En relación a un par de cartas publicadas en este espacio referentes a Sócrates y la Navidad llamaron mi atención, ya que encontré en ellas varios puntos objetables. En relación a Sócrates, fue un filósofo griego anterior al cristianismo. Sus escritos nunca fueron hallados; lo que se sabe de su vida es gracias a los relatos de sus discípulos. Vivió mucho antes que Jesús, por ende nunca pudo haber opinado sobre él. Es un error afirmar que fue condenado a muerte por su lucha contra los enemigos del cristianismo. Sócrates fue acusado de ateísmo por considerar que el conocimiento no debía limitarse a las verdades divinas. El hecho de que su interés primordial haya sido la moral no lo convierte en cristiano; la ética y la moral no son propiedad exclusiva de la religión. En cuanto a la Navidad, la mayoría de los creyentes desconoce que ésta es, en realidad, una festividad originalmente pagana, que de hecho precedió al cristianismo; en el 274 AC el emperador Aureliano designó al 25 de diciembre como la fecha en la cual se conmemoraba el nacimiento del sol. La Iglesia adoptó esta y otras tradiciones y la convirtió en lo que actualmente es: una celebración manufacturada. Los cristianos no son más paganos que los ateos, por ende considero ilógico aferrarse a una creencia antigua, desestimando las demás. Citando a Tom Flynn, un día festivo debería ser global y universal, igual para todos los humanos, sin importar su herencia cultural o lugar de procedencia. Cabe destacar que es un objetivo difícil de lograrse si se le sigue imponiendo un carácter religioso. La Navidad, como la conocemos hoy, está compuesta por un gran número de prácticas paganas, algunas piezas de tradiciones cristianas, y una creciente cantidad de creaciones modernas, como el consumismo desmedido. Claramente se ha vuelto una costumbre arraigada. Si puede ser utilizada para reunirse y reafirmar valores seculares, bien. Pero si es alejada de dogmas, mejor.





























