco ubicado a pocos metros de allí. Pero antes de que pudiera llegar fue golpeado duramente por dos hombres y metido a los golpes dentro de un Renault Sandero Stepway negro conducido por una mujer. Las descripciones dadas por los testigos se ajustan a Cuffini y Arbizu como los ocupantes del rodado.

Arbizu, robusto y ex fisicoculturista, gustaba de amenazar haciendo el gesto de que podría quebrar un cuello. "Con las manos hacía el gesto y decía «tac» imitando el ruido del hueso roto", contó una testigo. Y eso fue lo que terminó haciendo con Luque dentro del auto tras una larga pelea mientras el vehículo circulaba.

Muerto Luque, el problema para los homicidas fue deshacerse del cuerpo. Entonces fueron a la casa en la que Arbizu vivía con su familia en el distrito costero de La Guardia, a unos 8 kilómetros al este de Santa Fe. El relato de los testigos sobre cómo hicieron para desaparecer el cuerpo son espeluznantes (ver aparte). Luego Arbizu nadó por el Leyes y diseminó las miembros amputados. La cuchilla y una lona utilizada en el desmembramiento fueron halladas en la casa en la que vivió Arbizu. Según el dictamen, por la muerte de Luque su ex pareja le entregó a Arbizu un cuatriciclo y dinero en efectivo. Además los testigos dijeron que el homicida alardeaba de sus amistades con abogados y contactos con policías de la Unidad Regional I y la Tropa de Operaciones Especiales. Incluso le incautaron prendas de policías. De no ser apelada por las partes, la causa por el crimen de Daniel Osmar Luque irá a juicio oral y público.

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