Felicito al lector Vercesi por su instructivo resumen acerca de los sistemas políticos y sus características más sobresalientes publicado en este espacio el viernes 28 del mes pasado con el cual, básicamente, coincido. Sin embargo, me permito disentir con ciertas afirmaciones no del todo exactas como, por ejemplo y en primera instancia, que el mercado, más que una organización, es un proceso por el cual los individuos asignan voluntariamente sus siempre escasos recursos de acuerdo con sus prioridades y a través de la información que suministran los precios. Es decir que podemos afirmar que el mercado está compuesto por millones de decisiones individuales de personas que intercambian bienes y servicios con el objeto de obtener la satisfacción de sus necesidades. El otro enfoque equivocado es atribuir la igualdad ante la ley y la de oportunidades al pensamiento socialista siendo que esos conceptos son bases morales sustentadas por el liberalismo y por las cuales se libraron arduas luchas contra todos los absolutismos de diversos orígenes que rigieron las sociedades humanas a lo largo de la historia. Los propulsores de una mayor intervención estatal van más allá y proponen una igualdad "equitativa" de oportunidades y para ello incursionan con diversas acciones directas promovidas por el Estado para conseguir una mayor aproximación a la igualdad de resultados. Es acá donde se comienza a discutir, de la misma forma que ocurre con las políticas económicas, hasta dónde se resigna la libertad de elección de los ciudadanos para usar sus ingresos en pos de una supuesta mayor equidad más independiente del origen social y de los recursos económicos pero también al mismo tiempo del tesón, talento y esfuerzo que desplieguen las personas. En este sentido, la crítica liberal está apuntada hacia la creciente apatía que se obtiene en sistemas que reducen la competencia y proponen igualdad de resultados entre personas que ponen en juego diferentes esfuerzos y/o capacidades desalentando así a los más emprendedores y reduciendo la eficiencia de la sociedad en la asignación de recursos. De cualquier forma, en una amplia mayoría de países democráticos ya no se discute qué le corresponde al Estado intervenir favoreciendo la instrucción pública, la salud, el acceso a la Justicia y otras necesidades básicas que, aunque puedan estar formalmente establecidas, estén fuera del alcance de una parte de la población debido a sus menores ingresos.



























