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Lo mataron de tres balazos cerca de su casa y por una supuesta confusión

Diego Ferreyra tenía 18 años y le dispararon desde una moto. Sus amigos dicen que lo ajusticiaron por error y la policía buscar al autor.  

Miércoles 24 de Julio de 2013

"Era un pibe sano, trabajador. Dicen que hubo un quilombo por un robo hace unos días, en otro barrio, y que vinieron a ajustar a alguien. Pero lo confundieron. El no tenía nada que ver". Así recordaba un amigo, ayer a la mañana, a Diego Ferreyra, un chico de 18 años asesinado de tres balazos mientras caminaba por una calle del barrio San Cayetano, en el extremo oeste de la ciudad. Hasta anoche no se sabía con certeza cuál podría haber sido el móvil del homicidio, más allá de que fuentes judiciales deslizaron que había un sospechoso identificado.

Ferreyra fue baleado alrededor de las 22.30 del lunes en el cruce de las calles Manuel González y Julio Vanzo, a unos metros de la casa donde vivía con su madre. Si bien de la escena del crimen se levantaron siete vainas calibre 22, el joven fue alcanzado por tres balas en el costado izquierdo de su cuerpo: una le impactó en la mano, otra en el muslo y la restante, que se presume fue la mortal, en la espalda.

Luego de la balacera un vecino le avisó rápidamente a una hermana de Diego que el chico había sido baleado y así la joven lo trasladó en un auto particular hasta el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Pero menos de una hora después, a las 23.15 según confirmaron fuentes policiales, Ferreyra murió en el centro de salud y con su muerte totalizaron 119 los homicidios cometidos en el departamento Rosario desde que comenzara este año.

Calles. La calle Manuel González corta la avenida Rivarola al 8000, en la zona oeste de la ciudad. Dos cuadras al norte hay una calle que en los planos oficiales se llama Julio Vanzo, aunque en los carteles indicadores todavía figura el nombre anterior: Pasaje 1731. En esa zona que bordea al barrio Godoy, casas de distintos planes de vivienda alternan con quintas que aún ocupan dos o tres manzanas y otros terrenos aprovechados como "plazas".

Bajo el sol del mediodía, ayer algunos chicos salían alborotados y bastante abrigados de la escuela primaria Nº 1.376 mientras que otros, un poco más grandes, le hacían frente al frío jugando un picadito de fútbol en la plaza de enfrente.

Diez horas antes, en esa misma cuadra del barrio al que algunos vecinos describieron como "tranquilo", al menos siete disparos rompieron la calma nocturna del lunes. "Se escucharon como diez tiros. No salimos porque pensamos que era ruido de las motos. Hacía mucho que no pasaba algo así, este es un barrio tranquilo, sobre todo desde que los pibes más bravos están todos presos", comentaba una joven vecina sobre lo ocurrido la noche anterior.

La muchacha comentó que a Ferreyra le decían Chulín y que solía juntarse con otros chicos del barrio "en la placita", incluso por las noches. Sin embargo, el frío nocturno del lunes había dejado la cuadra casi desierta.

Balas. "Ahí están las marcas, fueron siete balas calibre 22", señalaba un chico los círculos pintados con tiza en el asfalto, todavía dando cuenta de los lugares donde los investigadores policiales habían levantado pruebas la noche anterior.

"Arrancó acá y terminó ahí", comentaba otro describiendo un trayecto de no más de veinte metros a lo largo de los cuales se presume que Ferreyra fue baleado, al parecer desde una moto en movimiento.

"Salió a comprar cigarrillos y justo se paró a pedirle fuego a un compañero cuando apareció una moto CG Titán y le tiraron. Para mí que lo confundieron, porque este pibe no estaba metido en nada", contaba otro muchacho que se presentó como amigo de Diego.

"Hubo un quilombo por un robo en un quiosco de drogas hace unos días, la semana pasada o la anterior, en otro barrio. Parece que vinieron a cobrarse eso y lo terminaron matando a él", aportaba otro chico, que también ubicó en torno a la escena del crimen a un automóvil, probablemente un Chevrolet color gris.

Sin razón. Con sus miradas alternando entre el piso y la nada, los amigos de Diego lo describieron como un pibe "sano y trabajador", al que "le gustaba vestirse bien". Y comentaron que hacía changas, aunque también "estaba haciendo un curso para conseguir otro laburo".

"No entendemos lo que pasó, por qué lo mataron con tanta saña. Si se hubiera tratado de un ladrón tampoco habría estado bien que lo mataran, pero por lo menos se entendería, habría una causa. Pero esto es una locura", dijo otro chico tratando de ponerle palabras a su estupor.

El homicidio de Ferreyra es investigado por la comisaría 32ª del barrio Godoy, a las órdenes del juzgado de Instrucción Nº 7 que conduce Juan Andrés Donnola.

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