Los argentinos tenemos motivos más que suficientes para estar indignados y revelarnos revolucionaria y pacíficamente como hoy ocurre en otros países del mundo, España, Grecia, Israel, donde las injusticias y el dolor de millones de personas es algo casi increíble. Los pueblos se expresan masivamente contra sistemas político-económicos en decadencia, neoliberalismo, que poco o nada se interesan en distribuir con justicia las riquezas para que la vida y el bienestar de todos sea el bien supremo a defender. "Nunca fue tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero", dice el escritor francés Stephane Hessel, inspirador del movimiento antisistema español. ¡Qué gran verdad! Los argentinos deberíamos pasar a una protesta masiva, pacífica y transformadora ante tantas injusticias y desgracias que nos agobian. Corrupción, crímenes, desempleo, hambre (10 chicos mueren por día), injusticias, inseguridad y también, por qué no decirlo, falta de una auténtica reforma política que termine con tantos politicastros cuya única "vocación de servicio" es enriquecerse a cualquier precio. Los ejemplos abundan, los vemos a diario. ¿Por qué hay una Justicia tan decadente? ¿Por qué el cura Grassi, condenado a 15 años de presión por abuso sexual y corrupción de menores está en libertad? ¿Por qué la Ansés no paga a los jubilados sus reclamos judiciales y se gastan miles de millones en cualquier cosa menos en lo que es justo, humano y prioritario? Muchos, los pudientes, se han apoderado de lo que nos pertenece a todos. La distracción mediática, en especial la TV nos impide razonar y pensar en el bien común, nos idiotiza. Dice Hessel: "Apelemos a una insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que solo proponen a la juventud consumismo y violencia". Para pelear cada vez más por un mundo mejor. En ese camino recordemos e imitemos a Mandela, Luther King y Gandhi y sus mensajes de esperanza y lucha.


























