El pasado 30 de julio, La Capital publicó algunas críticas del arzobispo Héctor Aguer sobre el "Manual nacional para formadores en educación sexual". En toda educación, lo primordial es educar a los educadores y este manual está dedicado a los educadores y no a los niños y adolescentes. Hay muchas formas de educar sexualmente. Cuando no se menciona, también se educa: "De eso no se habla". Los programas de TV que muestran conductas sexuales groseras, también educan: en la pornografía, en el hágalo ya. Y así. El arzobispo Aguer afirma que en tal manual se inculca a los niños "el derecho a fornicar lo más temprano posible, sin olvidar el condón". Fornicar (palabra tan ofensiva) según el diccionario es: "El vicio de copular fuera del matrimonio". También refiere que "el juego sexual y la masturbación son excesos que encierran a los niños en sí mismos". Aclaro que el juego sexual no es algo solitario, sino que lo practican el macho y la hembra de toda especie, incluida la humana, para que la cópula se realice en las mejores condiciones. Ese juego previo se realiza sobre todo para preparar a la hembra pues debe irrigar no sólo la vagina sino la vulva y alrededores; mientras que el macho sólo debe irrigar la zona peneana. El juego del pavo real que despliega su magnífica cola frente a las hembras extasiadas, es para prepararlas para el coito. El perfume de las flores también está al servicio de la reproducción. Aunque el arzobispo no aborda la sexualidad animal, me referiré a la misma pues a veces se la asocia a un descontrol. Ningún animal hace nada que empiece con "c" en vano: no come por comer, no corre por correr, no copula por copular; sólo copula cuando la hembra está preparada para la reproducción. El ser humano ha descubierto que su sexualidad está más allá que su fin reproductivo, y que su ejercicio es muy placentero, y que puede separar la reproducción del erotismo con los métodos anticonceptivos. El método más aceptado por la Iglesia es el de los días fértiles: no copular cerca de la ovulación. No estoy en contra del mismo; pero reflexiono que es una obligación más para la mujer: cuando está más predispuesta ecológicamente, o sea cuando ovula: no debe copular y cuando suele presentar trastornos menstruales: sí puede copular. Para finalizar: la educación sexual debe promover la responsabilidad sexual, sobre todo la coital, conocer no es practicar. Ni un abuso, ni un desuso, y sí un uso responsable del ejercicio de la sexualidad.
































