Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, cree que el postulante oficialista Daniel Scioli deberá tomar distancia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner si quiere llegar al ballottage del 22 de noviembre con chances de ganar. “Un votante kirchnerista puro no tiene la opción de votar a Mauricio Macri. Aunque se aleje de Cristina, para el votante K Scioli siempre será el mal menor”, razona con pragmatismo.
El sociólogo y politólogo porteño, en diálogo con La Capital, dice que la gente se ha inclinado esta vez más a un cambio político que económico, y puso como ejemplo la victoria de la macrista María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, una de las clave que explica la buena performance electoral del candidato de Cambiemos. Además, definió al votante de Scioli como “racional” en contraposición al que lo hizo por Macri, a quien le atribuyó un componente más emotivo. “El entusiasmo de la gente era más visible en los votantes de Macri que en los de Scioli”, sostuvo Fraga.
—¿Cuáles fueron las razones por la que Argentina va un ballottage presidencial por primera vez en su historia entre Macri y Scioli?
—Que haya ballottage, quizás esté revelando que en la Argentina hoy no hay condiciones para el hiperpresidencialismo que dominó la política argentina con el menemismo primero y el kirchnerismo después durante el último cuarto de siglo. Posiblemente la sociedad hoy no quiere entregar el poder total a nadie. Ni las personalidades de los dos candidatos que competirán ni las condiciones políticas permiten un líder que concentre todo el poder y ello se refleja en que tenga lugar el primer bollattage de la historia.
—Scioli se jugaba todo a ganar en primera vuelta y al no poder lograrlo se palpa un clima de derrota. ¿Qué elementos políticos jugaron para que el candidato del FpV no consiguiera imponerse sin ir a segunda vuelta?
—Las causas políticas que impidieron a Scioli un mejor resultado fueron las tensiones constantes con el kirchnerismo que no le permitieron proyectar una imagen propia y la presencia de Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires y el alto rechazo que generaba en la opinión pública. Pero también se lo impidió que finalmente Macri logró cierta polarización, con lo cual aunque Scioli hubiera superado el 40%, no alcanzaba los 10 puntos de ventaja para impedir la segunda vuelta.
—¿Cree que el hecho de haberse ido de viaje en medio de las inundaciones o no ir al debate influyeron en el resultado de Scioli?
—Siguiendo con la “victoria-derrota” de Scioli — no hay que olvidar que en el promedio nacional quedó primero por más de dos puntos y que en la provincia de Buenos Aires sacó 5 más que Macri—, temas como el controvertido viaje a Italia y las inundaciones, quedaron atrás en el tiempo. Su ausencia en el debate puede haber influido más. Pero las causas decisivas posiblemente fueron las dos mencionadas anteriormente.
—¿Por qué definió usted que el voto racional fue a Scioli y el emocional a Macri?
—La actitud del votante de Scioli fue optar por lo conocido o votarlo para evitar perder lo que ganó en los últimos años. Ambas actitudes son racionales. El voto de los sectores populares por el oficialismo —una tendencia bastante generalizada en América latina— parte de una actitud racional, que es el razonamiento de que una alteración política puede afectar la situación de los más vulnerables. En cambio el voto por Macri fue más generado por el deseo, la esperanza o la ilusión de un cambio político. El entusiasmo de la gente era más visible en los votantes de Macri que en los de Scioli.
—¿Cree que a partir de ahora Scioli tiene que “descristinizar o deskirhnerizar” su campaña?
—Ahora el candidato oficialista tiene que salir a buscar votos que en la primera vuelta han votado por propuestas opositoras y en concreto el 21% que votó por Massa. Para conseguir estos votantes que serán la clave del resultado de la segunda vuelta, a Scioli le conviene más la lejanía que la proximidad de Cristina. Además, un votante kirchnerista “puro” no tiene la opción de votar a Macri. Aunque se aleje de Cristina, para el votante K Scioli siempre será el mal menor, aunque algún dirigente pueda tener una visión diferente.
—¿Por donde pasaron las claves de la remontada de Macri para forzar el ballottage?
—Lo interesante del incremento final de los votos de Macri es que Massa también aumento. No se dio lo que muchos esperaban, que era una polarización a favor de Macri a costa de Massa. La suma de Macri y Massa que en las Paso dio 51%, y en la última elección sumó 55%, subiendo ambos. Pareciera que los 4 puntos que sumó Macri los obtuvo de Stolbizer, Rodríguez Saá y el voto en blanco, que en los tres casos bajaron y lo hicieron 4 puntos en la suma. El concepto del voto útil funcionó, pero no a costa de Massa, sino de las fuerzas menores y el voto en blanco.
—¿Por qué todas las encuestadoras no pudieron advertir ese fenómeno? ¿Hubo voto vergonzante?
—Lo más interesantes de los sondeos es que las bocas de urna —que se realizan en base al voto ya emitido— daban resultados similares a las encuestas previas y que las primeras estimaciones de los dos comandos de campaña, realizadas ya con informes de fiscales y mesas testigos, eran coincidentes con los sondeos. Pienso que el fenómeno más difícil de prever fue que Vidal sacara en la provincia de Buenos Aires 7 puntos más que Macri para presidente en el mismo distrito. Volviendo a las encuestas, están en debate hoy en todo el mundo en cuanto a su precisión para anticipar resultados, como lo mostró la elección británica de mayo y la canadiense este mismo mes de octubre.
—¿Quien tiene mas posibilidades de “pescar” de los votantes de Massa, Rodríguez Saá, Stolbizer o la izquierda?
—La clave de la definición de la segunda vuelta será el 21% que votó por Massa. El voto de la izquierda en su mayoría seguirá la decisión partidaria de votar en blanco. Los votos de Stolbizer y Rodríguez Saá, sumados, son aproximadamente el 4%. Puede conjeturarse que los votantes de la primera estén más cerca de Macri. Pero la gran cuestión es el voto por Massa. Los dirigentes de este espacio comenzaron la semana con actitudes más cercanas a Macri, diciendo que no votarían por Scioli, pero hacia el fin de ella, volvieron a una postura más equidistante. Por su parte, Macri parece ir en búsqueda de los votantes, pero soslayando por ahora los dirigentes. Pero en tres semanas muchas cosas pueden pasar y será una campaña electoral muy intensa, aunque hoy claramente la expectativa de triunfo está de lado de Macri.
—¿Si Massa se inclina por Macri no se diluye su intención de comandar al peronismo junto a De la Sota si Cambiemos triunfa?
—Una de las causas que condicionan los movimientos de Massa y De la Sota frente a la segunda vuelta tiene como referencia la posibilidad de tomar el control del peronismo, como hizo Cafiero y la Renovación Peronista 28 años atrás, desde la disidencia. Massa intenta plantear posibilidad de acuerdo desde sus propuestas. Scioli le dio una primera respuesta asumiendo el pago del 82% móvil a los jubilados. El riesgo del espacio de Massa y De la Sota es que sus dirigentes comiencen a tomar partido por Scioli o Macri en forma individual y ya hay algunos casos al respecto.
—Antes de las elecciones primaba más la continuidad que el cambio. Hoy parece que la ecuación se invirtió. ¿Por qué?
—Desde la elección legislativa de 2013 siempre ha habido 4 sobre 10 que privilegiaban la continuidad y 6 que optaban por el cambio. La cuestión en discusión era y es qué tipo de cambio. En mi opinión, se ha votado por el cambio ante todo por lo político más que por lo económico. El ejemplo más acabado es el triunfo de María Eugenia Vidal sobre Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires, que posiblemente ha sido lo más relevante de la primera vuelta del 25 de octubre, aunque no implicó directamente a los candidatos presidenciales. Que Scioli haya ganado por 5 puntos la elección presidencial en la provincia de Buenos Aires y que Vidal lo haya hecho por 5 al mismo tiempo para gobernador, es una situación política singular.