Un emprendedor y un estudiante de ingeniería electrónica porteños diseñaron y desarrollaron con una impresora de tres dimensiones una mano que ya utiliza un nene de la localidad bonaerense de Tres Algarrobos, en el partido de Carlos Tejedor.
“Ellos me ayudaron a mí a poder cumplir el sueño de mi hijo. El está feliz, está en la escuela. No para”, dijo emocionada Ivana, la mamá de Felipe Miranda, de 11 años. Es que gracias a esa prótesis el chico pudo volver a realizar muchas cosas que por su discapacidad había tenido que dejar de hacer.
La prótesis electrónica de polímero, que costará 2.000 pesos, reemplaza a otras que cuestan 40 mil dólares.
El emprendimiento se originó en enero, cuando Ivana pidió ayuda a Gino Tubaro, de 18 años, y Rodrigo Pérez Weiss, de 33, para fabricar una prótesis funcional para su hijo Felipe. A fines de abril, el chico ya la estaba utilizando.
Felipe nació sin dedos en su mano izquierda y gracias a su prótesis ahora puede pescar, agarrar un mate e incluso practicar para ir al arco en un picado entre amigos.
La mano se hizo con un proceso que convierte gráficos en tres dimensiones en objetos físicos.
Pérez Weiss abrió en agosto del año pasado el 3D Lab Fab&Cafe en el barrio porteño de Palermo, un espacio con impresoras 3D disponibles para que cualquiera pueda conocer cómo funcionan e incluso crear sus propios objetos o emplear diseños preexistentes en sitios web. Allí se proyectó y fabricó la mano de Felipe.
El prototipo inicial estuvo basado en uno de licencia abierta, cuyos planos estaban alojados en el sitio Thingiverse. De ahí que pudieron descargarlo, modificarlo y mejorarlo según su criterio. Luego de varias pruebas y pensar en los límites a la importación que rigen en la Argentina, determinaron que la llamada e-Nable hand (Cyborg Beast) era la indicada.
“Ahora, cada 48 o 72 horas podemos hacer una prótesis”, explicó Pérez Weiss.





























