Todos los años la pirotecnia hace que la desesperación de los animales callejeros y domésticos se traduzca en mascotas comunitarias atropelladas, quemadas involuntaria y voluntariamente; perdidas tras la fuga, otras accidentadas al arrojarse de terrazas y balcones. Por esto, no los olvidemos a la hora de los festejos: que sea una Navidad más silenciosa pero solidaria pensando en el otro. Colóquenle en su collar una identificación telefónica. Que tengan un recipiente de agua renovada a diario en cada cuadra para soportar las altas temperaturas. Ofrézcanle un lugar fresco por lo menos los días más calurosos. Todo suma. No adopten solo para diversión de los pequeños en vacaciones y los abandonen al concluirlas. Las calles de Rosario y Funes están llenas de estos casos. En nombre de los "sin voz": gracias por considerarlos y ¡Feliz Navidad!





























