En cartas de los lectores del pasado del 3 de agosto, me detengo en la nota de Federico Fontana, "Lo contingente y necesario", citando a Parménides y una explicación sobre lo contingente. Pienso que todos estamos atentos a las contingencias que a cada paso nos sorprende la vida. En cuanto a Parménides de Enea, un filósofo griego del siglo V A.C., fue una persona abstracta y rigurosa, encontrándose entre los pensadores de alto rango y bien ubicados sobre los estadios de la cultura helénica. No obstante, contener sus proposiciones una trama rigurosamente lógica e impregnada de una fuerte conciencia constructiva, sus ideas nunca pudieron ser bien entendidas por filósofos de la talla de Aristóteles y Platón, e incluso por sus preferidos alumnos, Zenón y Meliso. Con su doctrina del ser y no ser, al final sus aseveraciones se pierden en afirmaciones y contradicciones, sin alcanzar un completo apoyo sobre el contenido de sus ideas. Parménides, al pensamiento puro lo denomina atributos y características del ser. Dice: "El ser es ajeno al devenir, inmutable, y, por tanto, imperecedero, completo y único, inconmovible, eterno, omnipresente, unitario, coherente, indivisible, homogéneo, ilimitado y concluso". Opinan los analistas filosóficos que todos los predicados de Parménides, afirmativos y negativos, resultan de una arcaica filosofía, producto de análisis y de severas presuposiciones implícitas. El rescate de Parménides es una acción limitada a las lagunas de nuestros conocimientos de lo que sólo podemos alcanzar someras conjeturas.





























