"Ella lo mató porque siempre se quedaba callada". Esa combinación de maltrato
casi feroz y sumisión casi absoluta, definida por un familiar directo de uno de los protagonistas
de una de las tantas historias de violencia de género, estalló ayer al mediodía en una humilde casa
de villa La Lata cuando una mujer de 27 años asesinó de una puñalada en el pecho a su pareja en el
medio de una pelea en la que no hubo testigos. La muchacha, con lesiones en el rostro y heridas en
las piernas, fue detenida poco después por efectivos de la seccional 5ª, en el mismo lugar, y
admitió ser la responsable del crimen. "Lo hice para defenderme", les dijo a los uniformados antes
de ser encerrada en calidad de incomunicada en la alcaidía de Mujeres y acusada de homicidio.
En un segundo. "Fue como prender un encendedor y que todo explote de golpe", se
empeñaba en decir Gustavo mientras barría y juntaba hojas secas para quemarlas en el cordón de la
calle, justo en frente de la casa de su mamá, en Rueda 1417, casi esquina Corrientes, sobre lo que
sería uno de los vértices de La Lata. En el interior de esa vivienda de dos plantas a medio
construir sucedió todo. Sobre la fachada hay un cartelito prolijo con la numeración catastral y con
la leyenda "Flia. Cabral". Gustavo tenía ayer pocas ganas de hablar porque es hermano de Romina
Analía Cabral, la muchacha de 27 años que está imputada por el homicidio de su pareja, Juan
Olegario Fernández, con quien tenía una hija de cuatro años. "No sabemos nada porque estaban los
dos solitos", apuntó el muchacho.
De acuerdo a lo que pudieron reconstruir los investigadores de la seccional 5ª,
Romina y Juan estaban juntos hace al menos cinco años. La pareja vivía en el barrio Tío Rolo, en la
zona sur de la ciudad. Pero los dos se habían conocido en La Lata porque allí, aún en la
actualidad, viven sus respectivas familias. Ayer, después del mediodía, los dos habían llegado de
visita a la casa de la mamá de Romina. Y en un momento determinado se quedaron solos porque la
madre de la muchacha había concurrido a una iglesia del barrio.
Excusas. El motivo que desencadenó la tragedia no pudo ser precisado. Según lo
que contó la joven mujer a los policías, a las 12.30 "comenzó una de las habituales peleas de la
pareja. Cualquier tema era suficiente como para que él se pusiera violento", le oyeron decir a
Romina.
Desenlace. Entonces se iniciaron los forcejeos y los golpes. En el medio de la
paliza, la muchacha tomó un cuchillo con el que le asestó un puntazo a Fernández en el tórax. "Ella
dijo que agarró el puñal y tiró un facazo al boleo para defenderse, sin saber hacia donde
apuntaba", contó una fuente ligada a la investigación. Ya herido, Fernández huyó del lugar. Salió a
la calle y corrió hasta la casa de unos familiares, ubicada a unas tres cuadras, pero sobre el
pasaje Cuzco, una arteria que traza una diagonal entre Presidente Roca y Corrientes. Allí, una
hermana y un cuñado del hombre herido, lo cargaron en un coche y lo llevaron hasta el hospital
Clemente Alvarez. En ese nosocomio, la policía tomó conocimiento de lo que había ocurrido. Dos
horas después, Fernández falleció.
"Se les tomó declaración a los familiares de Fernández. Ellos narraron lo
ocurrido y lo que le habían escuchado decir al muchacho. Así se obtuvo el nombre de la mujer y se
montó un operativo de búsqueda en el que participaron efectivos de la seccional 5ª y de la
Inspección de Zona 3ª", manifestó una fuente policial. Romina aún continuaba en la casa de su madre
cuando llegaron los primeros uniformados a La Lata. "En ese momento vimos que una muchacha salía de
la casa, como si se fuera del lugar. Se la interceptó y una vez que dijo su nombre se la interrogó
por lo ocurrido. Al principio dio respuestas evasivas, pero enseguida se quebró y admitió su
responsabilidad. Pero dijo que lo hizo para defenderse porque estaba siendo agredida", consignó un
vocero.
La policía secuestró en la casa de Rueda al 1400 el arma supuestamente utilizada
en el crimen: una cuchilla con una hoja de 20 centímetros y un mango de 12 que estaba en la pileta
de la cocina. El puñal no tenía manchas de sangre a simple vista. Según los investigadores, Romina
relató que vivía un verdadero calvario con Fernández y que no podía exponer lo que sucedía porque
"era amenazada de muerte". El médico policial constató que la muchacha tenía marcas de golpes en el
rostro y en las piernas.
Con respecto al hombre fallecido, las fuentes consignaron que hasta principios
de febrero cumplía una condena por robo calificado en la cárcel de Piñero. Pero desde esa fecha
estaba considerado prófugo porque había quebrantado un régimen de salida transitoria. También que
arrastraba otras dos condenas por delitos contra las personas y la propiedad.
A cargo
Priscila tiene 4 años y es la hija de Romina y Juan. “Ahora lo único que
me interesa es la nena. Creo que me voy a tener que hacer cargo de ella. Por suerte no estaba con
ellos y no vio nada”, sostuvo ayer Gustavo, uno de los hermanos de Romina, mientras intentaba
hacer malabares para contener a su propia madre.