Es inadmisible el vandalismo de los grafiteros. Haciendo un paneo por la ciudad de Buenos Aires se observa en puertas de ingreso, mamposterías expuestas particulares y de organismos del Estado, formaciones de subtes y trenes. Las mismas agredidas por un sinnúmero de simbologías extrañas, casi diría caprichosamente vandálicas. En mérito de un orden social y no aportar más mugre al medio, sería importante castigar con penas en el supuesto de sorprenderlos in fraganti con multas, limpieza y pintada del frente ensuciado, eventualmente prisión domiciliaria para estos inadaptados sociales. Insisto en la necesidad de legislar al respecto para evitar que estos depredadores sigan violando la propiedad privada con la angustia y amargura de los ciudadanos que cumplen con sus impuestos y obligaciones, sobre todo personas mayores que ya no puedan pagar las mismas. Si el Estado o los municipios no pueden controlarlos que se hagan cargo de los gastos que las reparaciones demanden, confeccionar un registro de reincidentes para tareas comunitarias.





























