Hoy huelgan las palabras, el dolor las calla, no se puede expresar lo que se siente. Quienes no hemos sufrido daños directos sentimos profunda angustia, la del ciudadano que acompaña y que no encuentra respuestas a sus preguntas de ¿por qué? ¿Cómo suceden tragedias así? No se trata de desastres naturales impredecibles e inevitables. Detrás de todo esto hay responsables culposos, sin referirme solamente a quien actuó “in situ” en el momento de ocurrir la explosión. En Salta al 2100 queda un espacio vacío. En la sociedad queda dolor en el corazón por quienes perdieron la vida -sin tener que haberlas perdido-. Por la memoria de los muertos, por el dolor de sus familiares, por los heridos, por quienes quizás queden con secuelas, pido que la Justicia actúe con el rigor que amerita esta tragedia y que la sociedad espera. Que la prevención y responsabilidad de todos a quienes competen los controles, autorizaciones y manipulación de fluidos tan peligrosos como este no sea de ahora en más un mero papelerío burocrático. Que se produzcan cambios radicales manifestados en acciones concretas para que este desastre también sea un “nunca más”.






























