Una noche fría con cielo estrellado, una decena de disparos en dos secuencias
separadas por segundos y un grito que desgarró la calma de Deán Funes al 6700: "¡No, loco. Pará!".
Los vecinos aseguran que esas fueron las últimas tres palabras que dijo Juan Manuel Cecchini, antes
de ser ejecutado a sangre fría el lunes por la noche, en un sombrío episodio en el que los
investigadores advierten una venganza. La pregunta abierta es por qué. El hombre fallecido, de 32
años, estaba casado, tenía dos hijos menores y no contaba con prontuario. En el mismo incidente fue
herido un joven de 25 años, conocido de la víctima, quien recibió un balazo en la pierna
izquierda.
"Lo fueron a buscar. Lo fueron a buscar". Los vecinos de Deán Funes al 6700, en
barrio Godoy, dicen que eso gritaba entre sollozos la esposa de la víctima, que llegó a la escena
del crimen poco después de que su marido fuera ejecutado.
Los investigadores indicaron que el cuerpo tenía nueve orificios de bala y se
esperaba el informe preliminar de la autopsia para determinar cuántos correspondían a impactos
directos. En el lugar se secuestraron cuatro vainas de calibre 9 milímetros y tres plomos que
quedaron clavados en la tierra de la vereda. Fuentes allegadas a la causa, a cargo de la jueza de
Instrucción Roxana Bernardelli, se mostraron cautelosas al hablar de las hipótesis de la
investigación.
El trasfondo.Una de las de mayor peso es que se trató de un pase de factura por
"un utilitario que la víctima le vendió a su victimario y que estaba feo de papeles. Es decir que
tenía pedido de captura. Eso motivó el reclamo que terminó en un homicidio", confió un vocero
policial. Los pesquisas tienen en la mira a un hombre con antecedentes por delitos contra la
propiedad y que supo incursionar en el rubro de la compraventa de autos de procedencia
sospechosa.
Una historia oscura. Deán Funes al 6700, entre República del Salvador y
Provincias Unidas, en barrio Godoy, es una cuadra con casas de clase media bordeadas por zanjas. En
la esquina más transitada tiene una importante estación de servicios Shell. En ese lugar, el lunes
pasadas las 23 fue ejecutado Juan Manuel Cecchini. Su asesinato fue el último capítulo de una
seguidilla de sucesos poco claros.
Según se pudo reconstruir, el lunes a la noche Cecchini recibió un llamado
telefónico y se dirigió al bar y pool El Vago y la Vaga, que está a dos cuadras de su casa, en
Presidente Perón entre Campbell y Barra.
Cecchini fue al lugar acompañado por Fernando L., de 25 años, un amigo que, como
él, reside en barrio Villa Urquiza. Llegaron al bar en distintos vehículos: una pick up F-100 y un
auto Daewoo. Para los investigadores los dos eran propiedad de Cecchini y con uno de ellos tenía
previsto saldar una deuda.
"En el bar se encontraron con dos hombres. Hubo una discusión y uno de los
agresores sacó una 9 milímetros. A punta de pistola Cecchini y su amigo fueron sacados del pool",
relató un vocero.
El agresor y sus víctimas subieron al Daewoo. Al volante se sentó Fernando L., a
su lado Cecchini y en la parte trasera se sentó quien empuñaba la pistola. Su cómplice se subió a
la F-100 y los escoltó.
Los dos vehículos circularon por Presidente Perón en el sentido de circulación
hacia el oeste. A cinco cuadras del pool, el auto se salió de la avenida y tomó por Deán Funes.
Cuando el Daewoo gris cruzó Provincias Unidas, sucedió dentro del auto un forcejeo que obró de
condicionante para el desenlace de la historia.
"Hubo un forcejeo, el amigo de Cecchini aprovechó la confusión y salió el auto,
que quedó estacionado en plena calle a la altura del 6733, pero por la vereda de los pares", relató
un vocero. Los vecinos aseguran que detrás se detuvo la pick up. Todo sucedió frente al portón de
un depósito de aberturas que tiene un local de ventas sobre Provincias Unidas al 3800 y que cuenta
con una cámara de seguridad orientada hacia el lugar donde ocurrieron los hechos.
"Se escuchó una discusión áspera. Parecía que alguien quería sacar a otro del
interior de un auto", recordó una vecina. Faltaba poco para las 23. Luego se escucharon dos
secuencias de disparos: primero seis y segundos más tarde dos o tres más. Los investigadores no
descartaban la existencia de más de un tirador.
Secuencia final. "Fue como que lo remató en el piso. Eso comentó un hombre que
estaba esperando el colectivo y vio todo. El agresor le disparó y dejó al pibe tirado boca arriba
en la vereda. Después volvió y le tiró dos veces más", rememoró una vecina de la cuadra. Los
proyectiles impactaron en la cabeza, el tórax, el abdomen y las piernas de Cecchini, quien quedó
boca arriba y agonizante tirado sobre la tierra, entre la vereda de material y la zanja. Ayer, en
la calle aún podían verse vidrios de una ventanilla del Daewoo.
"Tenía estallado el vidrio del lado del conductor", recordó Diego, quien vive
con su esposa y sus cuatro hijos a unos dos metros de donde cayó muerto Cecchini. Al momento de la
agresión, en el lugar no había ningún colectivo en la punta de línea ni móviles policiales de los
que suelen hacer base en la Shell. A la 1.45, la pick up blanca de Cecchini fue hallada a pocas
cuadras del lugar del ataque, que en relación al móvil que manejan los pesquisas ostentó una
ferocidad incomprensible.