El cineasta mexicano Manolo Caro, reconocido por la hilarante serie “La casa de las flores”, se prueba en el drama con la miniserie “Alguien tiene que morir”, que retrata la violenta y represiva sociedad conservadora española durante el franquismo de los 50 con la que propone revisitar la historia “para no repetirla”
Ya disponible en la plataforma de Netflix y compuesta por tres episodios, la miniserie cuenta con un elenco de lujo encabezado por Carmen Maura, Ernesto Alterio y la más frecuente colaboradora del director, la también mexicana Cecilia Suárez, famosa en el mundo luego de interpretar a Paulina de la Mora, personaje al que le dio un acento que se popularizó en medio mundo.
Alguien tiene que morir | Tráiler oficial | Netflix
Ambientada en 1954, la trama inicia cuando Gregorio (Alterio) y Mina (Suárez) le piden a su hijo Gabino (Alejandro Speitzer) que regrese de México, donde vive desde hace una década.
Gregorio y su madre, la manipuladora Amparo (Maura), tienen todo diseñado para él: un matrimonio arreglado que los beneficiará política y económicamente, un trabajo en una fábrica y un lugar en la alta sociedad madrileña.
Sin embargo, Gabino tiene otros planes, y todos se llevan una sorpresa cuando regresa acompañado por Lázaro, un misterioso bailarín de ballet, encarnado por Isaac Hernández, primer bailarín del English National Ballet, en su primera incursión en la pequeña pantalla.
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Isaac Hernández, primer bailarín del English National Ballet en su debut en cine, junto a Alejandro Speitzer, como Lázaro y Gabino en una amistad cuestionada.
El prejuicio contra el extranjero y los rumores de que él y Gabino podrían ser mucho más que sólo amigos inicia un torbellino en el círculo de alta sociedad en el que se mueve la familia, especialmente en la prometida del chico y su hermano (con dos jóvenes intérpretes muy populares por su pasado en taquilleras series juveniles Ester Expósito en “Elite” y Carlos Cuevas en”Merlí”.
Los rumores llegarán incluso a oídos del poder, en una época en la que la condición sexual o ideológica de una persona eran motivos suficientes para la tortura, el encarcelamiento y la muerte.
Secretos sepultados en el pasado, extorsiones en nombre de “las buenas costumbres”, violencia machista y el doble estándar en términos de moral son algunos de los elementos que se suman a esta producción del también creador de “No sé si cortarme las venas o dejármelas largas” (2013) y “La vida inmoral de la pareja ideal” (2016).
La serie no solamente habla de la persecución a homosexuales, sino también de la opresión hacia la mujer y de los prejuicios La serie no solamente habla de la persecución a homosexuales, sino también de la opresión hacia la mujer y de los prejuicios
¿Cómo fue el cambio de clima entre “La casa de las flores” y esta serie? ¿Por qué decidiste alejarte de la comedia y entrar en esta trama tan oscura?
Lo que más me atrajo es hacer algo completamente diferente de lo que venía haciendo. Me dedico a hacer comedia, y he hecho comedia toda mi vida, y después del fenómeno de “La casa de las flores” de repente me dije que esto era una pauta para explorar nuevos géneros.
¿Fue sencilla esa transición?
Fue raro. Al principio estaba muy nervioso. Recuerdo que un día se me acercó Carmen Maura y me dijo “A ver, es lo mismo hacer drama que comedia, no te preocupes, tienes que hacerlo como lo haz hecho toda la vida y va a ir bien”. Y me dediqué a eso. Descubrí que es más divertido hacer dramas, porque con la comedia tenés mucho más en la cabeza el ritmo, y que tenga esta cadencia que tiene que tener, que es extenuante.
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Carmen Maura interpreta a Amparo, la matriarca de una familia de clase alta que hará todo lo necesario para conservar su lugar en la sociedad.
¿Los dramas no tienen también su propia cadencia, su propio ritmo?
Sí, pero es diferente. Creo que el drama se deja respirar más. Lo físico no es tan vertiginoso en el set. Con la comedia siento que llego cansadísimo a casa, y es porque tienes que estar alerta de que no se caiga en ningún momento el ritmo. Acá en el drama, tú lo puedes ir generando.
¿Cuánto sabías acerca del franquismo? ¿Tuviste que investigar sobre eso?
Sí, tuve que investigar, leer; tuvimos clases con una historiadora en el proceso de escritura. En lo que me he enfocado es en el franquismo como atmósfera, pero lo que mueve la serie es esta claustrofobia familiar y unos personajes que tienen que intentar salir con vida. Me sorprendía mucho que colegas españoles me decían que curiosamente de la persecución a homosexuales no se había hablado. Era importante hacerlo, y espero que hayamos estado a la altura.
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"La casa de las flores", la serie de tres temporadas protagonizada por Verónica Castro y Cecilia Suárez, lanzó la carrera internacional de Manolo Caro.
En un momento Mina dice “Si escapar de esto fuera tan fácil ya lo hubiera hecho hace tiempo”, una frase que es más fuerte porque justamente para muchas mujeres sigue siendo su realidad en 2020...
Así es, lo que me gusta de la serie es que no solamente habla de la persecución a homosexuales, sino varios frentes que se tienen que atacar. De opresión, que puede ser hacia la mujer, hacia una profesión como es el ballet, con los prejuicios que tiene, la persecución a homosexuales. Creo que hacemos entretenimiento, pero habla de un problema muy actual; pareciera que 1954 está muy lejos pero realmente está sucediendo en muchos hogares y si no lo visibilizamos, no lo ponemos sobre la mesa, es todo más difícil. Es importante que la ficción haga esto por la sociedad.
¿Es como un ejercicio de revisión a los ojos del presente?
Creo que la historia hay que revisitarla para no repetirla, mostrarla a las nuevas generaciones para que no haya posibilidad de que reincidamos. Si lo hacemos así es mejor para la sociedad, porque a veces es demasiado tarde. Los crímenes de odio siguen estando ahí, y no se erradican porque muchas veces ni siquiera se verbalizan.
Un elemento que explorás acá nuevamente, como ya lo habías hecho en “La casa?” es el contrapunto de ricos y pobres. ¿Qué aspecto es el que te interesa de ese tema?
Me gusta hablar sobre la doble moral, y cómo a veces estamos haciendo lo que la sociedad nos dicta o nos dice que está bien. En la cuestión de las clases sociales, el prejuicio tiene un gran peso en la convivencia, en las oportunidades y en el futuro inmediato de las personas.