En 1971 se estrenó “La Naranja Mecánica” de Stanley Kubrick, basada en la novela de Anthony Burgess (1962); una película que escandalizó por la ultraviolencia explícita en una sociedad tecnológica donde algunos inadaptados drogados perpetraban sucesivos crímenes particularmente brutales. En una de sus escenas más fuertes unos pandilleros drogados atacan a mansalva a un viejo vagabundo borracho mientras cantan en su derredor. El hecho era especialmente aberrante por la indefensión de la víctima y la fría crueldad de la agresión, perpetrada con el solo fin de una insana diversión. Con todo el horror implícito, aquella violencia inicua parecía muy lejana a los espectadores rosarinos de entonces. Cuarenta y tres años más tarde constatamos dolorosamente que la barbarie representada en aquella película ha sido superada en esta ciudad de Rosario. La edición de La Capital del pasado 20 de marzo informaba que Guillermo Soto, de unos sesenta años, víctima de por sí de la indigencia que lo llevó a vivir en las calles, fue agredido por un grupo de desalmados que prendieron fuego a sus ropas mientras estaba dormido. Con el 70% de su cuerpo quemado moría horas más tarde tras soportar espantosa agonía. El terrible momento, la inhumanidad de sus autores, la injusticia del fin de Guillermo, hablan por sí solos. Nada más queda por agregar a los sentimientos de quienes lean estas líneas. Se agotan los epítetos ante un salvajismo del que sólo son capaces seres humanos que parecen desprovistos de conciencia pero que increíblemente, la tienen. Debemos reflexionar profundamente en el espanto del destino de Guillermo Soto y la incalificable conducta de sus agresores. Todos deberíamos hacer penitencia pública como en tiempos bíblicos por permitir que un hecho así se diera entre nosotros. Cuenta la historia que aquél revolucionario de Mayo, Juan José Castelli, derrumbado por la enfermedad y la desilusión, se dirigió a un amigo con estas palabras “Si ves al futuro, dile que no venga”. La premonitoria y terrible escena de “La Naranja Mecánica” en aquel futuro deshumanizado, ha sido superada en nuestra Rosario del año 2015, lamentable y dolorosamente. No debemos silenciarlo sino actuar, en la medida adecuada las autoridades, las instituciones; cada uno de nosotros sabrá cómo. Pese a todo, no dejo de pensar que Guillermo Soto hubiera apreciado, mucho más, un plato de comida caliente y que alguien acompañara su soledad. Aunque sólo fuera por un rato.































