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Sentimiento y talento en la música de Bajofondo

El grupo liderado por Gustavo Santaolalla brilló en su debut en Rosario. En vivo se mostraron explosivos y carismáticos. 

Lunes 26 de Agosto de 2013

El proyecto Bajofondo Tangoclub, que apareció en los albores del siglo XXI como un supergrupo efímero de argentinos y uruguayos, hoy se consolidó como una banda bajo el signo de la música del Río de la Plata. Con el sello de sonidos electrónicos, beats programados, teclados y sintetizadores, integrados a una formación más o menos clásica de guitarras eléctricas, contrabajo, batería, bandoneón y violín, además de un par de generaciones interactuando dentro del colectivo, el combo creó una forma peculiar de entender y representar la identidad musical rioplatense.

Liderado por Gustavo Santaolalla y Juan Campodónico, guitarristas y productores del grupo, Bajofondo llegó por primera vez a Rosario en el marco de una gira nacional para presentar los temas de su último álbum, "Presente", en un teatro El Círculo a pleno. Y, se puede decir sin posibilidad de error, que el vivo es lo que mejor le sienta a este heterogéneo octeto. En el escenario se mueven como peces en el agua.

Explosivos, carismáticos y siempre bordeando la frontera entre lo genial y lo efectista, los Bajofondo supieron transmitir a puro sentimiento y talento esa mezcolanza musical que los identifica, una música sin género o, mejor, una música con muchos géneros incluidos. Aunque si prestamos atención, vemos que el tango de impronta piazzolleana y el rock son los motores del colectivo.

El recital arrancó tal cual empieza a girar el disco "Presente". La suave "Intro", a partir de los teclados y la guitarra, terminó explotando en menos de un minuto y medio en "Código de barra", con la agrupación a pleno. Un par de temas después, "Borges y Paraguay", del disco "Mar dulce" (2007), parece sintetizar uno de los perfiles melódicos de Bajofondo: el teclado entre melancólico y jazzero de Luciano Supervielle, la entrada abrupta y piazzolleana del bandoneón de Martín Ferrés y el canto agudo y valseado del violín de Javier Casalla. Pero esto no es todo, sino una arista del grupo. Porque después está el latido profundo del corazón de Bajofondo, cuya sangre es una interminable rave matizada con tango como en "Grand guignol" o "Fandango", o con una ranchera en "Segundos afuera", o con una especie de electro milonga en "Pa bailar", con la cual se invitó a bailar al público, o al final con "Los tangueros", donde el escenario se convirtió en una pista de baile compartida por músicos y una veintena de osados espectadores.

Los cruces ordenadamente anárquicos continuaron con "La trufa y el sifón", de lo mejor de la noche, con la guitarra de Campodónico entrando y saliendo del tema con un sonido noise al estilo del sónico Thurston Moore. Mucho más adelante en la noche se escuchó el paso de la electrónica al candombe en "Olvidate", con arenga murguera incluida, y antes sonó el pasaje de la milonga al hip hop en "Miles de pasajeros", con los más jóvenes del colectivo rapeando en escena, bajo la mirada divertida de Santaolalla.

También el formato canción tuvo su lugar en este debut rosarino de Bajofondo. La bella "El mareo" —que en "Mar dulce" Gustavo Cerati cantó junto a Santaolalla— esta vez brilló con el ex Arco Iris entonándola perfectamente. En "Circular" y "Lluvia" se intercalaron las voces de los dos guitarristas-productores de la banda, y en la electro milonga "Leonel, el feo" Santaolalla imitó la voz carrasposa de Daniel Melingo, autor del tema. Cuando las voces humanas estuvieron ausentes, las voces del violín y el bandoneón, al frente del grupo, siempre cantaron de la mejor manera. Encima, al fondo del escenario, las imágenes de video interactuaban con una música siempre a punto de estallar.

Para terminar podemos decir que Bajofondo es un producto que simula atrapar a partir de una belleza caótica, pero que en este punto nada es lo que parece, sino que todo, hasta el más mínimo detalle, está pensado de antemano. Por algo será que Santaolalla es desde hace mucho tiempo uno de los productores discográficos más codiciados de América.

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