El pasado domingo se realizó la segunda emisión de algo que armó la corporación política para justificarse ante el reclamo de la falta de representatividad. Son tan grandes los dividendos que a las cúpulas partidarias proporciona (alguien debe llamar a las cosas por su nombre) el sistema representativo proporcional (la lista sábana) que han engendrado un entuerto como estas primarias. El ciudadano común no sólo no entiende para qué sirven, sino que está viciado de nulidad, al no cumplir con el único reclamo de la ciudadanía que es conocer y tener acceso a su representante. Escuché a los beneficiados por estas primarias y sólo pude imaginar a un humano mirándose en un espejo y con auriculares en los oídos, contentándose con su imagen y propia voz. Desde hace tiempo vengo reclamando la necesidad de abandonar este pernicioso sistema electoral y utilizar el sistema uninominal. Este es el único que garantiza que el elector puede conocer y tener acceso a su representante, por la obligación que tiene éste de pertenecer a su distrito, siendo además un sistema que permite implementar la caducidad del mandato (a través del referéndum) al individualizarlo ante sus electores. Aunque nuestros políticos no lo comprendan, con el avance tecnológico no estamos más en el trasero del mundo.
































