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Lo persiguieron en moto, lo emboscaron y mataron a balazos

Es un joven de 25 años. Su cuñado también fue herido. Familiares le apuntan a una gavilla rival. Fuerte reclamo a la policía en el barrio

Domingo 09 de Febrero de 2014

Es un joven de 25 años. Su cuñado también fue herido. Familiares le apuntan a una gavilla rival. Fuerte reclamo a la policía en el barrio

lgraciarena@lacapital.com.ar

LA CAPITAL

Otra vez el rugido de motores y el estruendo de balazos mortales en Villa Gobernador Gálvez. Fue ayer a la madrugada, en Alem y Victoria, en el barrio La Paloma. Dos hombres que circulaban en moto fueron perseguidos, emboscados y baleados. Uno de ellos, Ezequiel Maximiliano Lovey, de 25 años, fue alcanzado por dos impactos y murió camino al Hospital Anselmo Gamen. El otro, Hernán Alfredo B., de 25 años, recibió un balazo en la espalda. Fue asistido en el "hospitalito", como se reconoce al Gamen, y antes de que la policía pudiera entrevistarlo se fue del lugar. Los parientes indicaron que es cuñado de la víctima fatal.

Ezequiel Lovey es la quinta persona asesinada en la ciudad en los 39 días que van del año. El muchacho, que tenía prontuario abierto, era tío de Kevin Lovey, un pibe de 13 años con un retraso madurativo importante asesinado en julio pasado de un balazo en la cabeza.

"Acá en el barrio ya no se puede más. A cualquier hora pasan las motos y tirotean. No importa a quién. Es como si fuera un juego endemoniado en el que salen a matar. Y puede ser para cualquiera. Las balas no reconocen prontuarios", explicó una doña en la esquina de Constitución y 12 de Octubre, a 50 metros de la casa del pibe muerto .

Careo a cielo abierto. La sensación térmica de los vecinos de La Paloma excedía a media mañana de ayer los 42 grados que indicaba la térmica ambiental. Y la temperatura aumentó cuando por 12 de Octubre, entre Alem y Constitución, se detuvo el móvil de la comisaría 29ª que buscaba testimonios para judicializar lo que en las veredas del barrio era vox populi.

Y así se generó el choque. Otra vez la versión oficial se vio confrontada con los reclamos de los parientes del asesinado. "Ustedes saben quién lo mató, vengan que yo les tomo declaración", dijo uno de los oficiales a los parientes. "Ustedes saben quiénes fueron y no hacen nada. Y a nosotros nos mataron un hijo", partió como respuesta desde la vereda, al otro lado de la zanja, desde el grupo de familiares de Ezequiel Lovey, entre los que estaba Marta, su mamá.

El patrullero actuó como imán y un vecino llegó con un puñado de vainas servidas calibre 9 milímetros que le mostró al vigilante, a la distancia. "Entréguemelas, así las aportamos a la causa", dijo el hombre de azul. "Yo a vos no te doy nada. Se las voy a dar a los policías de Rosario", respondió el hombre, que sólo aceptó abrir la mano al enterarse de que el cronista de La Capital no era policía y así se pudo fotografiar la palma de la mano con once vainas.

Las "verdades". "Lo que pasa es que esto fue una pelea entre cacos. Cosa de pandillas. Ellos saben quiénes fueron, pero no te lo van a decir porque buscan revancha", confió una fuente policial allegada a la pesquisa, en manos de la jueza de Instrucción Mónica Lamperti.

Los familiares, en tanto, contaron su verdad, en medio del dolor y la bronca. El 6 de octubre pasado la casa de los Lovey, en Constitución al 500, fue baleada. A los pocos minutos, a unas cuadras de ese lugar, tres menores fueron heridos de bala en un cumpleaños. Cuatro días más tarde efectivos de la 29ª allanaron la casa de los Lovey y se llevaron detenidos a cuatro familiares, entre ellos, la mamá de Ezequiel, e incautaron una tumbera y un revólver calibre 32. La versión oficial indicó que la policía buscaba a sospechosos del crimen del remisero Nicolás Julián Brolese, asesinado el 7 de octubre pasado.

"Nos hicieron responsables de lo que pasó en el cumpleaños, pero nada que ver. Las armas la teníamos para defendernos de los que nos balearon. Después llegó la policía e hizo cualquier cosa", indicó un pariente del pibe muerto.

A partir de ese día, la bronca entre los Lovey y una pandilla denominada "La Cortada" no sólo continuó, sino que se retroalimentó. Según la versión de la familia Lovey, brindada por uno de los seis hermanos del muchacho muerto, el viernes Ezequiel salió al filo de la medianoche con su cuñado en moto hasta una estación de servicios. Al regresar pasaron por las inmediaciones de Alvear y Fornieles, una de las paradas de la gavilla La Cortada, allegada al club Villa Gobernador Gálvez de barrio Paladini. Al reconocer a los forasteros, los de la banda tomaron sus motos y los persiguieron.

El final de esa persecución se dio en Alem y Victoria, donde fueron impactados. Los datos sobre la cantidad de agresores es confusa. Algunos de los vecinos dicen que hubo más de una moto y que participaron seis miembros de La Cortada. Los identificaron por sus apodos. Uno de ellos, "El Chisi", sería el ejecutor. Otro, "Dani", sería allegado a uno de los integrantes de la gavilla de barrio Las Flores, Los Cambichos o Chumbitas: "El Ranita".

Lo cierto es que, más allá del crimen de Ezequiel, la desconfianza reinante entre vecinos y policías conducen a que pesquisas como la que narra esta crónica se consuman en un circulo vicioso.

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